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El escándalo de pederastia llega hasta el Vaticano

19.3.26. Padre José: Cree en Dios (=en la madre); educa al hijo (= le hace nazoreo). Eso es ser padre, eso es José, bendita su memoria (Mt 1, 18-25 y 2, 19-23)

Presenté ayer (19.3.2026) una visión general de José y María en el origen de la iglesia. Hoy me centro en José, destacando su función en 1, 18-25 y 2, 19-23, como padre por fe (no por biología) y padre nazoreo, no nazareno (cosa que en general no ha destacado la tradición cristiana).

 TEXTO 1 . Mt 1,18-24. SER PADRE ES TEMA DE FE, NO DE BIOLOGÍA

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.» Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa «Dios-con-nosotros».» Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.

1. PROBLEMA PARA JOSÉ

         Caballos y monos son “genitores biológicos”, podrían sustituirse por máquinas. José, en cambio, es padre por fe: cree en Dios y en María, educa en fe a su hijo como nazoreo[1]:

Nacimiento irregular de Jesús. En clave de Ley israelita, desde el punto de vista de José, que es Hijo de David y portador de su promesa israelita, el surgimiento de Jesús resulta “contrario al orden patriarcal”, situándose en las fronteras del mayor “pecado” posible, que es el adulterio o ruptura del orden familiar. El esposo/padre José, que quiere abandonar a María, dejándola a su suerte, con el hijo en las entrañas, es el signo del mejor judaísmo (nacionalismo o legalismo religioso de cualquier tipo), que es capaz de abandonar a los humanos necesitados por extraños, impuros, diferentes, no queriendo acogerlos con su vida.

– Presencia superior de Dios. En contra de lo que podía esperar un tipo de judaísmo legal (¡hay otros judaísmos proféticos y místicos!), Dios mismo se expresa y actúa en la mujer “irregular” María, fecundándola por medio de su Espíritu Santo, introduciendo así su gracia creadora dentro de la humanidad. Ciertamente, el buen judaísmo de José es signo y lugar de acción sagrada, pero actúa por ley, dentro de unos esquemas de nación sacral y familia ya fijada: la fidelidad a su acción y presencia se identifica con la obediencia a las estructuras de legalidad que defiende al propio grupo. Pues bien, el Dios de María supera los esquemas de esa legalidad y viene a mostrarse, de un modo inmediato, en el proceso de surgimiento mesiánico de Jesús, por medio del Espíritu Santo.

 1. María, su madre, estaba encinta, por obra del Espíritu Santo (1, 18). No se dice cómo ha sido, no tiene que decirse, aunque por todo el contexto sabemos que la acción maternal de Dios sobrepasa el nivel legal-patriarcal de los varones, para inscribirse en el plano más hondo de la maternidad humana, representada por María. Conforme a Lc 1, 26-38, María dialoga con Dios, en palabra de fidelidad y colaboración personal. Mt ha preferido dejar la función de María en un rico silencio apofático.

         ¿Cómo explicar la acción de en nuestra historia? ¿Cómo decir lo que es más hondo que todas las palabras? En el origen de la vida hay un silencio superior, que no es ausencia de voz sino lugar donde toda voz se funda y recibe su sentido. Este es el nivel del mito, que ha de entenderse no como irracionalidad, sino como proto-racionalidad: origen y fuente de donde brotan todas las palabras. El ser humano no “inventa” su vida, ni logra encerrarla por leyes patriarcales, pues la fuente de la vida es el Espíritu de Dios, que se expresa ahora de forma ejemplar por medio de María[2].

Este símbolo básico de la fe viene expresarse por medio de María, madre de Jesús, sitúa el nacimiento de Jesús en el trasfondo de la experiencia y deseo universal del nacimiento divino, que aparece de algún modo en casi todas las religiones de la tierra. Lo que el judaísmo legal había cerrado (Dios se expresa sólo a través de las leyes de vida de un pueblo) se abre ahora hacia la totalidad de la experiencia humana: lo divino se expresa como fuente de vida en el surgimiento de un niño.

