Crisis de la democracia I
El teólogo y escriturista belga José Combllin, residente en Brasil, acude a la Biblia para hablarnos de la democracia. El libro sagrado da una
visión del mundo, en la que una minoría detenta todos los poderes y oprime a las mayorías, exigiendo de ellas que apoyen su poder y lo hagan crecer: la sociedad se divide entre dominadores y dominados.
Es lo que la modernidad negaba y quería resolver. Creyó que la democracia instituida después de las revolucione en Gran Bretaña, Estados Unidos y Francia iba a constituir una sociedad de hombres libres, iguales y fraternos (se olvidan de las mujeres). En la sociedad moderna ya no existiría la dominación. O mejor, no se consideraba el problema de la dominación, sino más bien el problema de la división del poder entre los poderosos.
Jesús piensa lo siguiente de la situación política del mundo: "Sabéis que los jefes de las naciones las gobiernan como señores abasolutos, y los grandes los oprimen con su poder" (Mt 20, 25). Esta es la situación y el desafío de la política. Hay una minoría que oprime y una mayoría oprimida.
Jesús lo constata en su tiempo y lo mismo ocurría en tiempo de los profetas. Todavía subsiste el problema en el mundo hoy.
El desafío para todos es: ¿cómo superar la situación de dominación, que es el primer problema de la política? Pues para gobernar con justicia es necesario reprimir a los dominadores y liberar a los dominados. Esto es
lo que se explica en la figura del rey en el Salmo 72. En una sociedad de dominación, el papel del rey, o sea, de la autoridad política es reprimir a los poderosos y levantar a los oprimidos.
Esta doctrina estuvo en la base de la doctrina política de la cristiandad. La Iglesia creó la figura del rey cristiano y este era el defensor de los pobres y el que reprimía a los señores de la tierra que dominaban a los pobres campesinos. La figura del rey cristiano es parte de una ideología más completa que es el código del caballero cristiano. Éste es el defensor de las viudas y de los huérfanos.
Su espada está al servico de los opromidos y su arma ayuda a luchar contra los opresores del pueblo. El ideal del caballero cristiano fue enseñado a los hijos de la nobleza, aunque no siempre los niños aplicaban en su edad adulta las lecciones que habían aprendido sobre el noble caballero.
Durante siglos permaneció la ilusión de que el clero podría por ese medio encontrar la justicia. Creyó que su influjo sobre la nobleza y los monarcas sería suficiente para garantizar la justicia. Sin embargo la alianza entre la jerarquía y la nobleza era demasiado estrecha. Casi todos los obisposn eran de familias nobles y no tenían voluntad de exigir la aplicación del ideal justiciero que su familia no aplicaba.
No obstante, es bueno saber que durante toda su historia algunos no perdieron de vista que el problema político básico era la lucha contra los poderosos, contra los dueños de la tierra y todos sus poderres. Defendieron esa doctrina, aunque no lograron realizarla en la práctica.
Vino la democracia moderna con su ideología optimista. Creyeron que por una Constitución se podría establecer la igualdad entre todos los habitantes del país. Creyeron que los tribunales aplicarían sus leyes de la misma manera a todos y creyeron que la elección de representantes sería la garantía de que los pobres podrían exigir justicia porque ellos mismos harían las leyes.
La democracia sería el advenimiento de la libertad, igualdad, fraternidad, el reino de la razón sobre la fuerza, el Estado en manos de la nación, y la nación una sociedad justa. El poder estaría en manos de la nación,y, por tanto, ya no habría problena de dominación. Las antiguas clases privilegiadas que mantenían un poder dominante, el episcopado y la nobleza, habían perdido su fuerza, ya no había clase privilegiada.
Ver J. Comblin, "La crisis de la democracia y búsqueda de nuevos rumbos"
Rev. Éxodo nº 104, junio 2010