Jesús de Nazaret. Aproximación histórica, de José Antonio Pagola: una hermenéutica liberadora
Quiero sumarme al reciente homenaje a José Antonio Pagola con una reflexión sobre su libro Jesús. Aproximación histórica, publicado por la editorial PPC en 2007, que cuenta con numerosas ediciones en castellano y ha sido traducido a numerosos idiomas.
La crisis de Dios, de las religiones y de las iglesias no ha logrado acallar el interés de los investigadores e investigadoras por la figura de Jesús, considerado el fundador del cristianismo, nacido quizá en Nazaret, una pequeña y desconocida aldea de las montañas de la Baja Galilea, a quien John Dominic Crossan, destacado especialista en el estudio del Jesús histórico, define como “un campesino judío” y John P. Meier, uno de los más relevantes investigadores bíblicos actuales, como “un judío marginal”.
Dos mil años después de su nacimiento, la gente continúa preguntándose todavía por la identidad del profeta de Nazaret, a quien siguen más de dos mil millones de personas. De él habla con respeto todo el mundo: cristianos de las distintas iglesias, creyentes de las más variadas religiones, no creyentes de diferentes ideologías, hasta los más encarnizados enemigos del cristianismo como Nietzsche, que sentía una especial predilección por Jesús, a quien llama “buen mensajero”, mientras que calificaba a Pablo de Tarso de “disangelista”.
Al coro de personas que hablan bien de Jesús se sumó hace casi 20 años el teólogo José Antonio Pagola, con su documentado libro Jesús. Aproximación histórica (PPC, 2007), que en su día escandalizó a algunos obispos y teólogos católicos, que no dudaron en acusarlo de arriano, la misma acusación que recibí cuatro años antes, en 2003, por mi libro Dios y Jesús. El horizonte de Jesús de Nazaret (Trotta, Madrid, 2000; 2006, 4ª ed.). ¿Tan distorsionada era la imagen de Jesús que ofrecía el teólogo vasco para recibir tan severo calificativo? Todo lo contrario. Veámoslo.
El Jesús de Pagola no hace grandes discursos teológicos, ni cita los libros sagrados prolijamente. Entre otras cosas porque, al decir de Fernando Pessoa, “no tenía biblioteca, ni sabía de finanzas”
El Jesús de Pagola no hace grandes discursos teológicos, ni cita los libros sagrados prolijamente. Entre otras cosas porque, al decir de Fernando Pessoa, “no tenía biblioteca, ni sabía de finanzas”. Habla a la gente, mayoritariamente del campo, donde se crió, desde la vida, desde la experiencia, y todo el mundo le entiende, aunque trate de temas profundos, porque recurre al lenguaje creativo de los poetas: inventa imágenes, utiliza bellas metáforas y narra parábolas. Jesús es maestro de vida, pero un maestro poco convencional, que nada tiene que ver con los intérpretes de la ley o con los escribas que trabajaban al servicio de la jerarquía sacerdotal del Templo.
Es un maestro heterodoxo que pone en cuestión la religión convencional y muta la lectura fundamentalista de los textos sagrados por una hermenéutica liberadora. Sirvan de prueba dos ejemplos: su interpretación del profeta Isaías en la sinagoga de Nazaret y la respuesta a los discípulos de Juan Bautista, que le preguntan si él es el que ha venir o esperan a otro. En la sinagoga de su pueblo natal lee el siguiente texto de Isaías:
“El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para dar la Buena Noticia a los pobres. Me envió a anunciar a los prisioneros la liberación, y a los ciegos que verían otra vez; a llevar la libertad a los oprimidos, a anunciar el año de gracia del Señor” (Lc 4,16-21; cf. Is 61,1-2).
Tras la lectura, se puso a explicarles: “Hoy se cumple esta escritura ante vuestros oídos”.
Ante la pregunta de los emisarios de Juan el Bautista si era él el que habría de venir o esperaban a otro, Jesús responde en similares términos: “Id a anunciar a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los mutilados caminan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, y a los pobres se les da la Buena Noticia” (Lc 7,22).