La concepción virginal no es mito no el sentido de mentira o simple cuento, de leyenda o relato edificante, sino símbolo básico de la fe, pues todos los padre verdaderos son padre por fe, no como simples máquinas genéticas…porque nos sitúa en el origen y principio de toda realidad, allí donde Dios se expresa poderoso en nuestra misma vida humana (maternidad/paternidad y filiación).

Defensores y adversarios de este mito lo han venido interpretando con frecuencia en un nivel puramente histórico-biológico, diluyendo de esa forma su sentido. Mt lo sitúa en un nivel más hondo, de surgimiento fundante y así nos permite dialogar con una tradición religiosa universal, pues muchos pueblos saben que en la base de la generación verdadera humana actúa y viene a desvelarse el más hondo Espíritu divino. Mt añade que la acción del Espíritu generador de Dios se ha expresado de forma ejemplar y para siempre por María[3].

  José, Hijo de David, Mt 1, 20, padre por fe

La ley judía ha regulado de forma minuciosa (alguien diría obsesiva) la identidad patriarcal de los varones, que quieren asegurar con toda fuerza su poder (su propiedad) sobre los hijos, imponiendo así una serie de normas muy minuciosas sobre la sexualidad (sangre menstrual, pureza….) de las mujeres. José supera ese nivel, apareciendo así como creyente que acoge la obra de Dios y no como patriarca que define y regula con su acción la realidad (la vida humana). Entendido así, el relato de la concepción por el Espíritu nos sitúa ante el misterio de la creatividad supra/histórica e histórica de Dios, que, siendo fuente de vida primigenia/eterna se ha expresado, de forma ejemplar y para siempre, en el signo maternal de María, dentro de la historia.

 Por nacer del Espíritu de Dios (no de la ley humana), Jesús será mesías universal. De esa forma, su misma biografía humana (nacimiento, decurso vital, muerte/pascua) son signo y presencia del Espíritu divino, revelación humana de Dios sobre la tierra. Pues bien, el Espíritu no sustituye a María/madre, sino que actúa por ella. Tampoco niega o destruye la función de José, sino que le sitúa en el lugar de la palabra y acogida creyente: debe acoger a María, aceptando a Jesús como hijo, dentro de la estructura de la ley israelita. José es por tanto el primer creyente explícito, el primero que acepta la presencia y acción del Espíritu de Dios, por medio de María[4]

 Espíritu Santo, María. Toda madre es madre por el Espíritu de Dios

Mt 1 18La generación de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. 19José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. 20Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. 21Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados». 22Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta: 23«Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”». 24Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer. 25Y sin haberla conocido, ella dio a luz un hijo al que puso por nombre Jesús.

      Ella aparece silenciosa, acogiendo en su seno (en su vida) el fruto del Espíritu, como ha dicho ya el narrador (1, 18: eurethe en gastri…) y confirma luego el ángel (1, 20). El texto supone así que hay cierta connaturalidad entre Espíritu Santo (Santidad de Dios expresada como fuente de vida, poder generador) y persona de María (humanidad que es lugar de surgimiento de la vida). El silencio de María no es por falta de palabras, sino porque ella acoge el misterio y lo expresa fondo donde anidan y se fundan todas las palabras. A ese nivel, no debe decir nada: ella es y se expresa, como fuente de vida (fe fundante), en la raíz de todas las palabras.

  Ángel del Kyrios, palabra a José.

La obra del Espíritu en María era misterio apofático, que no puede decirse. Pero la acción de Dios en José necesita la palabra clarificadora del del Ángel o Enviado del Señor, que le habla en sueños, penetrando con su luz en la noche de su duda y de su decisión contraria al Espíritu divino (abandonar a María, marcharse). El Ángel habla desde fuera (como enviado y mediador), sin identificarse con aquel a quien dirige su palabra. El Espíritu, en cambio, actúa por dentro, sin necesidad de palabras, pues se identifica con la vida más profunda de aquel o aquella a quien ofrece su presencia (en esta caso, con María). Significativamente, la palabra del Ángel a José está al servicio de la obra del Espíritu en María.  

  La madre que engendra, apareciendo como signo del Espíritu, es una experiencia religiosa universal. Pues bien, para destacar el valor de su Dios transcendente y de su Ley, los israelitas han debido marginar de alguna forma esa experiencia. Por eso, ellos se encuentran más cerca de José, Hijo de David, a quien el Ángel le pide que obedezca a la palabra de Dios.

