Miguel Tellado aplaude la «valentía» de Vito Quiles mientras un juez ordena su detención
Miguel Tellado ensalza la «valentía» de Vito Quiles mientras un juez ordena su detención para notificarle la apertura de juicio oral por una causa relacionada con la dignidad de una mujer con discapacidad. ¿Esa es la valentía que el número dos del PP quiere convertir en ejemplo para los jóvenes?
Hay elogios que obligan a preguntarse qué valores se están defendiendo y qué comportamientos se pretenden normalizar. Cuando Miguel Tellado, secretario general del Partido Popular, ensalza la «valentía» y el «arrojo» de Vito Quiles, no está simplemente reconociendo la labor de un comunicador polémico. Está otorgando respaldo político a una figura cuya forma de actuar ante las cámaras ha generado numerosas controversias y que ahora se encuentra en el centro de un procedimiento judicial por unos hechos denunciados por una mujer con discapacidad. La pregunta que debe responder Tellado es sencilla: ¿qué entiende exactamente por valentía y por qué considera que Vito Quiles merece ser presentado como un ejemplo para los jóvenes?
La actualidad judicial ha vuelto a situar a Quiles bajo el foco público. Según la información difundida por Libres y Combativas, colectivo al que pertenece la denunciante, un juez ha ordenado su búsqueda, detención y presentación para notificarle la apertura del juicio oral, entregarle el escrito de acusación del Ministerio Fiscal y practicar las actuaciones procesales correspondientes. Una vez cumplidos esos trámites, la resolución contempla su puesta en libertad inmediata, salvo que exista otra causa legal que lo impida.
Conviene precisar qué significa esta decisión: no es una condena ni una orden de ingreso en prisión, sino una medida judicial para hacer efectiva una notificación pendiente. Sin embargo, el hecho de que se haya tenido que recurrir a ella añade un elemento relevante a una causa que lleva meses pendiente de avanzar hacia el juicio.
Los hechos se remontan al 20 de marzo de 2024, cuando Quiles entrevistó a Violeta durante una protesta ciudadana frente a la sede nacional del PP, en la calle Génova de Madrid. Violeta es una mujer con discapacidad intelectual, integrante de Libres y Combativas, organización feminista que presentó la querella y llevó el caso ante la Fiscalía. La entrevista se emitió en EDATV, el medio que preside Javier Negre, quien también está acusado en el procedimiento. Según la Fiscalía, ambos difundieron posteriormente el vídeo en redes sociales, contribuyendo a la propagación de comentarios despectivos contra la mujer.
Según la acusación del Ministerio Público, la actuación denunciada habría atentado contra la dignidad y la integridad moral de la mujer. La Fiscalía solicita dos años de prisión para Vito Quiles y un año y medio para Javier Negre. Se trata de peticiones de pena, no de condenas firmes, y corresponde a los tribunales determinar si los hechos denunciados constituyen delito.
Pero la cuestión política no desaparece por el hecho de que la causa siga pendiente de resolución. Todo acusado tiene derecho a la presunción de inocencia, y ese derecho debe respetarse sin excepciones. Lo que no existe es una obligación de los partidos políticos de elogiarlo, promocionarlo o convertirlo en una referencia para sus simpatizantes. Defender las garantías judiciales de Quiles no obliga a presentar su trayectoria como un modelo de comportamiento público.
Y es precisamente ahí donde las palabras de Miguel Tellado adquieren importancia. El secretario general del PP ha elogiado públicamente la supuesta valentía de Quiles y ha pedido que se le transmita el reconocimiento y la gratitud de miles de españoles. Lo hizo durante unas jornadas de Nuevas Generaciones del PP de Madrid, en las que el agitador participó como invitado. Tellado también cuestionó las críticas a su manera de abordar a las personas con un micrófono y llegó a establecer una comparación con el Gran Wyoming.
La comparación merece una reflexión. El periodismo crítico consiste en investigar, preguntar, contrastar y exigir explicaciones, especialmente a quienes ejercen el poder. Puede ser incómodo y contundente, pero su función no debería reducirse a provocar una reacción ante una cámara. La diferencia entre fiscalizar al poderoso y exponer a una persona vulnerable a una situación potencialmente humillante es una cuestión de responsabilidad profesional y humana.
