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Nueva Teología Política Europea (curso)

Fotografía de Bonhoeffer

en la portada del libro

Cristianismo y Secularidad

Francisco Margallo Bazago

Conclusión del curso teológico

La nueva teología política surgida del Vaticano II, con vocación de teología fundamental, según sus autores, acoge las ofertas provenientes de todos los movimientos de liberación existentes hoy en el mundo, como destellos históricos del reino de Dios en nuestro tiempo, que ha de manifestarse en formas concretas de justicia social, libertad y paz para los pueblos, a pesar de que esto sean sólo ofertas parciales que no pueden realizar el reino de Dios en toda su plenitud.

El ya, pero todavía no, sigue en vigor. A este propósito hay que subrayar la dinámica sociopolítica que se ha desarrollado últimamente en la reflexión de la esperanza cristiana en relación con las utopías históricas, en las que se da un adelanto del esjatón final a través de los comportamientos solidarios de los hombres.

Es esta la mejor manifestación de que el mensaje del cristianismo no tiene un carácter individual e interiorizante, sino que conlleva un serio compromiso en la trasfornación de la sociedad y del mundo. Es decir, en la vivencia de la fe el elemento escatológico y el encarnatorio son indisociables, es más, el uno es condición de la verdad del otro.

Digamos finalmente que el movimiento utópico emancipador contemporáneo se reconoce explícitamente deudor de la tradición judeocristiana, sin ella éste no hubiera sido posible. Pero también él ha ayudado al redescubrimiento de la dimensión utópico-mesiánica del cristianismo en la actualidad y a profundizar exegética y teológicamente en la influencia de la esperanza cristiana en las utopías históricas.

Por todo esto, la nueva teología política posconciliar ha recuperado la utopía en oposición al estatismo de la teología tradicional. Y se niega a identificar fe cristiana y conservadurismo, porque en la tradición profética hay muchos elementos utópicos y de crítica social.

Utopía es para ella el término que recoge los anhelos de felicidad del hombre que se encuentran en la tradición judeocristiana y lamenta que durante muchos siglos los cristianos y las iglesias hayan esperado en el más allá el comienzo de un mundo nuevo. En sintonía con la Constitución pastoral del Vaticano II considera esto una deserción de la esperanza mesiánica, que ofrece innumerables testimonios de una vida mejor para la tierra.

Asimismo no aprueba el apoliticismo de los ciudadanos, particularmente de los cristianos, que tienen el deber de comprometerse en favor de un nuevo orden social en el mundo. Es así como el reino de Dios que permanece oculto a causa de las injusticias de los hombres, emerge entre nosotros.

Esta es una tarea que pertenece a la esencia de la fe cristiana que es histórica y no puede ser ajena a las realidades temporales asumidas por la encarnación de Cristo. Después del Vaticano II no tiene justificación que los cristianos nos empeñemos en vivir la fe en un intimismo privado, de espaldas a la dimensión pública y de encarnación en el mundo que la caracteriza. Evidentemente, no se trata de recuperar los espacios sagrados perdidos, sino de salvar al hombre y a la mujer como sujetos de la historia, para que ellos sean los protagonistas de su propio destino.

Texto portada

La nueva teología contenida en este manual surge del concilio Vaticano II con vocación de teología fundamental, pero su lenguaje es distinto del escolástico. Ella, en lugar de partir de la sistematización de las SS. Escrituras, los dogmas y la tradición cristiana, parte de la situación del hombre en el mundo y de los postulados de la sociedad moderna.

El calificativo de política se debe a su incidencia en la problemática de la sociedad y en la vertiente social de la vida humana. Su intención es que los cristianos sepan hacer la conjunción entre la acción política, que les corresponde como hombres y como ciudadanos, con los objetos de la fe. En consecuencia, el mismo credo cristiano será leído por ella más humana e intramundanamente para ser vivido con un mayor compromiso en la sociedad.

Es una teología que nace en el torbellino secularizador que envuelve hoy al mundo, pero ella lo acepta con naturalidad, porque lo considera dentro del dinamismo encarnatorio del cristianismo.

La apertura del Vaticano II al mundo y la valoración positiva de la secularización, que eso significa, es el aspecto más innovador del Concilio y también el mejor aval de esta teología. No en vano el el proyecto de Juan XXIII al convocarlo fue presentar el mensaje cristiano de forma que diera respuesta a las exigencias de la modernidad y su cultura, cuya característica más notable es la secularidad o laicidad.

Por eso si la teología quiere comunicarse con el hombre de hoy ha de hacerlo en su mismo lenguaje. Esto es condición indispensable para ser comprendida, de lo contrario habla en el vacío. La identidad del lenguaje en los interlocutores es esencial. El hombre actual laico en su mayoría no capta el lenguaje religioso trascendente, pero sí entiende todo lo referido a la vida del hombre en la sociedad y en el mundo.

De ahí que el acierto de la nueva teología ha sido habernos hecho tomar conciencia de que el centro de verificación de la fe cristiana está en la atención que prestamos al hombre imagen visible de Dios invisible. Este es el núcleo del Evangelio (Mt 7, 21; 1 Jn, 4). Por lo que es una teología profundamente evangélica, a pesar de las acusaciones de increencia de que ha sido objeto no pocas veces.

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Cristianismo y Secularidad

Manual de Nueva Teología Política Europea

Ed Tirant los Blanch, Valencia 2007

Por Francisco Margallo Bazago

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Terminamos así este curso de teología, seguirá ahí por si queréis acudir a él. El próximo martes comenzamos otro, esta vez sobre la teología de Ignacio Ellacuría.

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