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Diarmaid MacCulloch, historiador: "No existe una enseñanza uniforme sobre sexualidad en la historia de la cristiandad"

«Si hablamos de Iglesia y sexualidad, nos encontramos ante un conflicto permanente que a veces se lleva de manera muy emocional, desde la práctica del “amor libre”, pasando por la controversia sobre la píldora y la anticoncepción, hasta el debate sobre las causas del abuso sexual por parte de clérigos, religiosos y personal eclesiástico.»

Libro de Mccculloh

El viernes 20 de febrero se ha puesto a la venta la traducción al alemán del libro Lower than the Angels: A History of Sex and Christianity (Más bajo que los ángeles. Historia del sexo y el cristianismo) del historiador británico Diarmaid MacCulloch (1950- ), publicado originalmente en el año 2024. En España el sello Debate del grupo editorial Penguin Random House ya ha publicado en el año 2011 del mismo autor su monumental Historia de la cristiandad (A History of Christianity: The First Three Thousand Years, 2009), pero esta importante y reveladora obra sobre la historia sexual del cristianismo todavía no cuenta con una versión en español.

Tenemos un antecedente con la Historia sexual del cristianismo (Editorial Yalde, 1993) del historiador y ensayista alemán Karlheinz Deschner (1924-2014), el cual, si bien contiene abundante y erudita información, está lastrado por un marcado sesgo anticatólico. Aún así, es un libro valioso a tener en cuenta.

Libro de Macculloh

La perspectiva de MacCulloch es más amigable, pero está lejos de ser dogmática y complaciente. Con una erudición admirable, presenta objetivamente y con un lenguaje ágil y divertido las contradicciones que ha tenido la cristiandad respecto a la sexualidad en sus más de dos mil años de existencia.

Pues si hablamos de Iglesia y sexualidad, nos encontramos ante un conflicto permanente que a veces se lleva de manera muy emocional, desde la práctica del “amor libre”, pasando por la controversia sobre la píldora y la anticoncepción, hasta el debate sobre las causas del abuso sexual por parte de clérigos, religiosos y personal eclesiástico. Sexualidad, sociedad e Iglesia mantienen hasta hoy una relación triangular altamente problemática.

Ante este trasfondo, Diarmaid MacCulloch quiere animar a una nueva mirada sobre el tema. El profesor emérito de Historia de la Iglesia en la Universidad de Oxford, diácono de la Iglesia de Inglaterra y homosexual declarado, muestra en su libro claros senderos a través de más de 2.000 años de debate entre cristianos sobre la sexualidad, el género y la familia.

Su conclusión es que no ha existido ni existe una doctrina cristiana unificada sobre la sexualidad. Más bien, se encuentra una multitud de enseñanzas que en parte se contradicen fuertemente entre sí. Por eso, MacCulloch se dirige con advertencias a los supuestos guardianes de una doctrina “verdadera”. Los autoproclamados tradicionalistas suelen saber muy poco sobre las tradiciones que defienden.

Magdalena arrepentida

En palabras del autor, el cristianismo —como todas las religiones mundiales que han tenido éxito— es una “fe camaleónica”, notable por su capacidad de reinventarse en tiempos cambiantes. Que el conflicto sobre la sexualidad se haya llevado con tanta acrimonia en las últimas décadas se debe, según MacCulloch, a la revolución sexual mundial, en la que la Iglesia tuvo que aceptar una dramática pérdida de poder. El sexo y el género han sido instrumentalizados en los conflictos internos de la Iglesia en el último medio siglo de manera más intensa que en cualquier otro momento de la historia de la Iglesia, escribe. Antes, los cristianos discutían sobre la esencia de la Trinidad, las vías de salvación o la Eucaristía. Hoy en día, el conflicto sobre la moral sexual y la identidad sexual divide a los creyentes entre sí.

¿Y qué de la homosexualidad? En opinión del autor, las posiciones enfrentadas sólo pueden apelar a la Biblia de manera muy limitada. MacCulloch enfatiza que Jesús y sus discípulos ni siquiera se preocuparon por cuestiones de sexualidad, mucho menos sobre la homosexualidad. Lo único que se formula claramente es el no al divorcio. Sin embargo, ya Pablo relativizó parcialmente la exigencia de Jesús de que el matrimonio no debía disolverse, mediante una excepción que se conoce como el privilegio paulino.

Que la Sagrada Escritura no haga declaraciones claras sobre la sexualidad no es, desde la perspectiva del autor, un gran problema: históricamente, la Iglesia ha tratado las cuestiones de moral sexual no mediante la interpretación de textos bíblicos, sino recurriendo al derecho natural.

Quien quiera acercarse desde una perspectiva histórica a la actitud de las Iglesias hacia la sexualidad y la familia debe, según el autor, ocuparse primero del judaísmo y de la cultura grecorromana. Las respuestas que los cristianos extrajeron de ello fueron polifónicas. Está claro que las voces que valoraban especialmente la abstinencia sexual y la virginidad como ideales superiores al matrimonio se hicieron particularmente fuertes.

Gregorio VII

Al mismo tiempo, MacCulloch se opone a la teoría de que en el primer milenio del cristianismo existiera algo así como un matrimonio cristiano uniformemente definido. Solo a partir del siglo XI, la Iglesia reclamó cada vez más influencia en diversos ámbitos de la vida privada. “Hasta entonces, una pareja podía casarse cuando quisiera. La promesa oral de matrimonio solo tenía que sellarse mediante el acto sexual”, explica el historiador de la Iglesia.

A partir de finales del siglo XII, con el papa Gregorio VII, el matrimonio eclesial-sacramental se convirtió en la norma obligatoria, lo que permitió al papa ejercer una gran influencia sobre la nobleza mediante su política matrimonial. Cada vez más, incluso el acto sexual conyugal fue estigmatizado como pecaminoso. Que la Reforma del siglo XVI rechazara el celibato y valorara la sexualidad en el matrimonio llevó, por el lado católico, a un mayor endurecimiento de su moral sexual.

A partir del siglo XVIII se produjo una lenta privatización de las decisiones vitales, incluidas las relaciones sexuales. Además, las mujeres ganaron gradualmente influencia. Un desarrollo que colocó cada vez más a las Iglesias cristianas a la defensiva.

Los cristianos apenas están comenzando a discutir de nuevo el tema de la sexualidad en el mundo moderno, escribe MacCulloch. Exhorta a las Iglesias y a la teología a discutir las cuestiones morales “mediante una consideración más flexible y creativa del derecho natural”. Para ello, deben tener en cuenta los conocimientos científicos actuales sobre el comportamiento y la biología humana. Son argumentos válidos que abogan a favor de una urgente reforma de la moral sexual cristiana, y católica en particular.

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