 José no tiene que creer en Dios sin más, sino creer en su mujer. Ciertamente, a nivel de historia, tanto María como José son igualmente israelitas. Pero simbólicamente, a nivel de experiencia y respuesta personal, ellos han venido a situarse en dos planos distintos, bien complementarios:

María, ampliando el nivel israelita, simboliza la humanidad entera, como lo ha sentido y expresado pronto la fe de la iglesia, al situarla en un espacio de maternidad universal. Ella es anterior a todas las leyes, ella aparece en el transfondo de todas las religiones de la historia: por ser mujer y madre es signo de Dios, de esa manera representa al conjunto de los pueblos.

– José empieza siendo sólo israelita, pero debe superar ese nivel. Por eso, el Ángel le pide conversión: que acepte a María, es decir, que acoja y se ponga al servicio del despliegue de la vida. Mt anticipa de esa forma un tema esencial del evangelio: Jesús pedirá a los judíos (“buenos” viñadores) que pongan los frutos de su viña al servicio del reino, es decir, de todos los humanos (cf. Mt 21, 33-45); ellos no responderán, José sí ha respondido.

TEXTO 2. JOSÉ  PADRE NAZOREO, EDUCAROD DE DE UN HIIJO NAZOREO   

Mt 219 Pero, habiendo muerto Herodes, he aquí que el ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto, 20 y le dijo: Levántate, toma al niño y a su madre, y vete a tierra de Israel, porque han muerto los que procuraban la muerte del niño.21 Entonces él se levantó, tomó al niño y a su madre, y se fue a tierra de Israel. 22 Pero cuando oyó que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo temor de ir allá. Y avisado por revelación en sueños, se fue a la región de Galilea 23 y se estableció en la ciudad que se llama Nazaret, para que se cumpliera lo que fue dicho por los profetas: que será llamado nazoreo[5]

         La historia de Jesús nazoreo forma un capitulo esencial del cristianismo… Antes que Cristo, Jesús fue “nazoreo”, judío mesiánico oserbante… Como nazoreo creció en Nazaret, llevado allí por José… Como Nazoreo fue crucificado (no como nazareno como ponen las malas traducciones de la Biblia y de las imágenes cristianas). Como dice con todo cuidado Jn 19, 19, Jesús fue condenado por Pilatos, como nazoreo, pretendiente mesiánico… en esa línea, judíos y musulmanes llaman a los cristianos “nosrim”, nazoreos, seguidores de un Jesús nazoreo,, hijo de José, afincado en Nazaaret

  Es evidente que esa palabra (nazoreo, no nazareno) se relaciona en un sentido con Nazaret (población de Galilea, donde José y María llevan a Jesús), pero ella tiene además (y sobre todo) un sentido que debemos precisar con cuidado, aunque:(a) no sabemos a qué profeta/profecía estricta se refiere este anuncio; (b) ni conocemos con seguridad el significado preciso de ese término (nazoreo), aunque Mateo lo vincule con Nazaret. [6]:  

   El último título de Jesús en Mt 1-2 (nazoreo) es quizá el más enigmático, pues no sabemos con certeza el lugar profético donde se funda, ni su sentido más preciso, que deberá ser descubierto a lo largo de todo el evangelio, como indicará este excurso, que, sin llegar a conclusiones que puedan defenderse con seguridad, que nos ayuda a plantear mejor el proyecto y sentido del evangelio de Mateo. Ciertamente, parece que Jesús nació en un pueblo/ciudad (1, 23 dice polis) llamada Nazara/Nazaret, quizá un asentamiento de nazoreos, vinculados en su origen a Belén, lugar del retoño (nezer) del árbol de Jesé, padre de David (cf. Is 11, 1; cf. Miq 5, 2). En esa línea pienso que Jesús se relaciona (se creía relacionado) con la estirpe o familia betlemita de David (como suponen Rom 1, 3; 2 Tim 2, 8; Mt 1, 20; Lc 1, 27…),y que nació comonazoreo mesiánico en Nazaret de Galilea, vinculando tradiciones davídicas de Judá con otras de Galilea que marcaron su vida.

