Este verano estoy releyendo “Viaje a Italia” de Goethe (B. S. A., 2001), en donde describe con minuciosidad, pasión y reflexión, los lugares, gentes y costumbres de los pueblos y ciudades de Italia que recorre, haciendo hincapié en el arte de la antigüedad. “Cuadros de viaje” de H. Heine (Catedra, 2015). El poeta hizo del viaje una forma de vida. Los viajes, muchos a pie, han sido su trabajo de campo literario. En su viaje a Italia, a pesar de que es fundamentalmente un viaje al interior de sí mismo, hace una crítica feroz al clero y a la Iglesia italianos. “Hiperión” de Hölderlin (Hiperión, 2010) sin el cual serían inconcebibles obras como las de Nietzsche o Hesse. “Diario de Florencia” de Rilke (O. de A. y E., S. L., 2018). Aunque su eje es el arte renacentista, con fuerte aliento poético, traslada al papel todo lo que ve y mira. “Un invierno en Mallorca” de G. Sand (Clumba, 1971). Según el autor, los más hábiles abogados de Palma, se reunieron para redactar un alegado contra el escritor inmoral que se había permitido reírse de su amor al lucro y de sus afanes para la cría del cerdo. Pd. Todos ayudan a leer la belleza del mundo y a penetrar en su alma.