25.1.26. Palabra de Dios, Domingo de la palabra
25.1.26. Palabra de Dios, Domingo de la Palabra.
Hoy, 25.1.26, se celebra se celebra el día de oración por la unidad de las iglesias, pero, al mismo tiempo, se celebra, por deseo del Papa Francisco, el Domingo de la Palabra. De la unidad de los cristianos y en concreto de la comunión de los santos he tratado en días anteriores, Por eso quiero centrarme en esta postal en el sentid de la Palabra de Dios y de Cristo Palabra desde la perspectiva de la Biblia. Buen domingo a todos.
Verbum Dei, Palabra de Dios. Así se titulaba la primera “constitución” del Vaticano II, como el evangelio de Juan: “Al principio era el Verbo y el Verbo era Dios” (Jn 1, 1). Siguiendo en esa línea, expongo en este libro la identidad de Dios como verbo, palabra y comunión de todo lo que existe.
hebreo se dice dabar, acción creadora; en griego es logos, esencia de las cosas; en latín se dice, verbum, comunicación activa entre personas, de la misma raíz que el ingles word (vasco berba), refiriéndome por un lado a la Biblia (libro de Dios) y por otro a Cristo (hombre de Dios).
En esa línea ofrezco una visión de conjunto de Cristo y la Biblia como Verbo de Dios a los sesenta años de la primera Constitución del Vaticano II, Dei Verbum (Verbo de Dios, 18.11.1965), un texto fundamental que ha sido re-elaborado por trabajos importantes del magisterio católico:
-Benedicto XVI publicó la exhortación apostólica Verbum Domini, palabra de Dios en la vida y misión de la iglesia (30.9.2010), analizada e interpretada por la Comisión Bíblica, en La inspiración y la verdad de la Sagrada Escritura (22.2.2014), con categorías de neo-escolástica latina (y en parte patrística), avalando el recorrido de una tradición algo distinta a la del Vaticano II.
- El Papa Francisco impulsó la publicación de otro documento de la Comisión Bíblica, ¿Qué es el hombre? (Sal 8,5) Itinerario de antropología bíblica (30.9.2019), de gran valor, aunque ha influido quizá menos en algunos círculos de iglesia por cambios que hubo en la Congregación de la Doctrina de la Fe (2023). Este documento ha quedado sin completar y no se está tomando como texto de magisterio, sino como material de estudio a partir de los primeros capítulos del Génesis.
cristianismo no es una religión de libro (como el judaísmo y el islam), sino de encarnación (es decir, de humanidad, de ser humano), de forma que la verdadera palabra (=parábola) de Dios no es la Biblia, sino Cristo y , en el fondo, Biblia y Cristo son lo mismo.
Éste es un tema fascinante que fue ya planteado por el papa León I (440-461) en el Concilio de Calcedonia (451), aunque las dos iglesias teológicamente más importantes de la antigüedad (Alejandría/Egipto y Antioquía/Siria) no aceptaron (ni aceptan) por diversas causas su formulación (Cristo es dos naturalezas y una persona). Por el contrario, las dos iglesias “imperiales” (Constantinopla y Roma) aceptaron el dogma de Calcedonia, con sus valores (y limitaciones).
El Verbo de Dios es, de un modo especial Cristo Persona/palabra, pero, al mismo tiempo, se identifica con la Biblia/palabra como han puesto de relieve las iglesias calcedonenses (Roma y Constantinopla), pero sin haber convencido a los cristianos no calcedonenses, y menos aún a los judíos y musulmanes, que siguen rechazando el dogma de Calcedonia.
En esa línea, la revelación de Dios en Cristo (encarnación) no puede separarse de su manifestación por la Biblia, de tal forma que el cristianismo no es sólo religión de encarnación, sino también de Libro (=Biblia), pero no de un libro/biblia cualquiera, sino de la Biblia de Israel, en diálogo con las diversas religiones, tal como ha culminado en las iglesias (no para negar el judaísmo, sino para afirmarlo de un modo universal.
