19.3.29 San José. La conversión de Israel. Del talión legal intrajudío a la comunión de todos los pueblos
19.3.26 San José, familia de Jesús, conversión de Israel. Superar un talión de venganza nacional; hacerse padre/hermano de todos los pueblos
En estos días de guerra de talión del Estado de Israel (no del judaísmo bíblico y universal) contra un tipo de enemigos/hermanos de su entorno resulta problemático y, a mi juicio, necesario recordar la historia compleja y riquísima de José que, según el NT, tuvo que superar un tipo de ley nacional israelita para convertirse al Cristo Universal de las promesas, hijo de María. apareciendo así en Mt 1, 18-25 como el primero de los creyentes mesiánicos, al servicio de la paz universal entre los pueblos.
Del libro de familia de Jesús Galileo, de la casa de José y María[1].
Jesús fue judío galileo, hijo de María, educado en un hogar de honda piedad nacional, en un contexto de conflictos laborales y sociales, fue trabajador sin trabajo fijo, campesino sin campo, artesano eventual. Se hizo discípulo de Juan Bautista, profeta que anunciaba el juicio de Dios y bautizaba a los conversos, preparándoles para la entrada en la tierra prometida, pasando el Jordán.
Muchos israelitas de Galilea, rejudaizados por los asmoneos (104-103 a. de C.), habían asumido a su modo la esperanza de David y la tradición del templo de Jerusalén, quizá para distinguirse de los israelitas “no-judíos” de Samaría (con su templo en Garizim). Es muy posible que algunos fueran hijos de inmigrantes de Judea, incluso de Belén, como parecen suponer los evangelios de la infancia de Mateo y Lucas.
Quizá Jesús no conocía al detalle la historia de Julio Cesar, divinizado por Roma, ni la misión sagrada de Augusto”, a quien muchos miraban como presencia de Dios. Pero el poder de los primeros césares (Augusto, del 27 a C. al 14 d. C. y Tiberio, del 14 al 37 d. C.) debió influir en el imaginario social de su infancia, pues del César de Roma dependían los “reyes” de Palestina (Herodes el Grande: del 37 al 4 a. C.;Herodes Antipas: del 4 aC. al 39. dC), y los procuradores o gobernadores de Judea-Samaría (Valerio Graco y Poncio Pilatos, del 15 al 26 y del 26 al 36 d. C.). Fue súbdito de Roma y conocía las pretensiones políticas y religiosas del imperio.
La tradición del evangelio sabe que nació en tiempos de Augusto, cuando aún reinaba en Palestina Herodes el Grande, en un entorno de fuertes contrastes, por el paso de una agricultura autónoma de subsistencia a una economía comercial centralizada, al menos en Galilea. Es probable que naciera en Nazaret, pero, simbólicamente, provenía de Belén, como afirman los evangelios de Mateo y Lucas.
N (cf. Mc 1, 9), hijo de María, y que tenía otros “hermanos” (cf. Mc 6, 3), pero no ha sentido la necesidad de precisar ese parentesco, ni de contar su origen, como harán Lucas y Mateo, aunque tampoco ellos han escrito una “crónica genealógica” de su vida, sino un “evangelio” o representación de su significaba para los creyentes. Por eso, sus relatos han de interpretarse como “profecía histórica, es decir, como tradición de fe.
N, poniendo de relieve la continuidad y diferencia entre David y Jesús (cf. Mt 2, 1-6 y Lc 2, 4).Ni Mateo ni Lucas inventan sus “datos” (María y José, Belén, nacimiento por el Espíritu), ni los toman uno del otro, sino que los recogen de una tradición anterior, que ha debido explicitarse en un ambiente judeo-cristiano, para situar a Jesús en el contexto de las promesas davídicas, relacionadas con Belén, superando al mismo tiempo una comprensión “cerrada” de esas promesas (pues él nació nacido por obra del Espíritu de Dios, no de la “carne” davídica).
Es posible que esos datos” (estirpe de David, Belén) transmitan una tradición de los parientes de Jesús, que se sentían vinculados a la familia real del judaísmo, que había emigrado de Belén a Nazaret, con tradiciones del origen davídico de su familia (en la línea de Rom 1, 3-4)[2].
- Mateo afirma que “nació en Belén de Judea, en los días del rey Herodes” y añade que “unos magos vinieron a Jerusalén... preguntando por el lugar del nacimiento del rey de los judíos”. Lógicamente, los sacerdotes responden que en Belén, según la profecía de Miqueas (cf. Mt 2, 1-6)... Nace además como nuevo Moisés, liberado de la muerte, huyendo a Egipto de donde volverá a la tierra de Israel, como hijo de Dios, nazoreo mesiánico, mientras otros primogénitos (inocentes) han muerto (Mt 2).