Pablo afirma que era hijo de David según la carne, pero añade que fue constituido Hijo de Dios por la resurrección, suponiendo así que su mesianismo nazoreo era insuficiente o había fracasado, siendo sustituido por un mesianismo “divino”, a través de su muerte y resurrección (Rom 1, 3-4; cf. 2 Cor 5, 16). Pues bien, en contra de eso, Mateo afirma que Jesús es Hijo de Dios, no sólo por haber muerto (fracasando así en lo externo como Hijo de David), sino por ser hijo de David durante el mismo tiempo de su vida, de forma que él no ha sentido oposición entre esos planos: ser Hijo de David (nazoreo) e Hijo de Dios (por obra del Espíritu)[7].

a. Jesús. Un nazoreo particular. La relación de Jesús con los nazoreos resulta poco conocida, porque las fuentes con las que contamos son escasas y difíciles de discernir, porque el conjunto del Nuevo Testamento ha optado por un cristianismo más helenista, y porque la crítica moderna ha sentido dificultad ante el tema, que a mi juicio ha de plantearse desde estos dos supuestos: (a) Jesús nació en Nazaret; (b) de la familia de José, un “nazoreo/davídico”. En él se mezclan, por tanto, dos hechos: uno geográfico (era de Nazaret) y otro mesiánico (era nazoreo). Así puede explicarse mejor su dos genealogías: La de Mt 1, 1-17.20 pone de relieve la filiación davídica de Jesús, insistiendo en los reyes de Judá.La de Lc23-37 cita a David, pero no a sus descendientes reyes, ni siquiera a Salomón, sino a otros, que no serían reyes, en la línea de Natán (cf. 2 Sam 4, 14; 1 Cron 3, 5), como si la tradición monárquica hubiera sido equivocada[8].

Estoy convencido de que Jesús se creía “hijo de David” según la carne (Rom 1, 3-4), aunque esa pretensión no pueda (ni deba) certificarse “genéticamente”, pues eran muchos los que se sentían vinculados con el rey antiguo. Teniendo eso en cuenta podemos distinguir y vincular tres afirmaciones: (a) Jesús era (=se creía) nazoreo (de nezer davídico: cfIs 11. 1), en una línea mesiánica; no era, pues,nazireo (de los que hacían voto de nazireato sagrado, cf.Num 6, 1-21), pues comía y bebía (cf. Mt 11, 19). (b) Era nazareno de Nazaret, posible asentamiento nazoreo, de manera que ambos términos (nazoreo y nazareno) pueden vincularse. (c) En un momento dado, en la Última Cena, acabando su vida (26, 29; cf. Mc 14, 25), pudo hacer un voto de tipo nazireo (cf. Num 16; Jc 13, 5-7), como Juan Bautista (cf. Lc 1, 15), absteniéndose de vino, pero sólo por un breve tiempo, hasta la llegada del Reino[9].

Un dicho del Q distingue así a Juan de Jesús: «Ha venido Juan Bautista, que no comía pan, ni bebía vino y decís: tiene un demonio. Ha venido el hijo del hombre, que come y bebe, y decís es un comilón y un bebedor, amigo de publicanos y pecadores» (Mt 11, 18-19; Lc 7, 33-35). Juan aparece en esa línea como asceta nazireo (cf. Lc 1, 15), profeta de conversión, Jesús, en cambio, como nazoreo regio[10], del nezer de Jesé, retoño davídico (Is 11, 1), vinculado a las tradiciones del Emmanuel (¡una muchacha/virgen concebirá!: Is 7, 14), aunque algunos de sus herederos cristianos asumieran después elementos ascéticos.

