Rafael Luciani: "La catolicidad de la Iglesia exige tener en cuenta su variedad y diversidad de culturas, lenguas y modos de expresión"
San Dámaso realiza una Jornada Académica que este 11 de marzo ha llevado a cabo la Cátedra de Misionología del Instituto de Ciencias Religiosas (ISCCRR) de la Universidad Eclesiástica San Dámaso (UESD) con la participación de Rafael Luciani, director del Cebitepal
(Archimadrid).- La misión es elemento constitutivo en la vida de la Iglesia. Reflexionar sobre esa dimensión siempre es necesario. De ahí la importancia de la Jornada Académica que este 11 de marzo ha llevado a cabo la Cátedra de Misionología del Instituto de Ciencias Religiosas (ISCCRR) de la Universidad Eclesiástica San Dámaso (UESD). El tema abordado ha sido «La misión en la comunión de la Iglesia: Iglesia particular, Iglesia universal».
Comunión para anunciar el Evangelio
Se ha querido profundizar en la dimensión misionera de la Iglesia desde el horizonte de la comunión. Una comunión que, como expresa el Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones de 2026, nace de la Trinidad y vive al servicio de la fraternidad universal. Desde la reflexión teológica y pastoral se ha abordado la relación entre Iglesia particular e Iglesia universal, y la necesaria comunión eclesial en el anuncio del Evangelio.
De hecho, como señaló Juan Carlos Carvajal, coordinador de la Cátedra de Misionología y Vicerrector de la UESD, «la misión cristiana solo se comprende adecuadamente desde la categoría de comunión, clave central de la eclesiología del Concilio Vaticano II», que enseña que «la Iglesia está verdaderamente presente en todas las comunidades locales» (LG 26). Para Carvajal, «la misión no es una actividad secundaria o añadida, sino que brota de la misma naturaleza de la Iglesia», y recordaba las palabas de Pablo VI en Evangelii Nuntiandi, que dice que «la Iglesia existe para evangelizar». De ahí la llamada del Papa Francisco a una conversión misionera.
Unidad en la diversidad
Una reflexión en la que Rafael Luciani, director del Centro Teológico Bíblico Pastoral para América Latina y el Caribe (CEBITEPAL), ha partido del proceso sinodal llevado a cabo en los últimos años, que ha ayudado a comprender «la Iglesia local como ‘lugar teológico’, donde se vive concretamente la fe en contextos socioculturales específicos». En el proceso aparece una comprensión de la Iglesia como «un cuerpo de Iglesias —locales— interconectadas, articuladas», que garantiza la unidad en la diversidad y la diversidad en la unidad. Se comprenden las diferencias culturales como «configuradoras de la catolicidad de las Iglesias locales».
Lumen Gentium ve la Iglesia local como lugar teológico donde se hace realidad la catolicidad de la Iglesia. El proceso sinodal da un paso más al afirmar que «ser y hacer Iglesia hoy implica partir desde lo local y las bases, rearticulando identidades y relaciones entre los sujetos eclesiales, construyendo un nosotros eclesial que encarne la Ecclesia tota (la Iglesia entera) con estilos y formas interculturales e intercontinentales», subrayaba Luciani. Una experiencia sinodal que «ha consolidado un sentido más palpable de pertenencia a un poliedro eclesial extenso y complejo, desconocido hasta ahora para muchos fieles».
Luciani afirma la existencia de modelos eclesiales, que no alineados con el Vaticano II, privilegian «un universalismo abstracto o una visión jerárquico piramidal». Frente a ello, el proceso sinodal «asume como punto de partida la Iglesia local», que «exige tener en cuenta su variedad y diversidad de culturas, lenguas y modos de expresión». Una idea presente en Querida Amazonía, que dice: «los creyentes encontramos en la Amazonia un lugar teológico» (QA 57).
De Iglesia particular a Iglesia local
Hay un cambio en el lenguaje, se pasa de «Iglesia particular» a «Iglesia local», donde «la sinodalidad se vive y se verifica históricamente en la experiencia compartida de fe». La Iglesia local se define por el intercambio de dones con las otras iglesias desde sus contextos culturales e históricos específicos, en busca de una comunión de iglesias locales. Una dinámica desarrollada en el Sínodo para la Amazonía, que lleva a entender la Iglesia arraigada en un lugar y cultura.
Desde ahí se pasa de una Iglesia universal a una «Iglesia tota», comunión de Iglesias locales, vista como «un cuerpo de Iglesias, en las cuales, y a partir de las cuales existe una Iglesia católica, una y única», como dice el Instrumentum Laboris de 2024. Se articulan así los tres niveles de ejercicio de la sinodalidad: local, regional/continental, universal. Luciani reflexionaba sobre el segundo nivel, hablando sobre «un desarrollo descentralizado de la doctrina», lo que concede autoridad doctrinal a las Conferencias Episcopales. Junto con ello algunas experiencias eclesiales en América Latina y el Caribe, entre ellas la primera Asamblea Eclesial Latinoamericana y la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA). En el tercer nivel se sitúa el Sínodo de los Obispos, un nivel que demanda, en palabras de Luciani, «la descentralización del ejercicio del ministerio petrino» (EG 16; DF 134).
Para el director del CEBITEPAL, la plena realización de la catolicidad de la Iglesia, «dependerá de la capacidad y voluntad de inculturación». Algo que implica madurar la hermenéutica ofrecida en Ad gentes y discernir como compaginar la revelación divina y las costumbres locales, que lleve a asumir en la unidad católica las tradiciones particulares. Un desafío «para llegar a ser Pueblo de Dios en la riqueza polifónica de una Iglesia de Iglesias y hacer realidad la catolicidad de la Ecclesia tota», concluyó Luciani.
El sujeto de la misión no es hoy el misionero o las instituciones misioneras, sino la Iglesia local, donde se da la Iglesia toda, afirmó José María Calderón Castro, director de las Obras Misionales Pontificias en España y de la Cátedra de Misionología (UESD), en la conclusión del acto. Llamó a la Vida Religiosa a encontrar su lugar en la Iglesia local, a quien se encomienda la evangelización, la misión y la preocupación por toda la Iglesia. La Iglesia local es llamada a sentirse responsable por la misión ad gentes para hacer presente a Cristo en todos los lugares donde no es conocido.