- Lucas añade que nació en Belén, pero fuera de la ciudad, como ciudadano de un imperio en el que el César decidió contar a sus habitantes, en tiempos de Augusto. Era descendiente de las promesas de David, pero su ciudad no quiso recibirle (Lc 2, 1). De esa manera ha entrelazado la historia de Jesús con la de Roma.
No es fácil concretar la historia de esos “años pcultos” de Jesús, pues los evangelios sólo ofrece, que sepamos, dos indicaciones: una, más sagrada, le presenta como adolescente, dialogando con los sabios del templo (cf. Lc 2, 41-49); otra, más profana, le define como obrero/carpintero (Mc 6, 3), hombre experto en el conflicto social y el trabajo. Una línea destaca el aprendizaje más escolar de Jesús; otra la educación laboral. Ambas se sitúan en clave religiosa.
Sabemos, además, que sus hermanos llevaban nombres patriarcales (María y José; Jacob, nuevamente José, Judas y Simón), que les entroncaban con los orígenes del pueblo. Ellos parecían vinculados no sólo a las esperanzas judías “judías”, por medio hijo de José, David” (cf. Mt 1, 20; Lc 1, 27), sino a la historia pan-israelita, representada por su madre y sus hermanos: María, Jacob/Santiago, Judas, Simón, José.
No necesitó muchas lecciones teóricas para conocer su identidad, pues su judaísmo no fue de escuela, sino de vida y familia. No tuvo que aprender expresamente la historia de su pueblo, porque de ella nació y con ella fue creciendo. Pero de esa forma nacían y crecían muchos judíos, llamados a cumplir y culminar las promesas de Israel. Sea como fuere, Jesús aprendió a ser Israel (es decir, a ser persona) en su mismo despliegue humano, desde el espacio familiar y social (cultural) de su nacimiento. Eso es todo lo que sabemos, aunque, en plano de hipótesis, podríamos añadir algunas reflexiones generales:
19.3. 2026. ¿IGLESIA DE LA VIRGEN MARÍA? ¿IGLESIA DE JOSÉ? REFLEXIÓN BIBLICA
Mateo presenta a José como Hijo de David (Mt 1, 20), es decir, como Iarael, heredero de las promesas mesiánicas, un hombre «justo» (dikaios) que cumple lo que exige y pide la ley divina (Mt 1, 19). Lógicamente, él debería presentarse como padre patriarca, trasmisor de las promesas mesiánicas, como alguien capaz de decir a Jesús lo que ha de ser, la forma en que debe comportarse, como portador de la voluntad y de la misión de Dios para su hijo.
Pues bien, el ángel de Dios le pide que renuncie a su paternidad, con los derechos que ella implica, poniéndose al servicio de la obra de Dios María, su esposa (Mt 1, 18-25).
De esa forma le pide lo más fuerte y costoso que puede pedirse a un hombre, especialmente si es israelita: que renuncie a su derecho y que acepte, acoja y cuide la obra que Dios ha realizado en su mujer María. Frente al varón dominador que duda de su esposa y la utiliza, frente al hombre que pretende «conquistar» a las mujeres y tomarlas como territorio sometido, se eleva aquí la voz más alta del ángel de Dios pidiendo al varón José que respete a la mujer María, aceptando lo que Dios realiza en ella. En el principio de la historia de la liberación cristiana está la fe de este buen varón José, que se ha dejado cambiar, convirtiéndose de algún modo en cristiano ante María.
La genealogía patriarcal (Mt 1, 2-16) acaba en José, representante último de la genealogía israelita, depositario de una tradición que viene desde Abrahán. Ciertamente, es un varón concreto, esposo de María (1,16). Pero aquí es algo más que un individuo privado: es el signo y meta de todo el camino patriarcal, encarnación concreta del Israel masculino, genealógico y mesiánico.
José aparece como culmen de una línea que está centrada en David (1, 20) en el sentido fuerte del término: es descendiente y heredero de los derechos reales del fundador de la monarquía “mesiánica”. Pues bien, el narrador de la genealogía le llama simplemente esposo de María (1,16), como indicando que su poder genealógico (patriarcal) depende de sus relaciones con la madre de Jesús: es como príncipe consorte; no es siquiera padre biológico del heredero.
Sería difícil hallar un ejemplo más fuerte de ruptura antipatriarcal. José encarna la autoridad de la familia israelita, la promesa de la herencia de Abrahán, el reino de David... Pues bien, todo eso ha quebrado cuando llega el verdadero mesías de Dios. Mateo no emplea un lenguaje conceptual, antilegal, para expresarlo; pero dice lo mismo que Pablo en Gal y Rom (cf Gal 4, 4) con un bellísimo símbolo de nacimiento mesiánico (divino), utilizando para ello métodos que son conocidos en su ambiente judeocristiano y pagano
Viejos son los métodos formales del relato, pero lo que cuenta Mt es nuevo, algo que nunca había sucedido y por eso su lenguaje se vuelve distinto y sólo es posible allí donde la historia genealógica se rompe y se abre simbólicamente al misterio del evangelio.
