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Luis Marín San Martín, nuevo limosnero papal

La cigüeña sobre el campanario

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La blanca cigüeña,

como un garabato,

tranquila y deforme, ¡tan disparatada!

sobre el campanario.

Antonio Machado

¡Yo creo en la esperanza...!

El credo que ha dado sentido a mi vida

4. El Cristo de mi fe

II. Descubrimiento de la Religión

Verdadera

3. Conciencia cristiana y marxismo

Una última cuestión de excepcional gravedad.

Marx en el punto que hemos estudiado aquí, es una superación de Hegel que no puede ser superado con Hegel. Hegel representa bien, certeramente, las raices espirituales del capitalismo decimonónico

Sin duda, el capitalismo actual, en los países democráticos desarrollados económicamente, ha evolucionado no levemente. Pero, cierto, no por una superación de aquellas raíces patentizadas en la dialéctica hegeliana del "amo" y el "esclavo", sino por un compromiso a impulsos de una lucha de clases (otra vez Marx tiene aquí más razón que Hegel), lucha que, ciertamente se ha mostrado más compleja de lo que el "modelo" dialéctico de Marx hacía suponer.

En la tensión dialéctica que pone al capitalismo y al comunismo, no hay otra auténtica mediación posible que la reconciliación en un amor opore et veritate realizador de la justicia. Pero tal vez esté lejano el día de la gran metanóminoia, y el mundo deba ser purgado aún en mayor aflicción. En todo caso, los verdaderos "hijos de la luz", estén donde estén trabajen con amor, bajo el signo de la esperanza.

Visto a una docena de años de distancia, este escrito me resulta todavía fundamentalmente válido. Significó una etapa muy importante en el proceso de esclarecimiento de mi conciencia cristiana. Fue la intuición de que el capitalismo no es una mera técnica económica, neutral desde el punto de vista humanista, ni mucho menos una necesidad inscrita en la naturaleza de las cosas, que sería constatada y analizada por la "ciencia", sino resultado de una voluntad de explotación, de una violencia opresora, de una estructura de mecanismos de explotación.

Esta intuición ha sido para mí irreversible. Le soy deudor de ella a Hegel, que con su genial penetración me descubrió, de una vez para siempre, el entramado íntimo de la aventura del capitalismo burgués y de todas las aventuras de explotación socioeconómico precapitalista.

Fue la compresión de que hay que decir "no" a la explotación y a las estructuras de explotación. De esta comprensión le soy deudor a Carlos Marx. Porque la mentalidad católica de los años cincuenta más que ayudarme a llegar a esa comprensión, me sirvió de fuerte obstáculo para ello.

Habiendo comprendido que hay que decir "no" a la explotación, no sólo, naturalmente, de palabra, sino con la acción militante, la reflexión cristiana me hizo avanzar por un camino nuevo. Se me planteó en términos insospechados el problema de la religión verdadera y falsa.

Junto a estos aspectos positivos, definitivamente válidos, encuentro hoy, en el análisis de "Tres actitudes constitutivas de la persona en la convivencia humana", algunas limitaciones, que más tarde he superado.

Ver: JM. Díez-Alegría, ¡Yo creo en la Esperanza". El Credo que ha dado Sentido a mi Vida

Desclée de Brouwer 1972

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