murrtos trascendencia incertidumbre vida acontecimientos
Cada rostro familiar desvela abismos oscuros pero suficientes para revelar ondas del mar que no cesan. Cada alma es el monstruo de su propio laberinto que viene y va solo y tiene derecho a soñar y a pasar de un sueño a otro. En ese cuadro, las sombras, que hacen brillar otros espacios, en ocasiones, dejan más hulla que los espacios de luz, en la mente del que los contempla. La memoria de quien los contempla llena las sombras vacías con recuerdos de lo olvidado en las encrucijadas del mundo que regresan como pájaros con las alas gastadas. Ya no soy el que era. ¿Te acuerdas? Aquí vine escapando del fracaso y de la noche, pero aquí me han confiado a donde se marchan los muertos y que la noche es mi casa. Todos los días, el sol vuelve cargado con los olvidos de la memoria del árbol de la noche desplegado en un número incontable de estrellas, ángeles de la guarda. Me dijo y se fue. Sin más
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