Aporofobia en San Antón: cuando lo que molesta son los pobres
Desde hace once años, la iglesia '24 horas' del padre Ángel en San Antón viene soportando una campaña de acoso por parte de quienes, en el fondo, solo tienen un problema: no les gusta ver a los pobres
Sucede prácticamente cada verano. Si no son los vecinos, son los comerciantes, o el mismo Ayuntamiento. Cada uno por una razón distinta: el ruido, la suciedad, supuestas peleas, supuesto menudeo de drogas... Desde hace once años, la iglesia '24 horas' del padre Ángel en San Antón viene soportando una campaña de acoso por parte de quienes, en el fondo, solo tienen un problema: no les gusta ver a los pobres.
Les fastidian el negocio, 'rompen' el 'equilibrio' de una zona de comercio, glamour y fiesta, almas de la cultura de Madrid. Se olvidan que en el espíritu de la capital está, especialmente, la acogida, la atención a la diversidad. Porque 'de Madrid al cielo', porque (parafraseando al Papa León) "todos somos de Madrid". Ya 'ocultaron' convenientemente a los pobres durante la visita del pontífice a Madrid, y ahora parecen decididos a hacer lo mismo. La tormenta de verano de la aporofobia, aderezada en esta ocasión de comportamientos racistas, xenófobos e islamófobos.
En el fondo, la historia de siempre: los ricos no quieren saber nada de los pobres. No quieren verlos, no quieren tenerlos cerca. A lo sumo, les acercan a la mesa en Navidad, como en la clásica 'Plácido'. Y es que algunos gestos parece que vienen para quedarse. Son los mismos que no entienden que se puede estar con los ceutíes, y con los migrantes que cruzaron la frontera y no quieren regresar a Marruecos (ellos no son 'invasores', sino gente que escapa de un horizonte de sufrimiento, hambre y muerte). Las fronteras no están tan lejos. Algunas, a pocos pasos del 'kilómetro 0'. Allá donde se cruzan los caminos, que cantaba Sabina, y donde ahora se puede repetir la frase que borró el cantautor de Úbeda a partir de la segunda versión de su himno a la capital: "Aquí no queda sitio para nadie". O, al menos, para los pobres.
Mientras tanto, desde Mensajeros de la Paz, la ONG del padre Ángel, prefieren mirar hacia adelante. Seguirán trabajando por los más desfavorecidos, en Haití, en Salvador, en Venezuela, en Gaza, y también en San Antón. Que nació con el apoyo del cardenal Osoro como un lugar de acogida. Porque la solidaridad no descansa ni en Nochebuena. Porque todos los días se necesita un desayuno caliente, escucha, cercanía, orientación social, apoyo y atención pastoral para afrontar sus dificultades y avanzar hacia nuevas oportunidades.
Porque muchos de los voluntarios, afortunadamente, tambnién son vecinos del barrio, conscientes de que la pobreza es una realidad que no se soluciona ocultándola, sino trabajando por visibilizarla. Porque en San Antón nadie es invisible, nadie sobra. Si acaso, aquellos a los que le da vergüenza tener cerca a los pobres.