- Cristo y la Biblia son Dios comoDabar, principio creador y comunicación de amor, no sólo en los libros del Antiguo Testamento, sino en los del Nuevo. En esa línea, la Biblia de Cristo no es una “verdad cerrada”, sino camino de comunicación (comunión) entre Dios y los hombres, de manera que podemos afirmar que no es el cristiano el que crea la “palabra”, sino que es la Palabra, encarnada en Jesús y expresada por la Biblia la que crea al cristiano (Jn 1, 1-18)
l tema básico de la relación entre la Palabra y Cristo aparece ya planteado en el “corpus” de Ignacio de Antioquía ( siglo II d.C.) en cuyo nombre se escribieron y transmitieron un grupo de cartas que importantes para entender y organizar la vida de una iglesia que se hallaba polarizada entre judaizantes y gnósticos. No todos los investigadores aceptan la autenticidad de cada una de las cartas publicadas en nombre de Ignacio de Antioquía, pero en conjunto ellas provienen del II-III d. C. y plantean ya el tema que voy a estudiar en este libro. Así dice Ignacio:He oído a algunos que decían:Si no lo encuentro en los “archivos” no creo en el evangelio. Les dije “está escrito”. Me respondieron “muéstralo”. (Yo les respondí): Para mi, los archivos son Jesucristo, los archivos sagrados son su cruz, su muerte, su resurreccióny la fe que viene de él, en los cuales quiero ser justificado por vuestra oración”[1]
Las cartas de Ignacio, las auténticas y las escritas en su nombre para fundar el cristianismo, desarrollan otros temas (más o menos importantes), pero éste ha sido y sigue siendo el más significativo. Más que unos textos literarios (unos textos de archivo), a Ignacio le interesa la vida concreta de Cristo, tal como ha sido recogida y confesada por la Biblia.
Así dice Ignacio ¡Mis archivos, mis libros, son Cristo! Pero él no puedo decir diciendo, de forma excluyente: Tengo ya a Cristo y esto me basta, no necesito Biblia ninguna. Al contrario, Ignacio tiene a Cristo, y Cristo es lo más importante en su vida; pero él conoce a ese Cristo por la Biblia, su libro verdadero, no cerrado en sí, sino abierto a todos los hombres, como testimonio de Cristo.
Dabar (דָּבָר) es palabra y cosa, ley y lenguaje, comunicación creadora. Así comienza el Deuteronomio (libro final del Pentateuco del AT): הדברים אלה (‘ele ha debarim), éstas son las palabras de vida que Dios reveló a los hebreos caminando de Egipto hacia la tierra prometida… De todo lo que existe en el mundo, lo más grande, lo primero es la palabra creadora o Dabar en la vida de los hombres.
La palaba es el tesoro, herencia o heredad suprema que Dios concedió a los hombres al crearles, como empieza en Gen 1. Pero aquí no empiezo por Génesis, sino por el Éxodo, libro de la salida de los hebreos de Egipto, lugar de esclavitud donde tenían secuestrada la palabra en textos jero-glíficos (sagrados) propios de escribas sacerdotes.
Liberándoles de esa escritura jeroglífica que para ellos fue opresora, Dios quiso que los hebreos salieran de Egipto y habitaran en una tierra de comunión, pasando por el desierto del Sinaí donde encontrarían de camino a Dios, Verbo de todos los verbos, palabra universal comunicación, primero para ellos, hebreos, y después para todos los pueblos de la tierra.
contexto, la palabra de Dios, tal como culmina en Crist, está vinculada para los cristianos a la historia de Moisés A diferencia de los egipcios, que habían encerrado a Dios en su escritura de jeroglíficos sagrados (poder, trabajo y dinero), Moisés empezó a verle en la zarza de la estepa (Horeb-Sinaí), como Señor de la naturaleza, Dios fuego, poder transformador: llama de vida que jamás se acaba, luz, calor, misterio. Los egipcios habían utilizado la naturaleza como principio de opresión. Pero Dios se mostró a Moisés como Yahvé, en la zarza que sin cesar alumbra, enviándole a liberar a su pueblo de Egipto:
Y ahora marcha, yo te envío al faraónpara que saques a mi pueblo, a los hijos de Israel, de Egipto.Moisés replicó «¿Quién soy yo… para sacarles de Egipto? Respondió Dios: “Yo soy/estoy contigo; esa será tu señal.
Moisés replicó si me preguntan su nombre cómo responderé? “Yo soy el que soy”. Esto dirás a los hijos de Israel: “Yo soy” (Yahvé) me envía a vosotros, el Señor, Dios de vuestros padres,Abrahán, Isaac, Jacob. Este es mi nombre para siempre (Ex 3, 10-17).
En un primer momento, Dios viene y actúa como lo divino, en forma singular (El) o plural (Elohim), ante la roca del desierto, revelándose lo más amenazado, lo más pobre, inútil, unos juncos, una zarza… pero ardiendo sin cesar, sin apagarse y perder nunca su fuego.
