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La dignidad de Pérez Pueyo en Torreciudad

"Deseo que el Opus Dei pueda seguir desarrollando aquí su misión": Pérez Pueyo cambia el tono en el caso Torreciudad (pero deja en el aire su renuncia)

"Doy gracias especialmente hoy, que nos encontramos en este fantástico templo, por todo el bien que la Prelatura del Opus Dei ha realizado durante estos años en Torreciudad", señaló esta mañana el obispo de Barbastro, en un tono más conciliador, en la eucaristía con motivo de la 47ª Romería de Vírgenes de Ribagorza y Sobrarbe

Pérez Pueyo en el santuario de Torreciudad | Diócesis de Barbastro-Monzón

"Doy gracias especialmente hoy, que nos encontramos en este fantástico templo, por todo el bien que la Prelatura del Opus Dei ha realizado durante estos años en Torreciudad. Aquí ha habido confesiones, conversiones, vocaciones, familias que han recuperado la fe, personas que han encontrado a Jesucristo de la mano de María. Ese bien es de Dios".

Así, con un tono claramente conciliador, se ha referido esta mañana el obispo de Barbastro-Monzón al contencioso que mantiene con la Obra fundada por José María Escrivá de Balaguer a propósito del lugar en donde debiera permanecer la talla románica de Nuestra Señora de los Ángeles: sin en la ermita original en la que ha estado durante un milenio, o en el moderno santuario de Torreciudad que la cobija desde hace unas décadas, en virtud de un acuerdo a perpetuidad alcanzado en los años sesenta del siglo pasado por el Opus Dei y el entonces obispo de la sede altoaragonesa.

Así, si el pasado lunes el obispo Ángel Pérez Pueyo señaló que pondría su cargo a disposión si la resolución que habrá de dar el comisario plenipotenciario nombrado por el Vaticano (sobre cuya labor también deslizó dudas) dictaminase que la talla se queda en el santuario en lugar de en la ermita, en la homilïa que pronunció este mediodía –en el marco de la 47ª Romería de Vírgenes de Ribagorza y Sobrarbe– parecía dejar un margen para el entendimiento, quizás en respuesta también al comunicado en el que el Opus Dei salía el pasado miércoles al paso de las acusaciones del obispo, justo el día en el que el diario El País publicaba por primera vez las fotos de las cartas manuscritas en las que el difunto papa Francisco mostraba su apoyo en este contencioso al pastor aragonés y le alertaba frente a "las intrigas mafiosas" en torno a ese asunto.

El obispo besa la imagen de la Virgen de Torreciudad | Diócesis de Barbastro-Monzón

"Ya lo expresé estos días: deseo que este bien continúe y crezca; deseo que el Opus Dei pueda seguir desarrollando aquí su misión y que Torreciudad siga siendo un gran foco de evangelización mariana y familiar, plenamente integrado en la diócesis, y desarrollando su carisma en beneficio de la gran familia que es esta iglesia particular de Barbastro-Monzón", señaló Pérez Pueyo en su homilia.

"Durante estos años –añadió el pastor–, Torreciudad ha sido un magnífico punto de llegada para peregrinos procedentes de todo el mundo, de los cinco continentes. Ahora sueño con que pueda convertirse también en un punto de partida. Que quien venga aquí pueda descubrir la ruta Mariana, que le permitirá visitar, entre otros lugares emblemáticos, la ermita-santuario de Torreciudad, el santuario de Guayente, el Pueyo, Bruis, la Carrodilla, Pineta, la Peña… Y venerar en todos ellos a Nuestra Madre en sus distintas advocaciones".

Fieles en el santuario de Torreciudad | Diócesis de Barbastro-Monzón

"Sumemos. Multipliquemos. Soñemos juntos en comunión dentro de esta Iglesia particular de Barbastro-Monzón, de la Santa Iglesia Universal", concluyó el obispo, con un guiño explícito a esa comunión de la que también se ha mostrado partidaria la Prelatura.

