Cardenal Omella: "Una Cuaresma con 3R"
La Catedral de Barcelona acoge la celebración del Miércoles de Ceniza con el arzobispo que invita a vivir este periodo con la oración, la reconciliación y la caridad; las 3R de la Cuaresma: "rezar, reconciliaros con Dios y rasgar los corazones"
(Archibarcelona).- La Catedral de Barcelona ha acogido este Miércoles de Ceniza la misa conventual que marca el inicio del tiempo cuaresmal. La celebración fue presidida por el arzobispo de Barcelona, cardenal Joan Josep Omella, y concelebrada con el Capítulo de la Catedral. Es la jornada del calendario litúrgico que abre los cuarenta días en los que la Iglesia invita a los fieles a la conversión y a prepararse para vivir los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo durante la Semana Santa, recordando también los cuarenta días de Jesús en el desierto.
La receta para este tiempo litúrgico
El cardenal Omella propuso vivir la Cuaresma como si se tratara de una receta que hay que seguir con fidelidad. Así como un cocinero se atiene al libro para preparar un buen plato, el cristiano —dijo— debe dejarse guiar por la liturgia, que ofrece un camino ya recorrido y seguro. Partiendo de la antífona de entrada —«Vos os compadecéis de todos, Señor…»— recordó que todo comienza en Dios, que se compadece, perdona y ama sin guardar “facturas”. Destacando la enseñanza del Papa Benedicto XVI, subrayó que «Dios es amor» y que la Cuaresma «no arranca del esfuerzo humano, sino de la iniciativa misericordiosa del Señor».
Con un tono pedagógico y directo, el arzobispo invitó a comenzar este tiempo sin prisas, situándose primero ante Dios y pidiéndole que sea Él quien tome la iniciativa. «No seas necio. Empieza bien la Cuaresma», exhortó, recordando que el horizonte es preparar “el guiso pascual”, la celebración de la Pascua.
Una Cuaresma con "3R"
El núcleo de su propuesta quedó sintetizado en las “3R” de la Cuaresma. La primera, rezar e intensificar la oración personal y comunitaria, poniendo a Cristo en el centro. «La oración cristiana es una relación», afirmó, animando a escuchar más la Palabra de Dios, participar con mayor frecuencia en la Eucaristía y buscar espacios de silencio ante el Señor.
La segunda, la reconciliación. Tal como dice «reconciliaros con Dios», en palabras de san Pablo. El cardenal invitó a redescubrir la confesión y a dejarse seducir nuevamente por el amor de Cristo, que «fue tratado como pecador» para que nosotros pudiéramos ser justos. En un mundo a menudo alejado de Dios, advirtió, es necesario no dejarse arrastrar por la indiferencia y volver a lo esencial.
La tercera, «rasgar los corazones», retomando al profeta Joel. «Convertirse implica mirar hacia dentro y despojarse del egoísmo», dijo. Esta actitud se concreta en el ayuno, como camino de renuncia, y en la limosna, como expresión de caridad. Citando de nuevo al papa Benedicto XVI y su encíclica Deus Caritas est, recordó que «la mejor defensa de Dios y del hombre consiste precisamente en el amor».
Después de la homilía, el cardenal Omella bendijo la ceniza y se procedió a su imposición a los fieles con la fórmula: «Conviértete y cree en el Evangelio». En un ambiente de silencio y recogimiento, los asistentes iniciaron así el camino cuaresmal.
La celebración concluyó con el deseo del cardenal de una «Buena Cuaresma» para todos, vivida con madurez y profundidad, como preparación para celebrar con alegría la Pascua del Señor.