Hazte socio/a
Última hora
Homenaje póstumo a Mino Cerezo

Misioneros auténticos

Instantánea de un diálogo espiritual entre dos tan diferentes y tan iguales como gotas de agua

Son personas orantes, lo sé muy bien. Dedican diariamente espacios al encuentro con Diosito. Solo puede haber equipos de vida y acción con esa condición. La misión es finalmente mística. Sin contemplación no hay discernimiento, y sin discernimiento las personas formamos agregados meramente funcionales, y las tareas quedan desfiguradas en trabajos a secas. Pero no hay misión, y por tanto es muy posible que no se den frutos, y sí burnout, frustración y relaciones desgastadas y malogradas.

Fernando Flórez y Yanabel Fernández | César Caro

Era una noche de agosto pasado, tal vez el día que regresamos de Indiana del taller de sinodalidad-reconciliadora. Me iba a la casa a dormir cuando vi luz en la maloka cercana y pensé que seguramente estaba Fernando mambeando, como suele hacer. Me acerqué a saludar, me encontré con esta estampa y no pude evitar tomar la foto.

Después la he enviado, ha dado algunas vueltas, hemos bromeado… pero quedó en mi retina como una veta de contemplación de la vida misionera y de lo que significa e implica lograr trabajar juntos, siendo a veces tan distintos.

De hecho, las diferencias son evidentes. Uno, enamorado de la cultura murui, dedica un tiempo al final de cada jornada a conectarse con Dios y con los demás a través de la coca y el tabaco, plantas sagradas. Colocado en la postura tradicional y medio calato, es un indígena genuino, un misionero que vive muy profundamente la inculturación (aunque él me rebatiría esto) y la interculturalidad.

La otra, Yanabel, vestida de arriba abajo con riguroso hábito de mangas largas y medias en este clima ardiente, es una enfermera servidora de los más vulnerables en un hospital en medio de la selva. Dedica horas sin cuento, llega tarde a almorzar, la llaman en la noche. Y aunque no es de fierro, suele exhibir esa sonrisa serena.

Son como dos gotas de agua, en expresión de Wislawa Szymborska: únicos y diferentes, pero a la vez tan similares. En su centro, en la sede de las motivaciones y deseos que los mueven, está Jesús y su Reino, no me cabe duda. He sido testigo de encrucijadas vitales en las que se han mostrado totalmente disponibles al querer de Dios, al servicio de la comunidad; son libres de posibles intereses personales para entregarse a un proyecto mayor.

Los dos son religiososcon votos de obediencia, pobreza y castidad: misionero de la Consolata e Hija de San Camilo respectivamente. Fueron formados en sus instituciones, ellos de estilo abierto y amplios horizontes misioneros, de mucha fraternidad y flexibilidad; ellas fuertes, de gran radicalidad en sus compromisos comunitarios, empeñadas en cuidar su vida espiritual, pero a la vez expertas en ternura para con los enfermos.

Ambos buscan el diálogo, escuchar, ser comprendidos. Parece que Yanabel se pegó una buena parrafada, necesitaba desahogarse, expresar lo que sentía. Seguro que Fernando le ofreció consejos para caminar por la senda del bien, del respeto al otro, y entre los dos hicieron amanecer la Palabra de forma renovada en sus vidas.

Son personas orantes, lo sé muy bien. Dedican diariamente espacios al encuentro con Diosito. Solo puede haber equipos de vida y acción con esa condición. La mayoría de los problemas entre nosotros sobrevienen porque nos faltan tiempos de meditación, oración, intercesión amorosa y conversación en el Espíritu, como están haciendo ellos dos. Solo así podemos sumar evangélicamente las diferencias, transformar conflictos y acertar con lo mejor posible, dadas las circunstancias.

La misión es finalmente mística. Sin contemplación no hay discernimiento, y sin discernimiento las personas formamos agregados meramente funcionales, y las tareas quedan desfiguradas en trabajos a secas. Pero no hay misión, y por tanto es muy posible que no se den frutos, y sí burnout, frustración y relaciones desgastadas y malogradas.

Pero ellos no. Me pareció que Yanabel y Fernando eran una pequeña comunidad misionera de fe, escuchante del evangelio de la vida, dispuesta al seguimiento sin condiciones; un susurro de profecía en estos tiempos precarios y confusos, un icono humilde pero radiante y cristalino de la misión.

También te puede interesar

Instantánea de un diálogo espiritual entre dos tan diferentes y tan iguales como gotas de agua

Misioneros auténticos

Misionero legendario del Vicariato

Recordando a Gastón Harvey

En torno al nombramiento como administrador apostólico

El servidor último

Lo último