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Colombia tiembla: una llamada urgente a la solidaridad que no puede esperar

Cuando la tierra tiembla, hay vidas que se rompen en silencio. En Colombia, miles de familias lo han perdido todo, pero no pueden permitirse quedarse solas. Hoy, su dolor nos mira de frente y nos pregunta si estamos dispuestos a responder.

Terremoto en Colombia. Captura

La tierra ha vuelto a temblar en Colombia y, con ella, se han sacudido miles de vidas. El reciente terremoto ha dejado a su paso destrucción, miedo e incertidumbre en distintas regiones del país. Sin embargo, como ocurre tantas veces, el impacto no ha sido igual para todos. Hay lugares donde la tragedia golpea con más fuerza porque parte de una realidad ya marcada por la fragilidad, la pobreza y el abandono.

Entre esos lugares se encuentra el Chocó, una región rica en recursos naturales, pero históricamente marginada, donde la emergencia no solo tiene que ver con el temblor de la tierra, sino con condiciones de vida que hacen que cualquier desastre se multiplique. Allí, la falta de infraestructuras, las dificultades de acceso y la escasa presencia institucional convierten una catástrofe natural en una crisis humanitaria de mayor alcance.

El terremoto ha dejado viviendas destruidas, familias desplazadas y comunidades enteras que intentan reorganizarse en medio de la incertidumbre. Muchas personas han tenido que pasar la noche a la intemperie, temiendo nuevas réplicas, mientras buscan noticias de sus seres queridos o intentan rescatar lo poco que queda de sus hogares. En otros lugares del país, la respuesta puede ser más rápida; aquí, en cambio, cada ayuda tarda más en llegar y cada dificultad pesa más.

Colombia
La tierra ha vuelto a temblar en Colombia y, con ella, se han sacudido miles de vidas. El reciente terremoto ha dejado a su paso destrucción, miedo e incertidumbre en distintas regiones del país. Sin embargo, como ocurre tantas veces, el impacto no ha sido igual para todos. Hay lugares donde la tragedia golpea con más fuerza porque parte de una realidad ya marcada por la fragilidad, la pobreza y el abandono.

Por eso, hablar de lo que está ocurriendo en Colombia no es solo narrar un desastre natural. Es también poner rostro a una desigualdad que se hace evidente en los momentos más duros. Porque cuando todo se tambalea, no todos parten del mismo lugar.

El padre Luis Armando Valencia Valencia, en nombre de la comunidad claretiana, ha recordado que esta situación no puede dejarnos indiferentes. La respuesta no puede ser el miedo ni la distancia, sino la cercanía, el cuidado y la capacidad de estar al lado de quienes más lo necesitan.

El Evangelio ilumina esta realidad con palabras que hoy adquieren una fuerza especial: “Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber… cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 25, 35-40). En medio de esta tragedia, ese “hermano más pequeño” está en Colombia, en tantas familias que hoy no tienen lo básico para vivir con dignidad.

Luis Armando
El padre Luis Armando Valencia Valencia, en nombre de la comunidad claretiana, ha recordado que esta situación no puede dejarnos indiferentes. La respuesta no puede ser el miedo ni la distancia, sino la cercanía, el cuidado y la capacidad de estar al lado de quienes más lo necesitan. El Evangelio ilumina esta realidad con palabras que hoy adquieren una fuerza especial: “Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber… cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”

Y resuena también la parábola del buen samaritano: “Al verlo, se conmovió, se acercó y cuidó de él” (Lc 10, 33-34). No pasó de largo. No miró hacia otro lado. Se detuvo y se implicó. Esa es la actitud que hoy se nos pide ante el sufrimiento de tantos.

Porque la indiferencia es siempre una posibilidad. Las noticias pasan rápido, las imágenes se suceden, y el dolor ajeno puede convertirse en algo lejano. Pero la solidaridad verdadera nace cuando decidimos no mirar hacia otro lado, cuando entendemos que lo que les ocurre a otros también nos concierne.

En este contexto, la Fundación PROCLADE, promovida por los misioneros claretianos y con presencia directa en el terreno, ha puesto en marcha una campaña de emergencia para canalizar ayuda hacia las personas afectadas. Su labor, sostenida en el tiempo, permite que la ayuda llegue de forma cercana, eficaz y allí donde más se necesita.

Ayuda a Colombia
El mayor riesgo no es solo la magnitud del terremoto. Es el silencio que puede venir después. Que todo esto se olvide. Que el Chocó, que Colombia, vuelvan a quedar fuera de nuestra mirada. Por eso, esta es una llamada urgente, pero también una llamada profunda. A no pasar de largo. A detenernos. A implicarnos. Porque, al final, como recuerda el Evangelio, “donde está tu tesoro, allí está tu corazón” (Mt 6, 21). Que hoy nuestro corazón esté allí. Y que nuestra respuesta sea real.

Las necesidades son urgentes: alimentos, refugio, atención sanitaria y acompañamiento para quienes han visto cómo su vida cambiaba en cuestión de segundos. Pero también será necesario mantener el apoyo en el tiempo, porque la reconstrucción no es inmediata y exige perseverancia.

Quienes deseen colaborar pueden hacerlo a través de Bizum, con el código 33463; mediante transferencia bancaria a la cuenta ES06 0049 0631 9627 1008 3391; o a través de la donación online en www.fundacionproclade.org/dona. Para la desgravación fiscal, pueden enviarse los datos personales al correo basesocial@fundacionproclade.org.

Pero más allá de los datos, lo que hoy está en juego es algo profundamente humano. Es la capacidad de no permanecer indiferentes ante el sufrimiento, de no acostumbrarnos a que haya vidas que parecen importar menos. Cada donación no es solo una ayuda material: es un gesto concreto de cercanía, una forma de decir a quienes lo han perdido todo que no están solos, que alguien piensa en ellos, que alguien responde.

El Evangelio recuerda que lo poco compartido se multiplica (cf. Mt 14, 13-21), pero también nos advierte de algo aún más exigente: que lo que dejamos de hacer por los demás también tiene consecuencias. Hoy, la pregunta no es cuánto podemos dar, sino si estamos dispuestos a dejarnos tocar por el dolor ajeno.

Ayuda para Colombia.
Quienes deseen colaborar pueden hacerlo a través de Bizum, con el código 33463; mediante transferencia bancaria a la cuenta ES06 0049 0631 9627 1008 3391; o a través de la donación online en www.fundacionproclade.org/dona. Para la desgravación fiscal, pueden enviarse los datos personales al correo basesocial@fundacionproclade.org.

Porque hay familias que esta noche no saben dónde dormir. Hay niños que han perdido su casa y su escuela. Hay comunidades enteras que intentan levantarse sin recursos suficientes. Y, sin embargo, hay una posibilidad real de cambiar esa situación, aunque sea en parte, a través de la solidaridad.

El mayor riesgo no es solo la magnitud del terremoto. Es el silencio que puede venir después. Que todo esto se olvide. Que el Chocó, que Colombia, vuelvan a quedar fuera de nuestra mirada.

Por eso, esta es una llamada urgente, pero también una llamada profunda. A no pasar de largo. A detenernos. A implicarnos.

Porque, al final, como recuerda el Evangelio, “donde está tu tesoro, allí está tu corazón” (Mt 6, 21).

Que hoy nuestro corazón esté allí.

Y que nuestra respuesta sea real.

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