Gol de media cancha
Queremos ayudar a la gente, y a veces hay éxito
"Dios te bendiga y te engrandesca. Y a tús hijos y nietos. Que haya hombres y mujeres de corazón Bueno que escuchen la necesidad de los más humildes. Usted no me pidió ni un céntimo por eso le agradezco. A diferencia de los abogados ingenieros en agricultura que solo necesitaban dinero. Por eso no me olvidaré”.
A veces cantamos bingo. Se dan varias circunstancias favorables: buscamos hacer un bien, contamos con los recursos humanos y materiales necesarios, y además acertamos en tácticas y procedimientos; y a la vez las personas toman la iniciativa y se dejan ayudar, cosa que no es evidente. Resultado: situación resuelta, cien puntos en la diana, servicio cumplido y agradecimiento en ristre. Y hay que disfrutarlo.
A la Oficina de Defensa de la Vida y la Cultura del Vicariato vinieron desde el medio Yavarí, de una comunidad nativa llamada Limonero. Conozco bien esa zona: alejada a dos días de navegación desde Islandia, bastante desolada, perfecto escondite para los narcos, fuera ya del alcance de operadores turísticos, ejército, policía y demás eventuales transeúntes.
Una tierra de nadie justamente con ese problema endémico: no ser de nadie y por tanto poder ser del primer listo que se presente, o bien presa de los mafiosos traficantes de terrenos. Las comunidades batallan a veces años y no logran la titulación de sus territorios. Sus autoridades se fatigan, acuden una y otra vez a organismos y oficinas gastando fortunas en pasajes, coimean por acá y por allá con la esperanza de que les den sus títulos de propiedad… y nada.
La dra. Jaqueline, abogada de la Oficina, está disponible para una labor de asesoría, información y acompañamiento en estos laberintos administrativos a menudo indescifrables que son las instituciones públicas peruanas. Así ayudó a los de Limonero y las comunidades aledañas a lograr sus títulos; en unos casos tierras indígenas indivisibles, en otros, predios de comunidades campesinas.
La semana pasada, en una reunión con la Oficina, Jackie leyó los whatsapps que le habían enviado para darle las gracias después de semejante éxito. No requieren muchos comentarios:
“Buenas tardes. Dra me dirijo esta tarde para saludarle y agradecerle por la voluntad de escuchar las necesidades de los pueblos del Yavarí y por tener en su corazón a Dios y ayudarme en mi momento de necesidad ya estamos agradecidos contentos”.
(La transcripción es literal, copia-pega, por eso hay faltas de puntuación o de ortografía. Disculpen).
“La muestra de su apoyo está aquí”: (y envía los PDF con los flamantes títulos de propiedad escaneados). Evidencias y orgullo. Sonrisas y satisfacción. Algunos días más tarde, este mismo apu (autoridad tradicional indígena) contactó de nuevo a la doctora, después de que ella le había respondido:
“Muy buenos días hermana. Gracias por responder. Habrá un momento que vendré con los apus de las comunidades y vamos a visitarle.
Yo me fui a Yavarí, regresé de nuevo. Y hoy estoy viajando porque mi pasaje ya estaba comprado y espero vernos pronto.
Dios te bendiga y te engrandesca. Y a tús hijos y nietos. Que haya hombres y mujeres de corazón Bueno que escuchen la necesidad de los más humildes”.
“Usted no me pidió ni un céntimo por eso le agradezco. A diferencia de los abogados ingenieros en agricultura que solo necesitaban dinero. Por eso no me olvidaré”.
En resumidas cuentas: gol de media cancha. El Wikcionario lo define como “En América, acto o dicho que le reporta un enorme beneficio o ventaja a quien lo ejecuta”. En este caso, a todos: las comunidades y el Vicariato. Ellos felices, dueños de su terruño; nosotros ufanos por haber colaborado con eficacia y prestancia. Carambola a tres bandas. Triunfo rotundo. La gente, cuando quiere y se organiza, es imparable. Y nosotros afortunados de dar una mano y contemplar sus logros.