Momentos como los de ayer (Xuntanza do povo) iluminan los rostros que claman por una tierra eterna, legendaria, natural, más antigua que todas las leyendas. El pasado se vuelve presente y en el pecho se sienten ansias de olvidar el polvo y la ceniza y las aguas tejedoras del día a día. Momentos como los de ayer solo se ven mirando a la niña de los ojos de enfrente que convierten el gran espacio y el tiempo en el gran vacío y lo llenan de presencias que protegen de la noche. Son como volcanes que desbarrancan montañas pedregosas que el rayo no hiende, y las convierten en la línea que funde la vida con la eternidad. Solo los sueños de orgullo de los antepasados pueden vadear el lecho de ese río, profundos recuerdos y rayos de luz, que ciñe y convierte los abismos en orillas seguras, paraíso perdido, memorando de amigos lejanos, errantes y muertos que vuela de lengua en lengua, escrito en un lenguaje que solo el corazón, cuando vuelve a su lecho y un hálito de naturaleza lo arrasa, puede sondear. Casi casi, un sagrado convite.