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Las horas vivas

Este año los mejores ratos de las visitas están siendo con los misioneros

Momentos de descanso y ligereza, de estar juntos simplemente, dejando caer los roles y cultivando la confianza. Tiempos sencillos y espontáneos de familiaridad alegre en los que convivir, contar anécdotas, reír... Creo que es también labor del pastor propiciar eso.

Con las EMJ de San Pablo, río Amazonas | Esclavas Misioneras de Jesús

Entre los momentos más bonitos de las visitas a los puestos de misión están, sin duda ninguna, los tiempos sencillos y espontáneos compartidos con los misioneros. Por supuesto que el propósito es encontrarme con todo el pueblo de Dios en cada lugar, pero este año estoy disfrutando particularmente de la relación fraterna con mis compañeros y compañeras.

Ya sea porque la gente me tiene muy visto (llevo desde 2020 visitando todos y cada uno de los puestos de misión, y algunos varias veces al año), o porque eso de administrador apostólico no lo entiende casi nadies, el caso es que a menudo mi llegada no despierta pasión de multitudes precisamente. Desde luego lo comprendo, y en todo caso alivia mi timidez.

Las reuniones con los consejos de pastoral, catequistas, adultos o jóvenes han adquirido una pátina de saludable recurrencia. Nos conocemos sobradamente, hay menos novedad, y más bien en este cuarto año de plan pastoral se trata de persistir y profundizar en lo ya emprendido. Eso hace que todo me sepa más relajado y ligero.

No hay informe con sugerencias para el equipo misionero, como las primeras veces. Sí reuniones y conversaciones, pero menos formales. A estas alturas domino bien la cancha, voy aprendiendo a leer entre líneas y a hacer rendir la intuición. La convivencia es más llana, adornada con la naturalidad que da la costumbre. Es cierto que soy la máxima autoridad y los años anteriores no era así, pero me ayuda no ser obispo (que es lo que todo el mundo sí entiende) y que se sabe que este servicio es provisional.

En resumidas cuentas: vuelan muchas más risas. Las acostumbradas bromas salpican de humor diálogos y encuentros, y yo lo vivo con la sensación grata de un viajero que regresa a un paraje querido. Porque casi con cada grupo hay códigos para molestar ya clásicos, y modalidades de divertirse conmigo repetidas y afinadas en el tiempo. Es un vacilón.

La familiaridad alegre pasa en buena parte a través de la comida. Es un lenguaje de acogida y reconocimiento, te agasajan con lo mejor que tienen y saben preparar. Los viajes parecen pequeños itinerarios gastronómicos internacionales, porque los misioneros del Vicariato somos de once nacionalidades. Entonces disfruto de tacos y quesadillas mexicanos, carne con aderezo picante de la India, poutine canadiense, churrasco brasilero, sancocho de Colombia, alfajores argentinos, ceviche típico peruano, y, por supuesto, tortilla española. A veces la preparo yo, en un intento de corresponder alguito a esos cariños.

Mención aparte merecen el tequila, la caipirinha y el vodka de Polonia, que hacen que las carcajadas retumben más francas y cantarinas. Se cuentan anécdotas de la misión, caídas al barro, aquel día que hacía un calor que casi nos acaba, o cuando pusieron de comer mono, o el bote se malogró, o la lluvia nos agarró y nos empapamos, o en tal comunidad nos machacaron los ysangos…

Chismeamos, criticamos y nos metemos con este o con aquella en plan gracioso, solo para esparcirnos sanamente. A veces hay noticias en la tele o una película nocturna, con sus piqueos; o también paseo, salir juntos a caminar o a almorzar. Momentos de descanso, de estar juntos simplemente, dejando caer los roles y cultivando la confianza. Creo que al pastor le toca propiciar también eso.

Son, en hermosa expresión de Khalil Gibran, las “horas vivas”:

"No busquen a su amigo para matar el tiempo. Búsquenlo siempre para las horas vivas".*

Así fluye entre nosotros, a pesar de las dificultades, los desacuerdos y los problemas, que haberlos haylos. Aunque noto vínculos más estrechos que otros, toda esa experiencia tiene que ver con la amistad. Definitivamente, este año peculiar para mí los mejores ratos están siendo con los misioneros. Y vaya si estoy disfrutando.

* En su obra El Profeta (1923).

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