Devolver a Dios a las escuelas
La Patria Milagro, la orientación sexual y la identidad de género
Dentro de pocos días, 4 de agosto, se cumplirán doce años de la muerte trágica de Sergio David Urrego Reyes, un adolescente de 16 años, estudiante del Gimnasio Castillo Campestre de Bogotá; momentos antes de suicidarse, Sergio dejó algunas cartas para su familia y en ellas quedó claro que en su decisión tuvo mucho que ver la discriminación y el bullying que sufría en su colegio debido a su orientación sexual...
Después de muchas batallas legales, la familia Urrego Reyes y organizaciones de derechos humanos, lograron la Sentencia T-478 de 2015, llamada también “Sentencia Sergio Urrego”, en la que la Corte Constitucional determina, entre otras cosas, la obligación de las escuelas a garantizar el respeto a la orientación sexual e identidad de género de los estudiantes.Muchos dicen que este tipo de leyes, por "no respetar la moral y las buenas costumbres”, fueron las que sacaron a Dios de las escuelas y que ahora, para salvar la patria, hay que devolverlo, traerlo de regreso a ellas. ¿De qué Dios siguen hablando?
Cada vez que hemos cedido a la tentación de “llevar a Dios” como en los tiempos de las cruzadas, de la inquisición, de los “caudillos cristianísimos”, hemos visto el infierno en la tierra
Nos interesamos por la diversidad sexual porque somos cristianos, no a pesar de ser cristianos;
Dentro de pocos días, 4 de agosto, se cumplirán doce años de la muerte trágica de Sergio David Urrego Reyes, un adolescente de 16 años, estudiante del Gimnasio Castillo Campestre de Bogotá; momentos antes de suicidarse, Sergio dejó algunas cartas para su familia y en ellas quedó claro que en su decisión tuvo mucho que ver la discriminación y el bullying que sufría en su colegio debido a su orientación sexual; los hechos se desencadenaron cuando uno de los docentes hizo pública una foto en la que se revelaban manifestaciones de afecto entre él y uno de sus compañeros.
“Hoy espero lean las palabras de un muerto que siempre estuvo muerto”, escribió en una de las cartas; en los días previos, en un foro internet, Ask.fm, manifestaba también: “Considero el suicidio como uno de los actos más valientes que puede llegar a cometer el ser humano y la única salida que existe de un infierno terrenal”. Sergio vivía pues una situación de muerte, de infierno, y eso se había vuelto la escuela para él; allí, en esa escuela y en las otras que defienden rigorosamente y en modo fariseo “la moral y las buenas costumbres”, muchos decían que “estaba Dios”. ¿De qué Dios hablaban?
Después de muchas batallas legales, la familia Urrego Reyes y organizaciones de derechos humanos, lograron la Sentencia T-478 de 2015, llamada también “Sentencia Sergio Urrego”, en la que la Corte Constitucional determina, entre otras cosas, la obligación de las escuelas a garantizar el respeto a la orientación sexual e identidad de género de los estudiantes.Muchos dicen que este tipo de leyes, por "no respetar la moral y las buenas costumbres”, fueron las que sacaron a Dios de las escuelas y que ahora, para salvar la patria, hay que devolverlo, traerlo de regreso a ellas. ¿De qué Dios siguen hablando? ¿un Dios que para estar a gusto con sus adoradores ocasiona situaciones de muerte e infierno como las que empujaron a Sergio al suicidio?
¡Devolver a Dios a las escuelas! La expresión suena a tragedia griega, al “deus ex machina”, de Sófocles, Esquilo, Eurípides y otros: cuando el argumento precisaba a uno de los dioses para que interviniera en el drama, pues sencillamente se hacía bajar mecánicamente al escenario por medio de una grúa, y una vez allí, tal cual lo habían deseado, satisfacía las necesidades de los que lo habían traído. Un dios al que hay que llevar, devolver, traer, poner en escena, pierde la mayúscula, es ya otro de los tantos dioses, es un ídolo, un tapa huecos, una divinidad a la carta; esto de “devolver a Dios” es pues puro teatro, aquí no estamos hablando del Dios de la revelación bíblica; el mismo que ponía en éxtasis a los creyentes y los hacía exclamar: “Si escalo los cielos allí estás, si me acuesto entre los muertos allí también estás” (Salmo 139, 8); “Los cielos y los cielos de los cielos no pueden contenerte” (1Reyes 8, 27); el Dios del que la fe escuchaba decir: “¿acaso no lleno yo el cielo y la tierra?” (Jeremías 23, 24).