La tradición israelita ha dado a este Dios otros nombres como: El-Sadai (Señor del Alto), El-Elyon (Dios del Monte, Excelso) etc., pero ahora no aparece como Elohim (divinidad), ni como Baal, Señor cósmico, ritmo de la vida, sino como Yahvé (Soy-quien-soy, soy el que actúo). Moisés ha comprendido que ese Nombre-Sin-Nombre (simplemente Soy) es principio de todos los nombres, Verbo de todos los verbos, y así dice a los israelitaYo soy (’ehyh) me ha enviado a vosotros, Yahvé, Dios de vuestros padres (Ex 3, 11-15). Esta denominación, Yahvé יהוה (YHVH), con la que Moisés presenta a Dios no es sustantivo, sino verbo de acción creadora, como los nombres hebreos de persona, que no son sustantivos, sino verbos teóforos como Dios-fortalece (Ezequías), Dios-escucha (Ismael), Dios-salva (Jesús), Dios Juzga (Daniel), Dios-recuerda (Zacarías), Dios fortalece (Gabriel), Dios cura (Rafael) etc.
Moisés siente dificultad ante el Dios que le pide que abandone su familia de Madián, junto al Sinaí, que se enfrente al Faraón, opresor de los hebreos, sucesor de aquel que antaño pretendió matarle (cf. Ex 2,15-23). Dios le envía a liberar a los mismos que antes le habían rechazado (Ex 2, 13-14; cf. Hech 7,24-34). Es normal que se sienta incapaz (cf. Jc 6,15; Lc 1,34 etc.) y que diga: ¿Quién soy yo...?
Así pregunta el ser humano, que se sabe incapaz ante la tarea que Dios le encomienda. Pero Dios le responde: Yo estaré, (’ehyh) contigo como presencia activa en tu tarea, yo mismo seré tu vida, movimiento y existencia. El hombre (Moisés) se define como teofanía personal del Dios que vive, actúa y se revela en Israel (=pueblo que lucha con Dios) como Yahvé (=yo Soy/Actúo), verbo universal, acción de todas las acciones.
Dios se define así como Yahvé (=Soy, estoy contigo), añadiendo: ¡Y cuando saques al pueblo de Egipto responderéis (=adoraréis) a Elohim en este monte! (3,12): volveréis aquí para ser lo que yo soy, vida en acción, palabra creadora. Moisés ha descubierto a Dios, ha visto su fuego en la zarza. Luego han de verle, haciendo el mismo itinerario ante Dios y con Dios, todos los oprimidos (cf. Ex 19-24), para así ponerse ante el ser-acción de Dios que actúa como zarza ardiente.
Elohim, Dios de la zarza que arde sin consumarse, le ha dicho: yo estaré contigo anticipando su nombre (Yahvé significa ¡yo estaré!). Moisés no ha comprendido al principio. Necesita más señales, una concreción de Presencia, un Nombre que pueda ofrecer a los hijos de Israel y decirles ¡Éste es Aquel que me envía! (3,13). Por eso pregunta a Dios: ¿Cómo te llamas? Y Elohim (=Poder divino) le responde: Soy el que hago ser, vida-movimiento de todo lo que existe, no una cosa más otras, una sustancia separada (Ex 3, 14-15; cf. Hch 17, 28):
- Yahvé es nombre-de-acción: «Soy el que Soy, haciendo que vosotros seáis». No un sustantivo de autoconocimiento, en la línea del “conócete a ti mismo” de Sócrates o de la gnosis-gnoeseos (conocimiento del propio conocimiento) del primer Motor cósmico de Aristóteles sino verbo en acción, fuente de toda actividad, vida, luz y comunicación de todo lo que se comunica(cf. Ex 3,12). No es substancia sobre unos accidentes (los hombres no son accidentes de la esencia divina), sino Verbo de vida en la vida de todo lo que vive.
- Yahvé es Nombre-Verbo (no sustantivo); es el acontecimiento de estar enviando desde arriba, pero, siendo, al mismo tiempo, vida y movimiento en aquellos a quienes envía. Así dice Moisés a los israelitas: «Yahvé, Elohim de vuestros padres..., me ha enviado a vosotros» (3, 15), mostrándose ante ellos como presencia del mismo Yahvé en quien todos vivimos, nos movemos y existimos, porque él vive, se mueve y existe en nosotros). Éste es su nombre, es decir, su presencia hecha “éxodo”, salida de Egipto, de toda opresión, vida en libertad.
