Nuevo curso: es hora de que el Nuncio se haga mayor (y que todos empiecen a trabajar)
Piero Pioppo, Barcelona y el cambio de rostro de la Iglesia española. Torreciudad (y lo que está más allá) o el futuro de la diócesis de Rabat, al comienzo de un curso decisivo para León XIV, en el #resumensemanal de @bastantejesus en @religondigit
Comienzan las clases, y esperamos que con ellas, arranque, por fin, el nuevo curso en la Iglesia española. Un curso en el que hacer vida los ecos del histórico viaje de León XIV a España. Pero, de momento, no se ven los frutos. Es más: parece que los obispos han sido los primeros en olvidar las palabras de Prevost en el Congreso de los Diputados, o sus constantes denuncias sobre el drama de la migración en Madrid, Barcelona o Canarias.
El clamoroso silencio de la práctica totalidad del episcopado español ante el drama de Ceuta (salvo honrosísimas excepciones, como García Cadiñanos o Satué, y otras ciertamente bochornosas, como la de Sanz) pone negro sobre blanco cómo seguimos sin aprender las lecciones del Evangelio. El miedo a lo que puede venir, o la tentación de conservar privilegios o amañar posiciones (y cargos) futuros, puede más.
En este contexto, parece necesario posar la mirada en el palacio de la Avenida Pío XII 46, la sede de la Nunciatura. Más allá de que algunas informaciones de la prensa italiana colocan a Piero Pioppo más cerca de la Secretaría de Estado que de su actual función, lo cierto es que toca ponerse las pilas y empezar a trabajar. Una decena de obispos está a la espera de renuncia, cuatro sedes siguen vacantes, y alguna va para años, sin obispo, por no hablar de aquellas que, técnicamente, parecen haberse unido a otras.
El ‘atasco’ de Barcelona, que sin duda marcará el presente y el futuro de la relación de poderes en el episcopado, marcará el comienzo de un carrusel de nombramientos. Algunos, desde el poder mediático, político y eclesial, llevan tiempo afilando sus armas y estrategias. Otros, los llamados a liderar un futuro que está a las puertas, parecen estar esperando. Y quien espera… tiende a desesperar.
Entretanto, la actualidad no para. En estas últimas horas hemos vivido la decisión papal, consensuada con el cardenal López Romero, de nombrar un coadjutor para Rabat. Una señal de confianza a falta de una investigación canónica que todavía no ha concluido, y que es preciso que se haga, y que se cuente. También, el nuevo pulso en torno a Torreciudad (que, no nos engañemos, va mucho, mucho más allá de Torreciudad) ha despertado a algunos que querían parecer dormidos.
León, que afina las cuerdas de un otoño calentísimo (Francia, aniversario de Amoris Laetitia, gira americana, ¿consistorio?), echa las redes en las canteras para continuar caminando, manteniendo la herencia, a grandes rasgos, del pontificado de Francisco. Su apoyo explícito al encuentro sobre Fratelli Tutti, coordinado con éxito por Emilce Cuda, así lo demuestra. Pero queda mucho por hacer. Y muchas presiones que el tiempo se ocupa de enquistar. Y, nosotros, como no puede ser de otro modo, de contar.
Que pasen un buen domingo.