El texto es narración y no disputa conceptual. Desposado ya, José descubre que su esposa se encuentra encinta. Como es varón justo (¿bondadoso?), por no iniciar un trámite legal siempre sangrante, superando de alguna forma su derecho patriarcal, decide repudiarla en secreto (1, 18-19). Esto es lo más que puede hacer desde la ley israelita. Por un lado, renuncia a la sanción impositiva (no condena a su mujer, no la entrega en manos de un talión matrimonial hecho por varones). Por otro la abandona a su suerte, dejando que ella, madre embarazada, sea quien resuelva su problema. Como justo varón patriarcal, José se inhibe; no puede aceptar algo que rompe su modelo de estructura genealógica del mundo. Pero el ángel de Dios habla en la noche:
José, Hijo de David, no tengas miedo en recibir a María, tu esposa,
lo que en ella se ha engendrado proviene del Espíritu Santo.
Dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús,
pues él salvará a su pueblo de sus pecados.
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que dijo el Señor por medio del profeta:
Una virgen ha concebido y dará a luz un hijo
y le llamarán Emmanuel, que significa Dios con nosotros (1, 20-23, cf. Is 7, 4)
Conversión de José, un “judaísmo” universal
- Lo más importante es la ruptura de la línea patriarcal, es decir, la conversión de José. Como Hijo de David, José tenía derecho a ser padre del Mesías (según muestra Rom 1, 3-4), culminando la promesa israelita de la ley o victoria nacional. Lo que está en juego no es la visión del padre en cuanto tal, ni el sentido mas profundo del varón. Lo que el texto rechaza es el patriarcalismo davídico concreto del varón que dirige a la mujer, del padre que controla y sacraliza a los hijos. Eso es lo que José debe superar (realizando el más profundo sacrificio israelita) en favor de la salvación universal de Dios. El texto supone que José se ha convertido, rompiendo ese tipo de patriarcalismo: ha recibido a María, ha impuesto nombre filial a un hijo que no es suyo, introduciendo así en el campo de la promesa israelita al hijo de Dios y salvador universal.
- El texto expresa una verdad de fe: La comunión de todos los pusblos. El nacimiento “virginal” de Jesús es símbolo fuerte de la obra escatológica de Dios que se encarna en el mundo no sólo como “idea” o mensaje salvador sino como persona. Desde el momento en que el mismo Jesús es salvador (Dios con nosotros) resulta necesario confesar su nacimiento; no basta con mostrar que ha predicado el reino y muerto por los hombres (como hace Mc); tampoco basta proclamar su pascua (¡Dios le ha resucitado!). Hay que volver al origen y descubrir (decir) cómo ha nacido. Así lo hace nuestro texto al afirmar que ha sido engendrado por el Espíritu Santo, es decir, por la misma fuerza creadora y providente de Dios que actúa en el principio (Gen 1,1-2) y final de nuestra historia (cf Ez 37).Dios mismo suscita a su Mesías (¡Hijo!) y cumple la promesa israelita haciéndole nacer de una madre/virgen, en medio de la historia. De esa forma expresa (ejemplifica y simboliza) Mt 1, 18-25 lo que decía Gal 4, 4: Dios envió a su Hijo “nacido de mujer”, rompiendo los límites de una ley patriarcal expresada por José.
Al fondo del texto está la imagen de Is 7,4, el signo enigmático y esperanzado de una muchacha que alumbra en medio de la guerra. En ella ve Mateo la expresión de eso que pudiéramos llamar superación mesiánica del patriarcalismo. Emerge así la más bella paradoja de una virgen madre que, brotando de Israel, rompe por dentro los principios del dominio patriarcal israelita.
APÉNDICE. FRANCISCO PAPA. JOSÉ: CON CORAZÓN DE PADRE
El papa francisco publicó un documento titulado Patris Corde (Con corazón de padre: 09. 12. 2020), dedicado a San José, con motivo de los 150 años de su declaración como Patrono de la Iglesia (Pío IX: 08.12.1870).
(1) Francisco destaca la relación del esposo de María con el patriarca José… que ya no es patriarca sino amigo, compañero, protector de sus hermanos en Egipto, y con el rey David, portador de las promesas mesiánicas.Insiste en la paternidad de José, y la entiende como amor de ternura creadora y no como imposición patriarcalista, de dominio impositivo.
