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Pedro Sanz y el oficio de encender la luz: quince años de periodismo al servicio de la comunidad

En tiempos de ruido, prisa y desinformación, el verdadero periodismo no busca impacto, sino verdad y servicio.

Ejemplos como Pedro Sanz y Galicia Ártabra demuestran que aún es posible informar encendiendo luz en la comunidad.

Pedro Sanz director de Galicia Ártabra Digital

En un tiempo marcado por la velocidad, la saturación informativa y la tiranía del clic fácil, hablar de buen periodismo no es un ejercicio nostálgico, sino una necesidad urgente. Nunca antes la humanidad dispuso de tantos datos al alcance de la mano, y, sin embargo, pocas veces la comprensión de la realidad ha sido tan frágil. Como bien advertía el teólogo José María Castillo, “nunca tan informados estuvimos y al mismo tiempo tan desinformados”. Esta paradoja define con precisión el ecosistema mediático actual, donde la sobreabundancia de contenidos no siempre se traduce en verdad, sino con frecuencia en ruido, manipulación o superficialidad.

El periodismo, en su raíz más auténtica, no nació para alimentar esa dinámica. Su vocación original es profundamente ética: servir a la verdad, fortalecer a la comunidad y dar voz a quienes construyen el bien común en silencio. Sin embargo, la lógica del mercado ha introducido una peligrosa deriva hacia el consumo informativo entendido como producto, donde lo relevante no es tanto lo que se cuenta como el impacto inmediato que genera. Titulares agresivos, polarización constante y una cierta adicción al conflicto han desplazado, en demasiadas ocasiones, la mirada serena y constructiva que una sociedad necesita para reconocerse a sí misma.

Premios Artabros 15 aniversario
El periodismo no puede convertirse en un mero escaparate de negatividad ni en un instrumento de desgaste colectivo. Tiene, por el contrario, una función constructiva: iluminar, orientar y fortalecer el tejido social.

Frente a esta tendencia, conviene recuperar los principios que históricamente han definido la dignidad de la profesión. Desde Ryszard Kapuściński, que defendía que “para ejercer el periodismo hay que ser, ante todo, buenos seres humanos”, hasta Gabriel García Márquez, quien lo describía como “el mejor oficio del mundo” siempre que se ejerciera con honestidad y compromiso, la tradición periodística insiste en una idea clave: informar no es solo transmitir hechos, sino interpretar la realidad con responsabilidad moral.

Ese compromiso se concreta en normas éticas fundamentales: la veracidad como principio irrenunciable, la independencia frente a intereses económicos o ideológicos, la responsabilidad social de los contenidos y el respeto a la dignidad de las personas. El periodismo no puede convertirse en un mero escaparate de negatividad ni en un instrumento de desgaste colectivo. Tiene, por el contrario, una función constructiva: iluminar, orientar y fortalecer el tejido social.

En este contexto, adquiere un valor especial el ejemplo de quienes siguen ejerciendo el oficio desde esa fidelidad a sus raíces. La trayectoria de Pedro Sanz al frente de Galicia Ártabra se convierte así en un testimonio elocuente de que otro periodismo es posible. A sus 84 años, lejos de retirarse, encarna la figura del periodista vocacional que entiende su trabajo como un servicio continuo a su comunidad, robándole horas al descanso para sostener una crónica diaria que pone el foco en lo que une, en lo que construye y en lo que merece ser contado.

Pedro Sanz. Director de Galicía Ártabra Digital
La figura de Pedro Sanz emerge aquí con una dimensión que va más allá del periodismo. Su labor lo sitúa como un verdadero dinamizador social, alguien que teje vínculos, refuerza identidades y combate el pesimismo con constancia y cercanía. Incluso en el ámbito pastoral, dentro de la diócesis de Mondoñedo-Ferrol, su aportación revela esa misma convicción de que comunicar es, en el fondo, servir: servir a la verdad, a la esperanza y al encuentro entre las personas.

Ese espíritu se hizo especialmente visible en la celebración del 15 aniversario de Galicia Ártabra, el pasado viernes 22 de mayo, en una gala que trascendió lo meramente conmemorativo para convertirse en un auténtico acto de afirmación colectiva. Con un teatro lleno y una atmósfera cargada de emoción, la entrega de los Premios Ártabros volvió a demostrar que existe una forma de comunicar que no se limita a narrar la realidad, sino que contribuye activamente a mejorarla.

Los galardones, que reconocieron a quince entidades y personalidades fundamentales para Ferrolterra, reflejan esa mirada amplia y profundamente humana. En la categoría de aniversario fueron distinguidos la Armada, Airiños de Caranza, la Festa do Pan de Neda y la Feira do Grelo, ejemplos vivos de tradición, identidad y continuidad. En el ámbito cultural, nombres como María Fidalgo, la Escuela de Música Bellón Maceiras, Los Limones y el actor Javier Gutiérrez evidencian la riqueza creativa de la comarca. El compromiso social tuvo su reconocimiento en el Museo Naval y el programa Aprendizaxe Servizo de la UDC, mientras que el deporte encontró su espacio en la peña racinguista Morandeira y el Memorial Adolfo Ros. El esfuerzo empresarial fue encarnado por Zahara, y el sentimiento de pertenencia, el llamado ferrolanismo, quedó representado en el Casino de Ferrol y los Amigos del Museo de Ferrol.