Lo que distingue e identifica a Jesús es su destino de nazoreo (perteneciente a un grupo mesiánico, que busca la transformación de Israel), pero en línea no militar ni nacionalista, sino partiendo de los pobres, enfermos y excluidos. De un modo lógico, por oponerse a los judeo-cristianos, que a su juicio eran infieles al proyecto de Jesús, Marcos no le presentó como nazoreo, sino como simple nazareno (a pesar de la fuerza latente de la escena de oposición en Nazaret: Mc 6, 1-6). Por el contrario, Mateo y Juan (y en algún sentido Lucas) han recuperado ese título primitivo de Nazoreo, para insistir así en la fuerza “social” (profético-política) de su movimiento[11].

b. Nazoreo, no nazireo. En esa línea, tras dejar a Juan Bautista (con quien pudo actuar como nazir), Jesús no aparece ya como consagrado-asceta, que no come/bebe, sino como nazoreo (descendiente mesiánico), anunciando la llegada del Reino entre los marginados y enfermos. En esa línea se pueden distinguir tres elementos:

‒ Mateo le ha visto como nazoreo, del nezer mesiánico, heredero de las promesas de David, que anunció y anticipó la llegada del Reino mesiánico, pero no en la línea del judeocristianismo nacionalista (tema de la discusión de Lc 4, 18-31), sino abriendo un mesianismo universal, que se explicita en Mt 28, 16-20.

‒ Los evangelios judeo-cristianos (de los Ebionitas y/o Hebreos), vinculados al mismo contexto sirio de Mateo, parecen presentarle también de esa manera en el tiempo de su vida y en la primera etapa de Iglesia, aunque su nazoreato puede haberse mezclado con un tipo de nazireato ascético, ofrece rasgos más propios de Juan Bautista (y de Santiago, hermano del Señor) que del mismo Jesús.

‒ Jn 19, 19 (cf. Jn 18, 5. 7) parece haber recogido el fondo histórico del juicio de Jesús, a quien Pilato condenó como “nazoreo, rey de Israel”, en una línea vinculada a las esperanzas mesiánica de la familia de David. Ésta sería la paradoja cristiana: A Jesús le condenaron por presentarse como mesías davídico, siendo como era Logos de Dios. Esa misma dualidad de planos aparecería en Rom 1, 3-4 (hijo de David según la carne, Hijo de Dios por la resurrección)[12].

(seguirá).

NOTAS

[1]He desarrollado extensamente el tema del nacimiento virginal, en diálogo con la teología y doctrina de la iglesia, en Dios como Espíritu y persona, Sec. Trinitario, Salamanca 1989, 353-436; he planteado el mismo tema en perspectiva mariológica y eclesial, en Amiga de Dios. Mensaje mariano del NT, Paulinas, Madrid 1996, 117-143. Visión monográfica en S. Muñoz Iglesias, Los evangelios de la infancia IV. Nacimiento e infancia de Jesús en San Mateo, BAC 509, Madrid 1990. Aproximación a la figura de José, desde perspectiva protestante, en S. Benko, Los evangélicos, los católicos y la Virgen María, Casa Bautista, Barcelona 1981, 118-140. En perspectiva católica, cf. S. Blanco, J. C. R. García Paredes, R. Alonso y A. Aparicio, María del Evangelio I: Mateo, EphMar 53 (1993) 9-80; A. Serra, Biblia, NDM, 307-313; P. Grelot (ed.), Joseph et Jésus, Beauchesne, Paris 1975 (=DS 8, 1974, 1289-1323); R. E. Brown, El nacimiento del Mesías, Cristiandad, Madrid 1982. Entre los comentarios, cf. M.-J. Lagrange, Matthieu, ÉB, Paris 1948, 9-18; A. Schlatter, Matthäus, Calwer, Stuttgart 1963, 10-24; U. Luz, Mateo I, BEB 74, Salamanca 1993, 135-153.

[2]Esta acción de Dios en María pertenece al mito originario, a la experiencia y despliegue fundante del misterio de la vida, como han visto, entre otros: Acevedo, C. M., Mito y conocimiento, Iberoamericana, México 1993; L. Cencillo, Mito. Semántica y realidad, BAC, Madrid 1970; G. Durand, Las estructuras antropológicas de lo imaginario, Taurus, Madrid 1982; F. Gusdorf, Mito y metafísica, Nova, Buenos Aires 1960; R. Panikkar, TheIntrareligious Dialogue, Paulist, New York 1978; Id., Myth, faith and hermeneutics, Paulist, New York 1979; G. Widengren, Fenomenología de la religión, Cristiandad, Madrid 1976, 169-188.

