José Cobo llama a los políticos cristianos a "reconocer la legitimidad de quien piensa distinto"
Los frutos de la visita de León XIV van apareciendo poco a poco. Uno de ellos ha sido la misa con políticos y líderes cristianos presidida por el arzobispo de Madrid con motivo de la fiesta de Santo Tomás
(Archimadrid).- Los frutos de la visita del papa León XIV van apareciendo poco a poco. Uno de ellos ha sido la misa con políticos y líderes cristianos presidida por el arzobispo de Madrid, cardenal José Cobo con motivo de la fiesta de Santo Tomás.
El encuentro es posible
Un encuentro «de sensibilidades distintas, de trayectorias diferentes y de variadas opciones ideológicas», recordaba el cardenal. Elementos que recuerdan que «el encuentro sigue siendo posible y que el servicio al bien común puede ser más fuerte que la confrontación». Una oportunidad para recordar que la visita del Papa, a quienes escucharon en el Congreso, «solo dará fruto si somos capaces de llevar sus palabras al corazón, meditarlas y convertirlas en criterios para nuestra vida personal y para nuestras responsabilidades públicas».
A la luz de la Palabra de Dios, el arzobispo les recordó que «la historia no se sostiene únicamente sobre los intereses o las victorias humanas», sino en «la confianza en Dios y la fidelidad a aquello que es justo y verdadero». En una época en la que «existe la tentación de pensar que todo depende de la capacidad de influencia, de la tecnología, de la comunicación o de la conquista del poder o los medios», el cardenal Cobo recordó, con las palabras de León XIV, que «ninguna sociedad puede sostenerse únicamente sobre equilibrios de fuerza. Necesita fundamentos éticos compartidos».
Una llamada a «reconocer que existe algo anterior a las mayorías, a los consensos cambiantes y a los intereses de cada momento: la dignidad inviolable de toda persona humana». De ahí la pregunta de León XIV en las Cortes: «¿qué idea de persona humana inspira nuestras leyes y nuestras decisiones?».
El otro no es amenaza
Al mismo tiempo, los políticos fueron llamados a reflexionar sobre cómo tratan a los demás: en los debates parlamentarios, en la conversación pública, en las redes sociales, en las campañas electorales o los acuerdos políticos. No ver al otro como amenaza u obstáculo, «sino como alguien cuya dignidad es tan inviolable como la propia». De ahí la importancia de los encuentros que algunos políticos llevan a cabo para reflexionar sobre la polarización política, de escuchar a quien piensa distinto. Algo que ayuda a ver el conflicto como instrumento que ayuda a construir.
El desafío es ver al adversario político como sujeto moral, como una persona con dignidad, como alguien de quien también podemos aprender. Se trata de «reconocer la legitimidad de quien piensa distinto». El Papa pedía «ser agentes que ayuden a recuperar la concordia, el diálogo y la amistad cívica», en vista de «una concordia capaz de afrontarlos sin convertir al otro en enemigo», recordaba el cardenal.
No olvidar que las democracias necesitan «fundamentos morales compartidos y políticos que los sustenten. Necesitan una cultura cívica capaz de reconocer al otro como un bien y no como una amenaza», afirmó el arzobispo. Junto con ello, el Papa recordaba que «la calidad moral de una sociedad se mide por el trato que dispensa a los más frágiles». Algo que demanda que el cuidado no sea cuestión secundaria, sino «una categoría política y moral de primer orden», que ponga en el centro a la persona concreta y a los más vulnerables.
Cuidar el lenguaje público
Para el cardenal Cobo, la política «es una forma concreta de amor social. Es la búsqueda paciente del bien común. Es la capacidad de crear condiciones para que todos puedan desarrollarse». A eso va unida la responsabilidad moral del lenguaje público, con palabras que abran al encuentro. Un desarmar el lenguaje que pide León XIV.
El arzobispo de Madrid ha agradecido a los participantes su dedicación a la vida pública, por creer que merece la pena trabajar por una sociedad mejor, por las personas que desean sinceramente servir al bien común. Por hacer de la política, siguiendo lo que dice la Doctrina Social de la Iglesia, «una de las formas más altas de la caridad cuando se vive como servicio a los demás». Una labor que no es fácil, pues la llevan a cabo en medio de «la complejidad de los problemas, la presión permanente, la exposición pública, las redes sociales, la polarización creciente y la dificultad para alcanzar acuerdos generan con frecuencia cansancio, desgaste y, a veces, soledad».
A todos les ha ofrecido la cercanía de la Iglesia a su labor, y ha ofrecido «espacios donde sea posible dialogar, discernir y reflexionar desde una mirada creyente». También «la luz del Evangelio, la riqueza de la Doctrina Social de la Iglesia, la oración, la amistad y una mirada que ponga siempre en el centro la dignidad de cada persona humana». Y así hacer de la política, siguiendo la propuesta de León XIV, «una forma concreta de cuidar la dignidad humana, construir fraternidad y abrir caminos de esperanza para todos».