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La venganza de la Torá

Desgarro profético

Son los profetas los que verdaderamente sienten -a lo largo de todas las corrientes teológicas- el asco ante los que se aprovechan de Yahvé.

Detesto y rehúso vuestras fiestas,

no me aplacan vuestras reuniones litúrgicas;

por muchos olocaustos y ofrendas

que me traigáis,

no los aceptaré ni miraré vuestras víctimas cebadas.

Retirad de mi presencia el barullo de los cantos.

(Amós, 5, 21-23).

No es posible entender la historia del llamado pueblo de Dios sin los profetas. El Pentateuco -estuche de cinco libros- o lo que en lenguaje hebreo es la Torá estaría cojo sin los Profetas. La Ley (el Pentateuco) y los profetas son las dos columnas que sustentan la llamada "historia de salvación".

En el Antiguo Testamento la palabra profeta, aunque es bella, ha quedado tocada con el tiempo. El profeta no es un adivino que "ve" el futuro. En el Antiguo Testamento, el profeta es un hombre de fe, libre, de oración, que ve el presente, lo que ocurre a su alrededor, e increpa con libertad, a veces con terrible indignación y temeridad, a la sociedad, a reyes y a sacerdotes, a los palacios y al mismísimo templo. La voz del profeta es, con frecuencia, un trueno, una espada que no deja títire con cabeza, de ahí que acabaran la mayoría apedreados, desterrados o asesinados:

Oseas es tenido como un necio o loco.

Jeremías, acusado de traidor, llevado a a la cárcel y tiene que huir.

Miqueas metido en la cárcel

Zacarías apedreado

Urías, acuchillado.

"¡Jerusalén, Jerusalém, que matas a los profetas

y apedreas a los que se te envían!"

Jesús sabía lo que era un profeta. Conoció al último del Antiguo Testamento, y se bautizó ante su presencia. Y observó que el poder no los aguanta.

Los profetas no fundan sectas ni abandonan la fe israelita. Se quejan desde dentro. Dicen su verdad desde dentro. A ninguno le pasa por la cabeza fundar otra religión ni otra Ley ni otro Templo. Si son apedreados, son apedreados dentro.

Los profetas son hombres obsesionados por Yahvé y lanzan un grito de protesta por el uso que hacen los poderosos de las tradiciones y de las creencias religiosas en nombre de Yahvé.

Es verdad que no sólo increpan a los poderosos. Pero la mayoría de sus duras críticas se dirigen a ellos porque aplastan a los débiles y se sienten invulnerables.

El profeta es distinto del historiador bíblico. Los dos -profeta e historiador- parten de un presente desagradable.

El historiador, -los que redactan la historia del pueblo- lo hace para intentar comprender ese presente incomprensible. Mira hacia atrás buscando alguna ayuda para salvar el presente.

El profeta se empapa del presente, lo ve con ojos de fe y a veces grita y protesta, y a veces consuela y anima.

Historiador y profeta buscan lo mismo, a Yahvé, de ahí que para el israelita la Palabra de Dios está en la Ley

(Pentateuco)y en los profetas.

--L. Alemán Mur, La ingenuidad de Jesús.

La venganza de la Torá.Ed Nueva Utopía 2002

www.porunmundomasjusto.com

Un partido político.

---Virtudes públicas o laicas

en José Ortega y Gasset

http://Fmargallo.bubok.com

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