(2) Francisco pone de relieve la capacidad más honda de José, como hombres que escucha y dialoga con Dios (y con María, su mujer), en tiempos de dura opresión, impuesta por los poderes del mundo. Destaca su forma de entender y acoger la presencia de Dios en los pobres y excluidos, tal como están representados en María, su esposa, y en Jesús, su hijo, a cuyo servicio "mesiánico", de comunión universal, pone su vida y trabajo, su amor y su fuerte ternura
(3) Francisco presenta a José como un hombre valiente, que asume los riesgos del mundo, trazando caminos de humanidad nueva y esperanza, desde el mismo exilio, con aquellos que carecen de seguridad y patria la tierra. José es un "pobre trabajador", pero pobre que se arriesga en el servicio a los demás, en tiempo de persecución, riesgo y muerte y exilio.
(4) En esa línea Francisco define la “castidad de José” (su limpieza y transparencia de amor con María, al servicio de la vida que es Jesús), definiéndole como hombre de amor no posesivo ni dominador, en contra de un tipo “machismo” patriarcal, propio de varones que se creen sexo fuerte y dominante:
“La castidad está en ser libres del afán de poseer en todos los ámbitos de la vida. Sólo cuando un amor es casto es un verdadero amor. El amor que quiere poseer, al final, siempre se vuelve peligroso, aprisiona, sofoca, hace infeliz. Dios mismo amó al hombre con amor casto, dejándolo libre incluso para equivocarse y ponerse en contra suya. La lógica del amor es siempre una lógica de libertad, y José fue capaz de amar de una manera extraordinariamente libre. Nunca se puso en el centro. Supo cómo descentrarse, para poner a María y a Jesús en el centro de su vida” (PatrisCorde 7).
Estas son, a mi juicio, las palabras centrales de la Carta Apostólica de Francisco y se aplican no sólo en los padres de familia, sino a los ministros de la iglesia, que sólo son “padres” cristianos renunciando a la paternidad patriarcal del poder jerárquico, (no al amor humano, ni al matrimonio), para así aparecer y actuar como servidores amorosos (no dominadores ni dueños de los otros). Al definir así a José, el Papa Francisco se está definiendo a sí mismo, como José al servicio en amor de la Iglesia.
Lógicamente, esta Carta, dedicada a José (hombre de corazón paterno), ha de entenderse a la luz paradójica de la afirmación clave de Jesús que dice: «No llamen/llaméis “padre” a ninguno de ustedes en la tierra, pues uno solo es su Padre, el del cielo» (Mt 23,9).
[1] En las reflexiones que siguen me ocupo sólo del “origen público” de Jesús, de su contexto social, cultural y laboral. Dejo a un lado “su origen privado”, divino y humano, tal como ha sido descubierto (recibido) y confesado por la iglesia, según los evangelios de la infancia (Mt 1-2 con Lc 1-2 y Jn 1), en cuya línea me sitúo con el conjunto de la iglesia, como en Historia de Jesús y Comentario a Mateo, Verbo Divino, Estella 2013 y 2017. Presento así a Jesús como hijo de José y María, crecido entre un grupo de hermanos, sin distinguir en ese plano entre Jesús de la historia y Cristo de la fe, tema que he desarrollado en Hijo de Hombre, Sec Trinitario, Salamanca 1998,
[2] No tenemos datos más precisos sobre el tema, aunque el hecho de que tanto Mt 1, 1-15 como Lc 3, 24-38 hayan transmitido una genealogía davídica (¡y virginal!) de Jesús parece avalar la pretensión del origen davídico/betlemita de su familia, en la línea de Rom 1, 3.
4 Cf. Orígenes de Jesús, Síguemc, Salamanca 1976e Historia de Jesús, Verbo Divino, Estella 2012.
[4] El mismo F. Josefo (Ant 20, 197-203), supone que Santiago (=Jacob el menor o pequeño) no era un “inculto mesiánico”, sino un erudito, “estudioso de la religión” enel sentido radical de la palabra. Él pudo haberse iniciado en el conocimiento de la Ley tras la muerte de Jesús. Pero se puede suponer que la conocía previamente. Eso nos llevaría a pensar que Jesús nació en una familia donde, al menos, alguno de sus hermanos valoraba el estudio y cumplimiento de la Ley, en sentido piadoso. Este Jacobparece haber sido “más teólogo” que su hermano, más de ley y libro, contrario al principio a Jesús, pero más tarde le aceptó como Mesías y fundó la primera comunidad judeo-mesiánica de Jesús, al estilo judío, una qahal o asamblea mesiánica, como muestran los testimonios Mateo, Juan y Apocalipsis y, sobre todo, en la carta, escrita en su nombre a las Doce Tribus de la diáspora (cf. Sant 1, 1).