Quiles ha construido buena parte de su notoriedad mediante intervenciones callejeras, preguntas provocadoras y enfrentamientos con políticos y otras figuras públicas. Ese estilo le ha proporcionado una importante visibilidad en redes sociales, pero también ha suscitado críticas sobre los límites entre la información, el espectáculo y el hostigamiento. Sus defensores pueden considerar que sus métodos contribuyen a incomodar a quienes ocupan posiciones de poder. Sus detractores cuestionan que la provocación, por sí sola, pueda confundirse con periodismo de calidad.
Lo que resulta difícil de justificar es que un dirigente nacional de un partido político convierta esa controversia en una oportunidad para repartir elogios sin detenerse públicamente en las preguntas que plantea el procedimiento judicial. La valentía no puede medirse únicamente por la capacidad de enfrentarse a alguien delante de una cámara, ni la repercusión en las redes constituye una prueba de rigor periodístico.
Lo que resulta difícil de justificar es que un dirigente nacional de un partido político convierta esa controversia en una oportunidad para repartir elogios sin detenerse públicamente en las preguntas que plantea el procedimiento judicial. La valentía no puede medirse únicamente por la capacidad de enfrentarse a alguien delante de una cámara, ni la repercusión en las redes constituye una prueba de rigor periodístico.
El PP tiene plena libertad para invitar a Quiles a sus actos. Pero esa decisión también tiene consecuencias políticas. Cuando una organización lo incorpora repetidamente a sus actividades y sus principales dirigentes lo elogian, contribuye a reforzar su notoriedad y a legitimar su estilo ante una audiencia que puede interpretar ese respaldo como una aprobación general de sus métodos.
Miguel Tellado debería explicar, por tanto, qué aspectos concretos de la actuación de Quiles considera ejemplares. ¿La capacidad de formular preguntas incómodas? ¿La confrontación con los responsables políticos? ¿O también respalda los métodos que han dado lugar a controversias y a una causa judicial como la que afecta a Violeta? Son cuestiones diferentes y merecen respuestas igualmente diferentes.
Porque detrás de este caso no hay solamente una disputa entre personajes públicos. Está Violeta, una mujer con discapacidad cuya denuncia ha desembocado en un procedimiento judicial. Su condición no debe utilizarse como instrumento de propaganda partidista, pero tampoco puede ignorarse cuando se discute la responsabilidad de quienes participan en la exposición pública de personas vulnerables.
Respetar a Violeta no exige prejuzgar a Quiles; exige que su denuncia sea examinada con seriedad, que se respeten las garantías de todas las partes y que ningún respaldo político sustituya la labor de la Justicia.
En una sociedad democrática, la verdadera valentía no reside en la provocación ni en el aplauso fácil, sino en el compromiso inequívoco con la dignidad de los más vulnerables. Cuidar la ética pública y el respeto al prójimo sigue siendo la única base válida sobre la que construir el futuro.
Tellado puede defender la libertad de expresión y el derecho de Quiles a ejercer su actividad. Puede incluso discrepar de quienes cuestionan sus métodos. Pero, cuando decide elogiarlo ante las juventudes de su partido, asume también la responsabilidad de explicar qué valores pretende asociar a su figura.
En una democracia, la crítica al poder es necesaria. También lo son el respeto a la dignidad humana, la responsabilidad informativa y la independencia de los tribunales. La verdadera cuestión no es si Vito Quiles resulta incómodo para determinados políticos, sino si el estilo que representa contribuye a mejorar el debate público o a degradarlo. Y esa pregunta merece una respuesta que vaya mucho más allá de los elogios a su supuesta valentía.
En una sociedad democrática, la verdadera valentía no reside en la provocación ni en el aplauso fácil, sino en el compromiso inequívoco con la dignidad de los más vulnerables. Cuidar la ética pública y el respeto al prójimo sigue siendo la única base válida sobre la que construir el futuro.