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Que acabe ya la guerra

Al acecho de Reino

Pedro Casaldáliga

Religión y revolución

¿Puede ser la religión también revolución? O mejor ¿Puede dejar de ser revolución la fe cristiana? Es posible, se pregunta y responde el obispo Pedro Casaldáiga, aunque en el Primer Mundo la palabra "Revolución" espante. ¡Tantas revoluciones se orientaron drásticamente hacia la muerte!

Pero la Revolución de la que el obispo habla es la de la conversión de la Sociedad: la transformación radical de las estructuras, que oprimen y subyugan, cuando deberían liberar humanamente e interrelacionar en fraternidad.

La revolución no es un mal. Las banderas de la Revolución que nosotros todavía empuñamos _ingenuos, utópicos, "evangélicos"_caen del lado de la vida y de la esperanza de los Pobres, "los condenados de la Tierra", "los preferidos del Padre". (Del Prólogo de las ediciones estadonudense y alemana del libro de Frei Betto "Fidel y la religión").

Díez Alegría escandalizó mucho cuando dijo: Marx me ha llevado a redescubrir a Cristo. Por su parte, Javier Dominguez confesaba: "En mí ha sido exactamente al revés: el estudio de la Biblia y del movimiento revolucionario cristiano me ha llevado a la comprnsión del materialismo histórico. A mí, dice P. Casaldáliga, la vida diaria, a la luz de la Fe, el diario y creciente contacto con los pobres y oprimidos _por el imperativo de la Caridad_ me han llevado a la comprensión de la dialéctica marxista y a una metanoia política total...

Por la noche, hasta las once, solos, con la "ciudad" apagada y una inmensa luna despierta, Manuel y yo escuchamos por el transisitor el final del Primer Festival Universitario de música popular brasileña: "Qué bacanal", "Senhora del luar", "Vem, companheiro, ¡Che!" _homenaje y llamada al mártir del Continente.

Otra vez Che Guevara. Y América. Y la muerte. Y los pobres. Con una grande Paz, porque sé en Cristo, que todo es Gracia, y espero en él a través de todas las circunstancias, por fútiles, dolorosas o paradójicas que estas sean. Rezo por el Che. Siento que él, a estas horas, ya conocerá la fuerza suprema de la violencia del Amor. "Sin perder nunca la ternura" había pedido él...

Che Guevara

Y, por fin, llegó también tu muerte

desde la seca luz de Vallegrande.

Yo, Che, sigo creyendo

en la violencia del Amor: tú mismo

decías que "es preciso endurecerse

sin perder nunca la ternura".

Pero tú me llamaste. También tú.

(Los dolorosos gritos compartidos.

Las múltiples miradas muribundas.

La inerte compasión exasperante.

Las sabias soluciones a distancia...

¡América, los pobres, el tercer mundo ese,

cuando no hay más que un mundo,

de Dios y de los hombres!.

Escucho al transistor, cómo te canta

la juventud rebelde,

mientras en Araguaia late a mis pies,

como una arteria viva,

transido por la luna casi llena.

Se apaga toda luz. Y es sólo noche.

Me cercan los amigos lejanos, venideros.

("Por lo menos tu ausencia es bien real",

gime otra canción...Oh la Presencia

en quien yo creo, Che,

a Quien yo vivo,

en Quien yo espero apasionadamente!

...A estas horas tú sabes bastante

de encuentros y respuestas.)

Descansa en paz. Y aguarda ya seguro,

con el pecho curado

del asma del cansancio;

limpio de odio el mirar agonizante,

sin más armas, amigo,

que la espada desnuda de tu muerte

Morir siempre es vencer

desde que un día

Alguien murió por todos, como todos,

matado como muchos...

Ni los buenos de un lado,

ni los malos del otro,

entenderán mi canto a tu memoria.

Dirán que soy poeta simplemente.

Pensarán que la moda me ha podido.

Recordarán que soy un cura "nuevo".

¡Me importa todo igual!

Somos amigos

y hablo contigo ahora

a través de la muerte que nos une;

alargándote un ramo de esperanza,

¡todo un bosque florido

de iberoamericanos jacarandás perennes,

querido Che Guevara!.

P. Casaldáliga,

Al acecho del Reino,

Ed Nueva Utopía 1989

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