La Plaza de la Victoria, lugar de oración y música en el Encuentro de Laicos
25 de julio, fiesta de Santiago apóstol, el Encuentro de Laicos de Parroquia comenzó con la celebración de la Eucaristía en parroquias cercanas a los lugares en los que se hospedaron los participantes: las parroquias de Santa Inés, San José Obrero y San Antonio de Padua y la Capilla del Buen Pastor del Seminario. Acompañamiento y compromiso social centraron la mañana del sábado en el Encuentro de Laicos; cultura, oración y música, la tarde y la noche
(Encarni Llamas, diócesis de Málaga).- A las 10.30 de la mañana comenzó el trabajo por sectores (niños, jóvenes y adultos) en la Facultad de Comercio, Márketing y Gestión. Mientras los más pequeños realizaban diversas actividades con las que profundizar en el acompañamiento, los adultos compartían el testimonio de diversos miembros de la ACG.
Guiados por María José, de ACG Mérida-Badajoz, y Javier Ramos, de ACG Cartagena, subieron al escenario Miguel y Ana (de Cartagena y Tenerife) para profundizar en la importancia de los equipos de vida, los itinerarios de formación y las celebraciones.
“Una parroquia es como una familia, y en la familia, lo importante es compartir juntos la vida”, afirmaba Ana y añadía que “el equipo es parte de nuestra vida. Celebrar juntos es fundamental”.
Perseverancia, presencia, implicación social, capacidad de adaptación y generosidad son los rasgos que ambos destacaron en un posoible perfil de laico de parroquia.
“La formación no es llenar el tiempo de conocimientos, sino dejar que Cristo nos transforme con su Palabra, de ahí la importancia de los itinerarios formativos, que son un recorrido para toda la vida. La comunidad es el lugar en el que la fe madura y se fortalece”.
Entre testimonio y testimonio, cantos y dinámicas que hicieron a la gente ponerse en movimiento de forma literal y figurada, y una joven de 16 años, Cecilia, recirtó un poema titulado “El reloj de la libertad”, sobre la dignidad de la mujer.
Javier, de la diócesis de La Calzada-Logroño, y Pilar, de la diócesis de Cartagena, también subieron al escenario para compartir su compromiso e implicación en las realidades temporales, en el mundo de la política y la educación (en el AMPA), dejando de ser unos vecinos más para implicarse en instituciones públicas y buscar soluciones para el bien común.
“Es más sencillo y cómodo quedarse en el sofá y no hacer nada pero el tejido asociativo está necesitado de compromiso. La Doctrina Social de la Iglesia nos impulsa a implicarnos”, afirmaba Javier.
“Estamos llamados a construir puentes, poniendo en el centro siempre la dignidad de las personas y a buscar lo que tenemos en común para poder trabajar juntos, aunque seamos personas muy distintas. La escucha es fundamental para caminar juntos”, concluían.
En la segunda parte de la mañana tuvo lugar una nueva tanda de talleres, dirigidos por feligreses y sacerdotes de diversas diócesis. De la de Málaga participaron como ponentes Ana Torralba (presidenta de Manos Unidas), los sacerdotes Francisco Castro, Fermín Negre, José Emilio Cabra y Antonio Sosa, y Agustín Ortega (responsable de Pastoral de la Fundación Victoria), entre otros.
Los talleres versaron, en esta ocasión, sobre la dignidad de la persona, el arte de acompañar a nivel personal, el acompañamiento a las familias, acompañando desde la música y la oración, acompañar en la fragilidad y acompañar educando para la vida. “No han sido una charla más sino un espacio para poner en común y enriquecernos sobre el acompañamiento, tan necesario en todas las facetas de nuestra vida”, explicaban algunos de los participantes.
Los jóvenes de mayor edad compartieron un tiempo de diálogo con el obispo de Málaga, D. José Antonio Satué, a quien pudieron preguntarle sobre sus inquietudes. El Obispo les animó a plantearse el acompañamiento, a valorar lo mucho que tienen que aportar a la sociedad y a descubrirse amados por Dios. Compartió con ellos experiencias personales en su vida pastoral y a defender la dignidad de toda persona, sobre todo de las que más sufren.
Tarde y noche de cultura, oración y música
En la tarde del sábado, los participantes en el Encuentro de Laicos pudieron visitar algunos templos y casas de hermandad de la capital y disfrutar de un paseo distendido por las calles de la ciudad antes de las últimas actividades propuestas para la noche del sábado.
A las 20.30 horas todos estaban convocados en la Plaza del Santuario de la Victoria para compartir una Vigilia de oración y un concierto con alguna sorpresa pensada para los más jóvenes.
La Vigilia de oración, en la que participó la Comisión de Músicos Católicos de Málaga con los cantos, tuvo como hilo conductor la figura de María en el pasaje en el que visita a su prima Isabel. Tras la lectura, una niña, una joven, un matrimonio, un laico, un sacerdote, una mujer consagrada y un obispo manifestaron su petición al Señor, en nombre de todos los presentes, de que hiciera de ellos y ellas “un acompañante en el camino de la fe” y colgaron un farol iluminado en el escenario como signo visible.
Mons. Sergi Gordo, obispo de Tortosa, que presidía la celebración, invitó a esta “familia de familias de la ACG” a adorar al Señor “aquí y ahora, y en las personas más necesitadas”. Invitó a dirigirse a Dios, en el tiempo de adoración al Santísimo que vendría después, como al mejor oculista, para que nos conceda una nueva mirada; al mejor otorrino, pues para acompañar hay que saber escuchar; al mejor cardiólogo, pues nuestro corazón no siempre es de carne, para que nos dé un corazón grande para amar y fuerte para luchar; y al mejor fisio, porque necesitamos brazos fuertes para la acción y piernas para la misión.
También compartió su testimonio Lourdes, miembro de la ACG de Madrid, quien es psicoterapeuta y reconoció que, el método del ver, juzgar y escuchar le ha enseñado más, en su vida profesional, que ninguna formación, sobre todo en el acompañamiento a sus pacientes.
Silencio y cantos se turnaron durante el tiempo de Adoración al Santísimo que concluyó con la bendición de Mons. Sergi Gordo y envío a la misión. La jornada concluyó con una barra solidaria organizada por la Cofradía del Amor mientras el grupo malagueño Vancouver interpretaba los clásicos de los 80 y 90, y el broche final, el DJ Grillex, sorpresa que cautivó a los más jóvenes, a la “juventud del Papa”, como los llamó el artista.