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18.10.26 Dom 28. Jesús y el dinero, el tributo del César (Mt 22, 15.21).

He publicado un libro entero sobre el tema. Economía y teología. No podéis servir a Dios y el dinero, Sal Terrae, Santander 2023. Aquí recojo su parte central, dividida en dos postales. Hoy sobre Jesús y el dinero, el domingo sobre el dinero en la iglesia. El texto dice así:

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron: "Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?" Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: "Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto." Le presentaron un denario. Él les preguntó: "¿De quién son esta cara y esta inscripción?" Le respondieron: "Del César." Entonces les replicó: "Pues devolvedle al César lo que es del César y dad a Dios lo que es de Dios."(Mateo 22,15-21)

 Jesús proponía un nuevo tipo de economía, centrada en la comunión inmediata de bienes (campos) y familia, sin un dinero divinizado en forma de capital autónomo, valioso en sí mismo. Estrictamente hablando, su proyecto se oponía (en un nivel distinto) al orden imperial de Roma, que mantenía su poder armado sobre fundamentos de dinero.

 En ese contexto se sitúa y ha de entenderse el tema clave sobre el tributo del César, que sus adversarios le plantean para “cazarle” en algún tipo de contradicción y así acusarle ante el pueblo (si defiende el tributo del César) o ante la administración romana (si lo rechaza).

 ¿Es lícito pagar impuesto al César o no?"Ésta es la pregunta que le plantean a Jesús en Jerusalén, en el momento clave de su revelación mesiánica. El tema es la moneda del tributo,  que significativamente él no posee, no por casualidad (como si se le hubiera olvidado tomarla), sino por principio, porque no utiliza ese tipo de monedas. Él ha pedido a sus discípulos que anuncien el Reino  sin bolsa de dinero o vestidos de repuesto (Mc 6, 6b-13).

Por eso mismo, Jesús ha dicho al rico que venda lo que tiene, que reparta lo obtenido entre los pobres, para iniciar así un camino donde puedan compartirse casas-campos y relaciones familiares (Mc 10, 17-31). En este contexto se sitúa este relato, que fija las relaciones entre el movimiento de Jesús y el imperio, en el contexto de la tensa situación de Palestina (Israel), que desembocará poco después (tras el 66 d. C.) en una dura guerra contra Roma, que ha de entenderse en clave económica:

‒ Los defensores del Imperio, tenderán a justificar la economía y política de Roma, pagando unos impuestos que se entienden como un modo de participar en ese Imperio, en comunión con otros pueblos cultos de aquel tiempo. El denario del tributo es para ellos una forma de contribuir al orden externo (mundano) de Dios.

‒ Los enemigos del Imperio, entenderán el tributo como atentado contra la sacralidad israelita. Posiblemente, identifican la familia de Dios con el grupo nacional judío y quieren acuñar moneda propia, avalada con el nombre de Jerusalén. Por eso rechazan al César y su impuesto. Diga Jesús lo que diga, podrán acusarle: si afirma, le llamarán colaboracionista; si niega, insumiso, anti-romano.

En su respuesta, Jesús no defiende la oposición violenta (guerra contra Roma), pero tampoco apoya el orden de Roma, pues a quienes le preguntan (le tientan) les responde que devuelvan el dinero a Roma, es decir, al César. En ese contexto, debemos suponer que él fue contrario al pago del tributo a Roma, no sólo por lo que ello implicaba de colaboración con el orden económico del Imperio, sino porque exigía un tipo de economía fundada en el dinero. En esa línea, la respuesta de Jesús (¡devolved al César lo que es del César y dad a Dios lo que es de Dios!) no se puede entender como declaración de guerra contra Roma, pero tampoco como aceptación de su tributo, sino como algo mucho más profundo: una subida de nivel, una llamada a la creación de un tipo de comunión humana distinta de la de Roma.

Según este relato  , Jesús se sitúa “fuera de la ley del dinero”, no en contra, sino al margen de ella, buscando las “cosas de Dios” (cf. Mc 8, 33) más allá del dinero y de la espada, pero no en un plano de ideales espiritualistas, sino de relaciones humanas (como indica en otra perspectiva el Sermón de la Montaña: Mt 5-7; Lc 6, 20-46). Las “cosas” de Dios definen la identidad del proyecto cristiano, en un espacio de gratuidad y pan compartido, no de dinero, desbordando el plano del talión, como sabe Mt 5, 21-48: “habéis oído que se ha dicho; yo, en cambio, os digo…”.

‒ Una alternativa, pagar o no Fariseos y herodianos quieren situar a Jesús ante la alternativa de pagar o rechazar el pago, pero siempre en un plano monetario, en una sociedad campesina en la que apenas corre el dinero, de forma que, para muchos, no existe casi más moneda que la utilizada para los tributos. Pero Jesús ha roto esa alternativa. No se trata de pagar o no pagar, sino de situarse en una dimensión más alta de revelación de Dios, es decir, de humanidad solidaria, por encima de una economía y política fundada en la posesión de la moneda. Jesús no acepta el tributo ni lo rechaza, sino que hace algo más radical, supera el nivel monetario del dinero (pagar o no pagar a Roma), pidiendo que se devuelva a Roma su dinero (con sus impuestos) para situar el tema en clave de evangelio.