Pero, igualmente, en la oración que Pérez Pueyo recitó ante la imagen de la Virgen de Torreciudad revestida con el "Manto de la Comunión", le hizo una petición final en la que, utilizando la misma imagen con la que amagó el pasado lunes con la renuncia, volvió a dejar esa puerta abierta: "Hoy delante de ti, en tu ermita-santuario, donde durante más de mil años las gentes sencillas de esta tierra vinieron a verte, tocarte, besarte y rezarte, vengo también a presentarte mi humilde petición, para que como el anciano Eleazar me muestre digno de mi labor como pastor, dejando a las siguientes generaciones un ejemplo a la altura de la dignidad de este pueblo". 

Homilía del obispo de Barbastro-Monzón

«UNA MADRE, MUCHAS ADVOCACIONES, UNA SOLA FAMILIA»

Queridos romeros de la Ribagorza y Sobrarbe

También los que habéis venido de todos los rincones de nuestra geografía diocesana:

Hemos peregrinado hasta aquí para encontrarnos con nuestra Madre.

Y cuando los hijos se reúnen alrededor de su madre, las diferencias dejan de convertirse en distancias. Porque una madre tiene esa misteriosa capacidad de hacer sitio a todos sin quitarle a ninguno su nombre, su rostro ni su historia.

Desde hace cuarenta y siete años, esta Romería de las Vírgenes de Ribagorza y Sobrarbe va recorriendo nuestros pueblos. Nació precisamente como un encuentro de fraternidad mariana y, con los años, ha ido hermanando a hombres y mujeres, comunidades y pueblos de Aragón y Cataluña bajo la mirada de la Madre de Dios.

Y este año le correspondía llegar hasta Torreciudad.

Por eso hemos querido realizar un gesto sencillo, pero cargado de significado: que Nuestra Señora de los Ángeles de Torreciudad recibiera a las demás advocaciones desde su ermita originaria; y que después nos pusiéramos en camino rezando el rosario hasta este templo para celebrar la Eucaristía.

Fijaos qué hermosa catequesis hemos hecho sin necesidad de muchas palabras:

la Madre nos recibe en su casa y la Madre nos pone en camino.

Nuestra diócesis posee un patrimonio mariano extraordinario. Hemos llegado a catalogar 137 advocaciones. Carrodilla, Pueyo, Guayente, Bruis, Peña, Alegría, Romeral, Pineta, Baldós, Obach, Torreciudad…

Me gusta decir que son como el fondo de armario de nuestra Madre.

¡Qué fondo de armario tan rico tiene María en esta diócesis!

Porque cada advocación es como un vestido con el que un pueblo ha querido expresar algo que descubrió en María.

Cuando necesitamos esperanza, la llamamos e invocamos como Virgen de la Esperanza.

Cuando experimentamos dolor, Virgen de los Dolores.

Cuando necesitamos ayuda, Virgen del Socorro.

Cuando el corazón recupera la sonrisa, Virgen de la Alegría.

Cuando necesitamos protección, Virgen del Patrocinio.

Cuando buscamos consuelo, Virgen de la Piedad.

Y así hasta 137 nombres.

Pero no tenemos 137 madres.

Tenemos una sola Madre.

Muchos nombres.

Muchos pueblos.

Muchas historias.

Muchas tradiciones.

Una sola Madre.

Y esto es también una preciosa imagen de la Iglesia.

Nuestra diócesis milenaria, misionera, mariana y martirial está tejida por pueblos pequeños, ermitas, parroquias, unidades pastorales, monasterios, familias, sacerdotes, religiosos, laicos, cofradías, movimientos y grupos apostólicos. Cada uno con su historia y su carisma, pero todos pertenecientes a una SOLA y MISMA familia.

El 1 de diciembre de 2019 los obispos aragoneses escribimos una carta pastoral “La Iglesia en Aragón al servicio del mundo rural. Nazaret era un pueblo pequeño” recordando la fecundidad evangélica de lo pequeño. Nuestras comunidades cristianas, «por pequeñas que sean», están llamadas a permanecer vivas, en comunión con la Iglesia diocesana, caminando juntas y haciendo corresponsables a sacerdotes, religiosos y laicos.

Porque Dios tiene predilección por lo humilde y lo pequeño.