[3]Para un estudio del transfondo religioso del tema, cf. S. Benko, The Virgin Goddes. Studies in the Pagan and Christian Roots of Mariology, SHR 49, Brill, Leiden 1993; R. Panikkar, Dimensione Mariane della Vita , Locusta,Vicenza 1970. En línea histórico/teológica, desde diversas perspectivas, cf. T. H. Boslooper, TheVirginBirth, SCM, London 1962; J. C. R. García Paredes, Mariología, SapFide, BAC, Madrid 1995; R. Laurentin, Les Évangiles de l’Enfance, Desclée, Paris 1982; I. de la Potterie, Maria en el misterio de la alianza, BAC 533, Madrid 1993. Análisis del transfondo teológico en S. de Fiores, María en la teología contemporánea, Sígueme, Salamanca 1991.

[4]Reelaboro de esta forma mi tesis mariológica fundamental (María como la primera creyente de la historia), expuesta en La Madre de Jesús, Sígueme, Salamanca 1990. Para estudiar mejor el tema, además de comentarios a Mt y de obras sobre María que venimos citando, cf. R. E. Brown (ed.), María en el NT, Sígueme, Salamanca 1982; J. McHugh, La Madre de Jesús en el NT, DDB, Bilbao 1978; Muñoz León, D., El principio trinitario inmanente y la interpretación del NT, EstBib 40 (1982) 19-48; 277-311. Para una aproximación al sentido y obra del Espíritu Santo en la concepción de Jesús, cf.: M.A. Chevalier, de Dios, I. Secretariado. Trinitario, Salamanca 1982; M. D. G. Dunn, El Espíritu Santo y Jesús, Secretariado Trinitario, Salamanca 1981; C. Schütz, Introducción a la Pneumatología, Secretariado Trinitario, Salamanca 1991; E. Schweizer, El Espíritu Santo, Sígueme, Salamanca 1992. He presentado el sentido de Yahvé en el primer itinerario de El camino del Padre, EVD, Estella 1998. Para un estudio más profundo del tema, cf. Transfondo histórico y estudio sobre el origen y sentido del nombre de Yahvé en A.M. Dubarle, La signification du nom du Yahveh, RSPh 35 (1951)3-21; R. de Vaux, Historia antigua de Israel I, Cristiandad, Madrid 1974, 315-348; T. N. D. Mettinger, Buscando a Dios. significado y mensaje de los nombres divinos en la Biblia, Almendro, Córdoba 1994, 31-64; W. Eichrodt, Teología del AT I, Cristiandad, Madrid 1975, 163-208.))

[5] Sobre nazoreo. cf. F. Albright, TheNames Nazareth and Nazarean, in JBL 65 (1946), 397-401; B. Gärtner, Die rätselhaften Termini NazoräerundIskariot(HS 4), Uppsala 1957; S. Lyonnet, “QuoniamNazareusvocabitur”: Bib 25 (1944) 196-206; J. G. Rembry, «QuoniamNazaraeusvocabitur» (Mt 2, 23): SBFLA 12 (1961-1962) 46-65; E. Schweizer, «Er wirdNazoräerheissen», en Id., Neotestamentica, Zwingli, Zürich 1963, 51-55; H. H. Schaeder, Nazarenos/Nazoraios, TWNT 4, 879-884; E. Zolli, “Nazarenusvocabitur”: ZNW 49 /1958) 135-136; F.Zolli, Nazarenusvocabitur: ZNW 49 (1958) 135s; E. Zuckschwerdt, Nazoraios in Matth. 2, 23: ThZ 31 (1975) 65-77.

[6] Jesús no ha sido mesías de triunfo nacional, como David; ni se trasladará de Belén a Jerusalén para reinar, sino que lo hará para morir, como un profeta marginal, que empieza su tarea en una pobre ciudad de Galilea, llamada Nazaret; sin un ejército para ganar la guerra, desde los más pobres, en las márgenes del pueblo. En ese fondo ha de entenderse este título (nazoreo), con el que culminade títulos de Jesús en Mt 1-2.(1) Jesús es Cristo (cf. 1, 1.18),Rey de los Judíos, a quien buscan los magos (cf. 2, 1-5) y es hêgoumenos (2, 6) o dirigente que pastoreará “al pueblo” de Dios. (2)Jesús es Hijo de Dios (1, 1), un título que, por un lado, es propiamente suyo y por otro le vincula con su pueblo, como indica la cita de cumplimiento de 2, 15. (3) El mismo nombre Jesús es título y significa salvador, pues él salvará a su pueblo de sus pecados, como dijo el ángel a José (1, 21). (4) Jesús es Emmanuel, Dios con nosotros, el mismo Yahvé, Dios presente en su pueblo, como ratifica la cita de 1, 23. (5)   