Jesús es un sabio que enseña con autoridad, la que emana de su testimonio y su autenticidad de vida, que no absolutiza la tradición, sino que con frecuencia la corrige y la reinterpreta de manera humanista. Predica y promueve el reino de Dios no como realidad espacial inaccesible, sino como proyecto de justicia y de compasión para los excluidos del sistema político y religioso, como lugar de encuentro entre el proyecto liberador de Dios para los condenados de la tierra y los proyectos utópicos de otro mundo mejor.
Crea un movimiento igualitario de hombres y mujeres sin dominación masculina, cosa muy difícil, por no decir imposible, en aquella sociedad patriarcal. Es amigo de las mujeres. “Su amiga más entrañable y querida” es María Magdalena, que, al decir de Pagola, “ocupa un lugar especial en su corazón y en el grupo de discípulos” y lidera el grupo de las discípulas.
La actividad pública de Jesús resulta conflictiva y genera indignación en el poder romano. Por eso su final era de esperar y resultaba la crónica de una muerte anunciada: las autoridades religiosas le entregan y las autoridades romanas le condenan a muerte, y no a una muerte cualquiera, sino a una muerte en la cruz. Se convierte así en un “mártir” por el reino de Dios, en el “protomártir del cristianismo”, como le define Pedro Casaldáliga.
¿Motivo? Haber denunciado el sistema vigente y solidarizarse con los últimos: pecadores, publicanos, prostitutas, enfermos, mendigos, etc. Tras un momento de desconcierto, las discípulas proclaman que el Crucificado está vivo. Dios le ha dado la razón, le ha hecho justicia y le ha resucitado. ¿Milagro? No, un acto de reparación, de rehabilitación, de reconocimiento.
Tras su muerte se abre así un camino de esperanza a partir de la experiencia de la resurrección, que es, como afirman Leonardo Boff y Jürgen Moltmann, revolución dentro de la evolución e insurrección contra la religión de la ley. El mensaje de la resurrección de Jesús es muy claro: el verdugo no triunfa sobre la víctima y termina por hacerse justicia: la justicia de Dios-Abba, que nada tiene que ver con la justicia punitiva humana; una justicia que conduce a forjar de las ruinas una nueva Tierra y un nuevo Cielo
Cuando se publicó el libro no logré entender por qué la imagen de Jesús que ofrece Pagola pudo sacar de sus casillas a los guardianes de la ortodoxia católica cuando lo que hace el libro es recoger fielmente los resultados de la investigación científica más fiable sobre el Jesús histórico: los métodos histórico-críticos, la hermenéutica feminista, la historia social, la antropología cultural, la sociología del movimiento de Jesús y del cristianismo primitivo, etc.
¿Qué puso en marcha el profeta de Nazaret? ¿Qué dejó detrás? Responde Pagola: “No dejó detrás de sí una ‘Escuela’, al estilo de los filósofos griegos, para seguir ahondando en la verdad última de la realidad. Tampoco pensó en una institución dedicada a garantizar en el mundo la verdadera religión. Jesús puso en marcha un movimiento de ‘seguidores’ que se encargaran de anunciar y promover su proyecto del ‘reino de Dios’. De ahí proviene la Iglesia de Jesús. Por eso nada hay más decisivo para nosotros que reactivar una y otra vez el seguimiento fiel a su persona”.
Cuando se publicó el libro no logré entender por qué la imagen de Jesús que ofrece Pagola pudo sacar de sus casillas a los guardianes de la ortodoxia católica cuando lo que hace el libro es recoger fielmente los resultados de la investigación científica más fiable sobre el Jesús histórico: los métodos histórico-críticos, la hermenéutica feminista, la historia social, la antropología cultural, la sociología del movimiento de Jesús y del cristianismo primitivo, etc.
¿Habría vuelto un sector de la jerarquía de nuevo la espalda a la crítica literaria y se habría aferrado al dogma sin hermenéutica? Por ese camino se llega derechamente al fundamentalismo. Y Jesús estaba muy lejos de ser fundamentalista. Era, al decir de Nietzsche, “un espíritu libre”. No se olvide que en el origen del cristianismo no fue el dogma, sino la Buena Noticia de la liberación de las personas más vulnerables, de las mujeres discriminadas, de los colectivos empobrecidos y de los pueblos oprimidos.