Nazaret era pequeño.

Belén era pequeño.

La casa de María era pequeña.

La ermita-santuario de Torreciudad también es pequeña.

Pero lo pequeño no es insignificante para Dios.

Nuestros pueblos lo saben muy bien. Necesitamos poder entrar en nuestras ermitas, acercarnos a nuestras imágenes, tocarlas, besarlas, vestirlas, sacarlas en procesión. Necesitamos poder decirle a María lo que quizá no sabemos decir de otra manera.

Eso no es una fe de segunda categoría.

Es la piedad sencilla de nuestro pueblo.

Durante generaciones, hombres y mujeres se acercaron a Nuestra Señora de los Ángeles para mirarla, tocarla, besarla, vestirla, cantarle y confiarle cosechas, enfermedades, hijos, lágrimas y esperanzas.

Hay cosas que solo se comprenden cuando uno conoce el corazón de un pueblo.

Y la Iglesia no está llamada a arrancar esas raíces, sino a purificarlas, acompañarlas y hacerlas fecundas para el Evangelio. Nuestro Proyecto Mariano nació precisamente al constatar que las ermitas, romerías, peregrinaciones, novenas, gozos y tradiciones populares muestran hasta qué punto María está enraizada en el corazón de esta Iglesia.

Pero permitidme resaltar algo especialmente importante.

Los diversos carismas no empobrecen a una Iglesia particular: la enriquecen.

Por eso doy gracias por el servicio que el Instituto del Verbo Encarnado presta en el Pueyo y doy gracias especialmente hoy, que nos encontramos en este fantástico templo, por todo el bien que la Prelatura del Opus Dei ha realizado durante estos años en Torreciudad.

Aquí ha habido confesiones, conversiones, vocaciones, familias que han recuperado la fe, personas que han encontrado a Jesucristo de la mano de María.

Ese bien es de Dios.

Ya lo expresé estos días: deseo que este bien continúe y crezca; deseo que el Opus Dei pueda seguir desarrollando aquí su misión y que Torreciudad siga siendo un gran foco de evangelización mariana y familiar, plenamente integrado en la diócesis, y desarrollando su carisma en beneficio de la gran familia que es esta iglesia particular de Barbastro-Monzón.

Durante estos años, Torreciudad ha sido un magnífico punto de llegada para peregrinos procedentes de todo el mundo, de los cinco continentes.

Ahora sueño con que pueda convertirse también en un punto de partida.

Que quien venga aquí pueda descubrir la ruta Mariana, que le permitirá visitar, entre otros lugares emblemáticos, la ermita-santuario de Torreciudad, el santuario de Guayente, el Pueyo, Bruis, la Carrodilla, Pineta, la Peña… Y venerar en todos ellos a Nuestra Madre en sus distintas advocaciones.

Sumemos. Multipliquemos. Soñemos juntos en comunión dentro de esta Iglesia particular de Barbastro-Monzón, de la Santa Iglesia Universal

En este Año Jubilar de san Ramón, nuestro viejo obispo de Roda nos diría hoy que seamos libres de todo aquello que nos impida caminar juntos.

Por eso, Madre de Torreciudad:

recibe siempre a tus hijos en casa.

Enséñanos a cuidar lo pequeño sin encerrarnos en nosotros mismos.

Enséñanos a sumar carismas, instituciones, pueblos y sensibilidades.

Haz que nuestra diócesis de Barbastro-Monzón, después de su reestructuración geográfica y organización pastoral, llevada a cabo en estos años, se transforme en una diócesis «familia de familias».

Que nadie tenga que desaparecer para que todos podamos vivir, amar y servir.

Que nadie quiera caminar solo, cuando Tú nos has convocado como hermanos.

Que el cayado y la sombra de san Ramón, obispo y patrono de nuestra diócesis sigan acompañando nuestros pasos, y que la sangre fecunda de nuestros mártires haga brotar de nuevo, en esta bendita tierra del Alto Aragón oriental, abundantes vocaciones: al matrimonio, a la vida laical, a la vida consagrada y al ministerio ordenado.

Que así sea.

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