Hazte socio/a
Última hora:
El Papa irá a Francia (y las víctimas organizarán su encuentro)

Don Fernando García Cadiñanos: la valentía evangélica de un pastor que ilumina en tiempos de incertidumbre

La valentía de don Fernando García Cadiñanos es hoy un signo claro de fidelidad al Evangelio. «No tengáis miedo» (Mt 14,27): su palabra firme y serena ilumina, orienta y sostiene. Que el Señor lo fortalezca para seguir guiando con verdad, caridad y esperanza a tantos fieles.

Fernando García Cadiñanos

En medio de una época marcada por la confusión, la dureza de los discursos y la tentación constante de la indiferencia, la reciente entrevista concedida por don Fernando García Cadiñanos en Religión Digital se erige como una palabra clara, firme y profundamente necesaria. No estamos ante una intervención más, sino ante un testimonio de hondura evangélica y de valentía pastoral, capaz de atravesar el ruido mediático y tocar las conciencias.

Cuando el obispo de Mondoñedo-Ferrol describe la tragedia migratoria como la de «un ejército de desesperados, de víctimas» , no solo utiliza una expresión impactante, sino que revela una mirada profundamente cristiana. En esas palabras late la compasión de Cristo, esa que ve en cada persona un hijo de Dios. Es imposible no recordar aquí el Evangelio: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mateo 5,7). Precisamente en esa misericordia se sitúa con claridad don Fernando García Cadiñanos, ofreciendo una lectura que dignifica y humaniza.

Su afirmación de que «esta política mata» resuena con una fuerza que incomoda, pero que al mismo tiempo libera. No es una consigna, sino una denuncia que brota del contacto con la realidad y de la fidelidad al mensaje cristiano. Jesús lo expresó con una contundencia que sigue siendo actual: «Lo que hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mateo 25,40). Cada gesto de rechazo, cada indiferencia, cada omisión ante el sufrimiento humano, adquiere así una dimensión profundamente espiritual.

Abascal migrantes
Su llamada a evitar una «cultura del rechazo y del miedo» es, en el fondo, una invitación a redescubrir el núcleo del Evangelio. Porque, como afirma el Señor, «En esto conocerán todos que sois mis discípulos: si os amáis unos a otros» (Juan 13,35). No hay otro criterio de autenticidad cristiana. No hay otro camino posible.

En un contexto donde tantas voces optan por la prudencia excesiva o el silencio, la claridad del obispo resulta especialmente significativa. No ha elegido el camino fácil. Ha preferido la verdad. Y eso, hoy, exige coraje. Como enseña el Señor: «La verdad os hará libres» (Juan 8,32). Esa libertad se percibe en su palabra, que no se pliega a intereses ni a presiones, sino que se mantiene fiel a la dignidad humana.

Frente a los discursos que alimentan el miedo y la división, don Fernando García Cadiñanos propone una alternativa profundamente evangélica: la del encuentro, la acogida y la fraternidad. No ignora la complejidad de la situación, pero insiste en que la respuesta no puede construirse desde el rechazo. En esto, su postura conecta directamente con una de las exigencias más radicales de Jesús: «Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian» (Lucas 6,27). Si este mandato es exigente en lo personal, lo es aún más cuando se aplica a la realidad social. Y, sin embargo, es ahí donde la fe demuestra su autenticidad.

Hay en su intervención una denuncia clara de la cultura del miedo que amenaza con instalarse en nuestras sociedades. Y el Evangelio, de forma insistente, nos recuerda: «No tengáis miedo» (Mateo 14,27). El miedo encierra, divide y deshumaniza. El amor, en cambio, abre horizontes, construye puentes y devuelve la esperanza. La elección de este camino no es ingenua, sino profundamente cristiana.

llegada de migrantes a Ceuta. Captura
Frente a los discursos que alimentan el miedo y la división, don Fernando García Cadiñanos propone una alternativa profundamente evangélica: la del encuentro, la acogida y la fraternidad. No ignora la complejidad de la situación, pero insiste en que la respuesta no puede construirse desde el rechazo. En esto, su postura conecta directamente con una de las exigencias más radicales de Jesús: «Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian» (Lucas 6,27). Si este mandato es exigente en lo personal, lo es aún más cuando se aplica a la realidad social. Y, sin embargo, es ahí donde la fe demuestra su autenticidad.

Especialmente relevante es su crítica a la instrumentalización del sufrimiento humano. Convertir a las personas en medios para fines políticos o estratégicos es una de las grandes tentaciones de nuestro tiempo. Frente a ello, resuena con fuerza la enseñanza de Jesús: «El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado» (Marcos 2,27). Todo ha de estar al servicio de la persona, nunca al revés. Y esta convicción atraviesa con coherencia toda la reflexión del obispo.

Su llamada a evitar una «cultura del rechazo y del miedo» es, en el fondo, una invitación a redescubrir el núcleo del Evangelio. Porque, como afirma el Señor, «En esto conocerán todos que sois mis discípulos: si os amáis unos a otros» (Juan 13,35). No hay otro criterio de autenticidad cristiana. No hay otro camino posible.

Por todo ello, la intervención de don Fernando García Cadiñanos merece un reconocimiento sincero y profundo. Ha sabido ejercer su ministerio con fidelidad, sin ambigüedades, sin concesiones a la superficialidad. Ha sido voz de los que no tienen voz, ha defendido la dignidad de los más vulnerables y ha recordado con claridad el papel de la Iglesia en el mundo.

El papa y los inmigrantes
La valentía de don Fernando García Cadiñanos es hoy un signo luminoso de fidelidad al Evangelio. «No tengáis miedo» (Mt 14,27): su palabra clara y serena orienta y fortalece. Que el Señor lo sostenga para seguir guiando con verdad, caridad y esperanza a tantos fieles.

En una sociedad donde tantas veces se normaliza la indiferencia, su palabra ha sido un despertar. En un contexto donde el miedo amenaza con imponerse, su valentía se convierte en un signo de esperanza. Y en una época donde se diluye el sentido del Evangelio, su testimonio lo hace presente con fuerza renovada.

Porque, en el fondo, lo que ha hecho este pastor es algo tan sencillo como exigente: ha tomado en serio las palabras de Cristo. Y eso, hoy, es una forma luminosa de liderazgo espiritual.

Que su ejemplo siga inspirando a muchos. Que su voz continúe iluminando conciencias. Y que su fidelidad nos recuerde siempre que no hay verdadera fe sin compromiso con el hermano, ni auténtico cristianismo sin una defensa firme e incondicional de la dignidad humana.

La valentía de don Fernando García Cadiñanos es hoy un signo luminoso de fidelidad al Evangelio. «No tengáis miedo» (Mt 14,27): su palabra clara y serena orienta y fortalece. Que el Señor lo sostenga para seguir guiando con verdad, caridad y esperanza a tantos fieles.

Migrantes

También te puede interesar

Lo último