[7] Cf. J. P. Meier, Del profeta como Elías al Mesías real davídico, en D. Donnelly (ed.),Jesús. Un coloquio en Tierra santa, Verbo Divino, Estella 2002. Pienso que Jesús formaba parte de una familia de “nazoreos de Belén”, que se asentaron en Galilea (especialmente en Nazaret) tras la conquista y re-judaización de los macabeos (tras el 104-103 a.C.). Esas tradiciones retomaban elementos del judaísmo popular mesiánico de Galilea, distinto de aquel que defendían los sacerdotes y escribas vinculados a Jerusalén. Algunos judeo/cristianos, vinculados a Siria (lugar del que proviene el evangelio de Mateo) se denominaron a sí mismos nazoreos/nosrim y/o ebionitas (cf. Ev. de los Hebreos y/o de los Nazareos). Según el testimonio de Eusebio de Cesarea y Jerónimo, seguían existiendo en el siglos IV, al margen de la Gran Iglesia, ebionitas y nazoreos, que veneraban a Jesús como Mesías de Israel. Significativamente, Marcos, que ha escrito en perspectiva más paulina, ha marginado (ocultado) la tradición de Jesús nazoreo (hijo de David), para insistir en su muerte-resurrección, como muestra claramente Rom 1, 3-4. En un sentido, Mateo y Lucas han seguido a Marcos, que no aplica a Jesús el título de “nazoreo”, pero conservan e introducen en su nuevo contexto algunas referencias a Jesús Nazoreo, Hijo de David; Lucas lo hace en un sentido más “historicista”, Mateo en una línea más eclesial (cf. Mt 2, 23; 26, 71; Lc 18, 37; Hch 2, 22; 8, 6; 4, 10; 6, 14; 22, 8; 24, 5; 26, 9. La Gran Iglesia ha marginado la tradición de los nazoreos, como suponen E. Nodet y J. Taylor, Essai sur les origines du christianisme, Cerf, Paris 2002. Cf. S. Chepey, Nazirites in Late Second Temple Judaism, Brill, Leiden 2005.

[8]Todo intento de compaginar históricamente las genealogías carece de sentido. Como se ha dicho con cierto humor, no conocemos ni el nombre del abuelo paterno de Jesús, pues Mt y Lcle llaman de formas distintas (Jacob y Elí): Ni uno ni otro han querido ofrecer una lista crítica (biológica) de antepasados de Jesús, sino trazar las claves mesiánicas de su origen. (a) La genealogía de Lucas proviene de círculos contrarios al mesianismo político y a la historia de los reyes de Judá, que parecen haber dado gran importancia a los patriarcasprediluvianos, como otros grupos apocalípticos y sapienciales, interesados por Noé, Lamec, Matusalén, Henoc, Yared, Enós y Set. (b) Por el contrario, la genealogía de Mateo ha seguido la línea de los reyes de Judá, descendientes de David, y quiere presentar a Jesús como pretendiente legítimo del trono, aunque la “historia de José” (1, 18-25) obliga a replantear esa pretensión. Ciertamente, Mateo quiso vincular ambos datos, al decir que Jesús eranazoreo en sentido mesiánico (del nezer o retoño deJesé/David) ynazareno (=nazaretano, de Nazaret). Muchos investigadores han dado poca importancia al tema, suponiendo que nazoreo en sentido mesiánico es igual que nazareno, y así lo hacen muchas traducciones de la Biblia cuando ponen “nazareno” en vez de “nazoreo”, en textos como Mt 2, 23; 26, 71; Jn 18, 5.7; 19, 19; Lc 18, 37; Hch 3, 6; 4, 10; 6, 14; 22, 8; 26, 9.

