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Misa de los Quilombos 3

Tierra nuestra libertad

Esta es la tierra nuestra

¡la libertad,

humanos!

Esta es la tierra nuestra:

¡la de todos,

hermanos!

La Tierra de los hombres

que caminan por ella

a pie desnudo y pobre.

Que en ella nacen, de ella,

como troncos de Espíritu y de Carne.

Que se entierran en ella

como siembra

de Ceniza y de Espíritu,

para hacerla fecunda como a una esposa madre.

Que se entrega a ella,

cada día,

y la entregan a Dios y al Universo,

en pensamiento y en sudor,

en su alegría y en su dolor,

con la mirada

y con la azada

y con el verso...

¡Prostitutos creídos

de la Madre común,

sus malnacidos!

¡Malditas sean

las cercas vuestras,

las que os cercan

por dentro,

gordos, solos,

como cerdos cebados,

cerrando, con sus títulos y alambres,

fuera de vuestro amor

a los hermanos!

(¡Fuera de sus derechos

sus hijos, sus llantos y sus muertos,

sus brazos y su arroz!

Cerrándoos

fuera de los hermanos

y de Dios!

¡Malditas sean

todas las cercas!

¡Malditas todas las

propiedades privadas

que nos privan

de vivir y de amar!

¡Malditas sean todas las leyes,

amañadas por unas pocas manos

para amparar cercas y bueyes

y hacer la Tierra esclava

y esclavos los humanos!

¡Otra es la tierra nuestra, hombres, todos!

¡La humana tierra libre, hermanos

(CEL, 15)

Pedro Casaldáliga, obispo

Al acecho del Reino, 71-72.

La rosa convocada

Todos los que entendeis directamente

la locura sensata del Quijote,

el brazo levantado de Las Casas

conminando al Imperio y a la Iglesia,

la canción de Neruda

despertando la sangre y los volcanes.

(El solitario ojo de Camoens

obsesionado sobre el mar las velas).

Todos los que queremos ser nosotros:

blandamos esta lengua

que fue conquistadora,

tornándola bandera de conquistada

libertad, hermanos.

Hagámosla, entre todos,

fraterna servifora del Canto primigenio,

intérprete novicia del Mito sofocado,

biznieta recobrada de los Muertos rebeldes.

¡Digamos

a una voz

la consigna del Día!

(Mañana será tarde nuevamente.

La libertad nos besa con urgencia de cita).

Convoquemos los pétalos

de todos los acentos -a veces fratricidas-

en una sola rosa declarada:

América Amerindia, Afro-América, América Criolla,

¡la Libre Patria Grande!

(CEL, 25)

Pedro Casaldáliga, obispo

Al acecho del Reino, 132-133

--La pregunda forzada es ¿qué hacemos nosotros para instaurar esta libertad evangélica en todo el mundo?

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