La gala contó con la conducción de Joaquín Enríquez Díaz, cuya sobriedad, cercanía y precisión en los tiempos aportaron equilibrio y coherencia al conjunto del acto. Con una voz serena y un estilo cuidado, supo acompañar cada reconocimiento, dotándolo de sentido y emoción sin caer en excesos, guiando al público con naturalidad y contribuyendo de manera decisiva a crear un clima de respeto, calidez y auténtica celebración colectiva. Su intervención no solo ordenó el desarrollo de la gala, sino que ayudó a realzar el valor humano de cada premiado, manteniendo siempre el tono justo entre la solemnidad y la cercanía.

Joaquin Enríquez Díaz presentador de los premios artabros
La gala contó con la conducción de Joaquín Enríquez Díaz, cuya sobriedad, cercanía y precisión en los tiempos aportaron equilibrio y coherencia al conjunto del acto. Con una voz serena y un estilo cuidado, supo acompañar cada reconocimiento, dotándolo de sentido y emoción sin caer en excesos, guiando al público con naturalidad y contribuyendo de manera decisiva a crear un clima de respeto, calidez y auténtica celebración colectiva. Su intervención no solo ordenó el desarrollo de la gala, sino que ayudó a realzar el valor humano de cada premiado, manteniendo siempre el tono justo entre la solemnidad y la cercanía.

Lejos de ser un simple listado de premios, este reconocimiento actúa como un motor de incentivación colectiva. Cada galardón es un mensaje claro: el esfuerzo merece la pena, el compromiso tiene eco y el trabajo bien hecho encuentra su lugar. En una sociedad donde a menudo prevalece la crítica fácil o el desaliento, iniciativas como esta funcionan como un auténtico revulsivo moral, impulsando a personas y asociaciones a seguir construyendo comunidad desde sus respectivos ámbitos.

La figura de Pedro Sanz emerge aquí con una dimensión que va más allá del periodismo. Su labor lo sitúa como un verdadero dinamizador social, alguien que teje vínculos, refuerza identidades y combate el pesimismo con constancia y cercanía. Incluso en el ámbito pastoral, dentro de la diócesis de Mondoñedo-Ferrol, su aportación revela esa misma convicción de que comunicar es, en el fondo, servir: servir a la verdad, a la esperanza y al encuentro entre las personas.

En un momento en el que proliferan las noticias falsas y la información fragmentada, su ejemplo recuerda que el periodismo sigue siendo, ante todo, una vocación. Una vocación que exige sacrificio, rigor y una mirada limpia sobre la realidad. Detrás de cada crónica, de cada gala organizada con esfuerzo, hay una intención clara: que ninguna historia valiosa quede en la sombra y que una comunidad entera pueda reconocerse en lo mejor de sí misma.

Quizá ahí resida la clave del buen periodismo: no en amplificar el ruido, sino en encender pequeñas luces que permitan a una sociedad verse con verdad y dignidad. Quince años después, Galicia Ártabra demuestra que ese camino no solo es posible, sino necesario. Porque cuando el periodismo se pone al servicio del bien común, deja de ser un simple relato de lo que ocurre para convertirse en un auténtico motor de esperanza.

Premios Galicia Artabra. Naron Kids campeonas del mundo de danza coreografica
Quizá ahí resida la clave del buen periodismo: no en amplificar el ruido, sino en encender pequeñas luces que permitan a una sociedad verse con verdad y dignidad. Quince años después, Galicia Ártabra demuestra que ese camino no solo es posible, sino necesario

En tiempos de ruido, prisa y desinformación, el verdadero periodismo no busca impacto, sino verdad y servicio.

Ejemplos como Pedro Sanz y Galicia Ártabra demuestran que aún es posible informar encendiendo luz en la comunidad.

A sus 84 años, con la lucidez de quien conoce a fondo la historia y el alma de su tierra, Pedro sigue demostrando —como él mismo afirma— que la vocación no se jubila. “El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel” (Lc 16,10): una máxima que resume su entrega diaria y su empeño por poner en valor a quienes, desde el trabajo silencioso, construyen esperanza.

Su trabajo no es solo narrar lo que sucede, sino reconocer lo que merece ser contado, dignificando a una comarca que tantas veces ha tenido que levantarse contra la adversidad. En cada crónica, en cada iniciativa, late una convicción profunda: que hay historias buenas que necesitan ser contadas para no desaparecer.

Por eso, su labor trasciende lo informativo y se convierte en impulso, en aliento colectivo, en una forma de recordar que una comunidad crece cuando se reconoce a sí misma. Frente al desaliento, su mirada insiste en lo esencial: poner luz donde otros solo ven sombra.

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