[9]Una tradición antigua, desde Hegesipo, a mediados del II dC (cf. Eusebio, Historia Eclesiástica, II, 23), ha presentado a Santiago (hermano de Jesús) como nazireo. Si pudiéramos relacionar esos rasgos (nazireo-nazoreo) conoceríamos mejor el trasfondo de Jesús, su educación y sus primeras opciones. Sea como fuere, Jesús fue un nazoreo que comía y bebía, distinguiéndose de Juan Bautista, nazireo abstemio (cf. Mt 11, 19 par), y quizá también de sus hermanos, que no creían en él (cf. 12, 46-50).

[10] Los nazireos no parecían tener un proyecto mesiánico, ni actuaban como portadores del Reino, sino como ascetas consagrados (abstemios) y guerreros (como en el caso ejemplar de Sansón: cf. Jc 13, 5.17; 16, 17). En esa línea, utilizando quizá una fuente judeocristiana, Lucas ha interpretado al Bautista como nazireo y precursor mesiánico, como Samuel: «No tomará vino ni bebida fermentada y la navaja no pasará por su cabeza» (LXX 1 Sam 1, 11)

[11] En ese contexto se plantea el tema de la grafía del pueblo de Jesús. La más usada es Nazaret (diez veces). Pero Mt 4, 13 y Lc 4, 16 dice Nazara, nombre más vinculado a los nazoreos, de los que provenía Jesús y con los que en un sentido se habría enfrentado al oponerse a l interpretación nacionalista de su tradición, defendida, según parece, por su mismo padre José (cf. Lc 4, 22). Las relaciones entre «nazareno» (de Nazaret) y «nazoreo/nazoraios» parecen haberse cruzado (y confundido) pronto en la tradición cristiana, pero en el fondo del proyecto de Jesús parece mantenerse un «compromiso nazoreo», vinculado a la «observancia» o vigilancia (del hebreo natzar/nazar) y, sobre todo, a la «descendencia» davídica (del hebreo netzer/nezer, retoño cf. Is 11, 1). Cf. H. Kuhli, Nazarenos, en Diccionario Exegético NT 2, Sígueme, Salamanca 1998, 367-371; S. Goranson, Nazarenes, ABD IV, 1049-150; A. Díez Macho, Jesús “honazoraios”,en QuaerePaulum. Hom. L. Turrado, Pontificia, Salamanca 1981, 9-26;U. Luz, Mateo I, Sígueme, Salamanca 1993, 172-183; H. Schaeder, Nazwrai/oj, NT IV, 879-884.

[12] Jesús aparece seis veces como nazareno. Cuatro en Marcos (1, 24; 10, 47; 14, 67; 16, 6), en lugares donde podemos sospechar que la tradición anterior decía nazoreo. Otras dos en Lucas: Una (Lc 4, 34) depende de Mc 1, 24; otra (Lc 24, 19) es críticamente insegura (muchos manuscritos ponen nazoreo) y puede haber sido creada por el mismo Lucas. A Jesús se le llama nazoreo trece veces, en textos antiguos, que recogen una experiencia primitiva.(1)Mateo 2, 23 y 26, 71, al comienzo y fin del evangelio, en textos que responden a una tradición judeo-cristiana que él no ha desarrollado. (2)Juan, en un contexto de juicio (Jn 18, 5. 7 y 19, 19). (3)Lucas pone nazoreo en un caso donde el paralelo de Marcos dice nazareno (cf. Lc 18, 37; Mc 10, 47), quizá para vincular a Jesús con David, de quien derivan los nazoreos (cosa que Marcos habría querido ocultar). Pero donde Lucas utiliza el término con más frecuencia es en Hechos (cf. 2, 22; 3, 6; 4; 4, 10; 22, 8; 26, 9), donde habla incluso de una haíresis o secta de nazoreos, con la que vinculan a Pablo (Hech 24, 5), aunque parece que él se distancia implícitamente de ella (cf. Hech 24, 11-21). Estos datos (aún más complejos por las variantes de los manuscritos) permiten suponer que Jesús fue nazoreo (no sólo nazareno), igual que sus primeros seguidores

(seguirá).

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