‒ Jesús  supera esa alternqtiva, no tiene moneda, por eso se la pide a sus tentadores. Ellos se la traen, y el la mira, preguntando por la inscripción y la imagen rabadas en ella. (a) Por un lado, Jesús quiere superar el nivel de economía en que parecen situarse todo,s para colocarse más allá del dinero. (b) Por otra parte, la moneda del tributo (que los “tentadores” muestran a Jesús), tiene valor de curso legal (económico), pero no es profana, en el sentido moderno del término, pues el Cesar cuya imagen esta grababa en ella actúa como autoridad religiosa, es decir, como signo de la divinidad. También la inscripción (que podía ser “Tiberio César Augusto, hijo del divino Augusto”) tenía carácter sagrado. De esa manera, el tributo de César situaba a los hombre ante un “dios” que actúa por interés de dinero, y eso es lo que Jesús no puede aceptar.

‒ Devolved al César… Jesús no combate con armas contra el César, pero tampoco le obedece (no emplea su dinero), sino que sale fuera del espacio de su dominio, para situarse en un ámbito de vida y convivencia donde ya no sea necesario el tributo del César. Aquellos que le tientan llevan consigo un dinero del César, dispuestos a emplearlo. Pues bien, Jesús les dice que “devuelvan” ese dinero, de modo que no tengan nada que deberle, nada que pagarle. No se trata, por tanto, de luchar en guerra contra el César y su dinero (como pretendían los celotas, para crear después su impuesto), sino de devolverle su dinero, para que haga con él lo que quiera, pues aquello que los cristianos han de construir no se logra con moneda. Jesús no ha caído en la trampa que quieren tenderle (pagar o no pagar), sino que propone otra salida: Devolver la moneda al César, darle lo suyo, salir de su imperio económico. 

‒ Y dad a Dios lo que es de Dios… Sólo allí donde al César se le devuelve la moneda (sin entrar en cálculos con él) se puede dar a Dios lo que es de Dios, es decir, todo lo que somos y tenemos de verdad, inaugurando un tipo de vida distinta, en gratuidad, es decir, sin “capital” imperial, sin la violencia política y económica que simboliza el tributo. Esta palabra de Jesús sobre el impuesto ha de entenderse a la luz de todo el evangelio. Cerrada en sí misma, ella podría tomarse como puro enigma, una salida ingeniosa, llena quizá de ironía, pero recibe su sentido a la luz de aquello que Jesús ha dicho y realizado en su búsqueda de casa y comida compartida. Ciertamente, el dinero valdría para comprar y compartir los panes y peces con los necesitados (cf. 6, 37; 10, 17-22; 14, 3-9), pero Jesús no se ha situado en ese nivel de comprar y vender, sino que ha querido y quiere situar su movimiento (como han mostrado los dos temas anterior: del rico que quiere seguirle y de Pedro que dice que lo han dejado todo….) en un plano de gratuidad y vida compartida. 

Habían querido tenderle una trampa (pagar el tributo oponiéndose al nacionalismo judío, o no pagarlo, enfrentándose con Roma). Pero Jesús se elevó de nivel, sin caer en la trampa de fariseos y herodianos. No dice “sí” (hay que pagar), ni dice “no” (hay que negarse a pagar), sino algo anterior y mucho más profundo: apodote (devolvedle) al César lo que es del César, a fin de “dar” a Dios lo que es de Dios (es decir, para realizar su obra en el mundo).Por eso, el texto acaba diciendo que se admiraban de él, pero sus acusadores pueden decir y dicen que él ha venido diciendo a la gente que no pague tributos al César, con lo que eso significa en aquel contexto (cf. Lc 23, 2).

Jesús no sataniza al dinero y a su César (contra los celotas), ni lo diviniza, pero lo expulsa en cuanto tal del ámbito mesiánico y, lo que es mucho más grave, él se ha atrevido a proclamar y mostrar con su vida que lo opuesto a Dios es Mammón , el dinero convertido en “dios” supremo de este mundo (cf. Mt 6, 24), por encima del imperio de Roma y del mismo templo de Jerusalén. Parece que su evangelio no se centra en temas o motivos de economía particular, sino en una experiencia y tarea de gratuidad universal, superando el plano del dinero, como parece haber puesto de relieve Mc 10, 17-31. Pero eso no es más que una “apariencia”. En realidad, todo el proyecto de Jesús va en contra del dinero del César, no en un sentido militar (luchar contra las legiones de Roma), sino en un sentido mucho más profundo: Devolver el dinero al Cesar, saliendo así de su campo de dominación, de su espacio vital y comercial.

Xabier Pikaza

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