Según los profetas de Israel, lo que caracteriza a los ídolos es que son llevados, o traídos o devueltos, por los que los hacen, por los que “confían” en ellos; así los describe Jeremías: “Van al bosque, cortan un tronco, y un artesano le va dando forma. Otros lo adornan con oro y plata, y lo aseguran con clavos y martillo para que no se caiga. Esos ídolos no pueden hablar; ¡parecen espantapájaros en un campo sembrado de melones! Tienen que llevarlos porque no pueden caminar, así que no los adoren; ellos no los pueden salvar” (Jeremías 10, 3-5). Isaías se ríe de todo ese espectáculo: “Sus ídolos son puestos sobre bestias de carga, sus objetos sagrados son un peso para las bestias cansadas, se desploman y se caen junto con éstas, incapaces de salvar a los que los transportan; ellos también van al cautiverio” (Isaías 46,1-2). Y Baruc es quizás el más duro: “Como en realidad no tienen pies, tienen que ser llevados a hombros, mostrando a los hombres su vergüenza. Y los mismos que les dan culto se llenan de vergüenza cuando ven que, si un ídolo se cae, ellos tienen que levantarlo. Si lo dejan de pie, no puede moverse por sí mismo, y si se ladea, no puede enderezarse.Llevarles ofrendas a ellos es como llevar ofrendas a los muertos” (Baruc 6, 25-26).
Dicen pues ahora nuestros teócratas que “vamos a llevar a Dios a las escuelas”, que “a devolverlo allí de donde lo sacaron”; sólo los ídolos se traen ex machina, sólo los ídolos se portan en andas, y los ídolos, aquí está el horror: una vez en su pedestal, siempre exigen sangre, víctimas humanas. Inquieta ese dios en la maquinaria del estado y a hombros de la Patria Milagro: cada vez que hemos cedido a la tentación de “llevar a Dios” como en los tiempos de las cruzadas, de la inquisición, de los “caudillos cristianísimos”, hemos visto el infierno en la tierra; “llevar a Dios a las escuelas” puede resultar la muerte que empujó a Sergio David al suicidio. No más muertos que siempre estuvieron muertos, no más infierno en la tierra a nombre de Dios.
Dios está presente en todas partes, no hay que llevarlo, y está presente como kenosis, vacío de amor, y porque vacío en Él caben todos, todos dentro de Él, ninguno fuera; Dios no establece leyes que separan y excluyen, Él mismo, hecho carne, se deja ver con gente de mala fama y mal vista por la religión; está crucificado, no hace muros de odios, los tumba. La sentencia Sergio Urrego, T-478 de 2015 y con ella otros actos legislativos en esa dirección, nunca sacó a Dios de las escuelas; por el contrario, sin decir “Señor, Señor” (Mateo 7, 21) lo reconoció en las aulas, en los crucificados lgbtiq+, nos hizo mejores adoradores del Dios que conocimos en Jesucristo. Ante este dios ex machina, ante este ídolo cargado por los que quieren “refundar” el país, no queda sino orar como el místico maestro Eckhart: “Por eso ruego a Dios que me libre de mi dios”.
Nota: Según Caribe Afirmativo, en su informe sobre los derechos humanos de las personas lgbtiq+ en Colombia, durante el año 2025, una persona lgbtiq+ fue asesinada en promedio cada 32 horas; lo que quiere decir que en este país “cristiano” casi todos los días del año hay un homicidio por homofobia. Mientras tanto la discriminación, el bullying y el acoso contra estudiantes lesbianas, gays, bisexuales, transgénero e intersexuales, sigue presente en las instituciones educativas; según Proyecto Trevor, jóvenes lgbtiq+ tienen tres veces más probabilidades de considerar el suicidio y cuatro veces más probabilidades de intentarlo que sus coetáneos heterosexuales y cisgénero. Una clave cierta para dar con las huellas de Dios es seguir las pistas del sufrimiento y la muerte de las personas; así que nos interesamos por la diversidad sexual porque somos cristianos, no a pesar de ser cristianos; no hay que llevar a Dios a las escuelas, Él nos espera en ellas, allí están sus hijos, hijas e hijes- crucificados, en ellos, ellas y elles es densa su presencia.