Sólo escucha a Dios y conoce su Nombre (Yahvé) quien se sabe enviado y, al ponerse en movimiento, descubre que Dios es su vida, movimiento y existencia, aquel que en ese contexto, en el momento más duro de la opresión, sacando a su pueblo de la esclavitud, ha dicho ’ehyeh (=estaré contigo, con vosotros, seré vuestra libertad y futuro, de manera que seáis, en mí, en libertad, por gracia aquello que yo soy, y no sólo porque así lo he dicho, ante la gran roca, sino porque así lo realizo, sacando a los hebreos de Egipto y guiándoles por el largo desierto a la tierra prometida.
Lo más fácil era antaño (IX aC.) y en la actualidad (XXI dC) someterse a los ídolos, en especial a los de tipo político/económico. Desde tiempo antiguo los hombres han tendido a vender su libertad (primogenitura) por un plato de comida (Gen 25), bajo la dictadura de un poder que nos libera de la libertad, es decir, de la tarea de ser/hacernos por nosotros mismos.
Preferimos vivir sometidos a un Dios/Poder externo alguien que nos resuelva problemas desde fuera, dándonos falsas migajas y diciéndonos que son alimento y sostienen (como el Diablo de las tentaciones (Mt 4 y Lc 4). Pues bien, en contra de eso, los israeliitas han sabido que Dios es Aquel que no puede ser nombrado y poseído, porque no es sustantivo (sustancia), sino ex-sistencia que nos impulsa por dentro sin sustituirnos, pues en él no sólo “vivimos, nos movamos y somos”, sino que resucitamos de la muerte, como sigue diciendo Pablo en Hch 17, 28-31.
1. Palabra-acción: "Soy el que Soy". Moisés buscaba su propia seguridad, la suya (la de Israel) como nuevo y más alto Faraón, con dominio, poder, dinero, sin ser una simple zarza del desierto. Pero Dios le responde que Él es zarza que arde sin consumirse, dando fuego y vida a todos, pues su “ser” más profundo es la acción y presencia universal de vida, resucitando de la muerte.
2. Palabra-envío. "Yo soy-estoy" (=presencia activa) me ha enviado a vosotros ('ehyeh ´selahani: Ex 3, 14), para que seáis. Fundado (enraizado en la tierra que es Dios), Moisés (=Israel) se sabe “enviado” a los hombres para ser en ellos y con ellos. Dios no le dice “tú lo que eres”, quedando inmóvil quieto donde estás, sino “has de ser” poniéndote en camino hacia tu vida plena, en comunión conmigo y con los hombres. La misma presencia de Dios se hace envío, pues sólo somos en él haciendo que otros sean.
3. Palabra religación: "Este es mi nombre compartido con vosotros, que sois mi verdadero ser. Dios es nuestro verdadero ser como recuerdo, en el sentido de re-ligación, no una relación externa, sino la relación mutua como esencia de nuestro ser, coexistencia, resurrección de unos en otros.
Sólo escucha de verdad a Dios y conoce su Nombre (Yahvé), quien se sabe enviado y, al ponerse en movimiento, le descubre Presente en su camino y le espera en plenitud como Resurrección (victoria sobre el mal, sobre la muerte). Este Nombre es por un lado misterioso, de manera que los filólogos no han logrado precisar su sentido original y los creyentes judíos no lo pronuncian por respeto... Pero, al mismo tiempo, es el más sencillo, cordial, inmediato de todos los nombres posibles, el Verbo/Dabar de todos los verbos, la Vida/Logos de todas las vidas, la verdad que afirma todas las verdades, como dirá Jesús, Verbo de Dios: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida (Jn 14, 6), añadiendo: Soy la Resurrección y la Vida (Jn 11, 25-27).
es Yahvé porque en el momento clave de su revelación, liberando a su pueblo de la esclavitud de Egipto ha dicho ’ehyeh (=estaré contigo, con vosotros), yo seré vuestro futuro, de manera que seáis vosotros, en libertad porque yo os libero para liberaros, coMo presencia personal y acción liberadora.
1. Dios aparece así como "Yo fundante", en, con y para los creyentes, aquel que habla presentándose a sí mismo y diciendo "Soy el que soy el que seré, el que te haré ser". En ese sentido, él se define como Persona de todas las personas, "Yo" en vosotros, en todos los que dicen yo y tú, nosotros y vosotros, en comunicación y comunión de vida.
2. Dios misión. El mismo yo-soy es yo-estoy con vosotros, y así tiene que decirlo Moisés, y por eso le pregunta a Dios: ¿Que haré si no me creen y si no me escuchan y si dicen: No se te ha aparecido Yahvé? (4, 1). Esta misión de Moisés no es algo posterior, sino que forma parte de su misma identidad de Moisés, pues de su fe depende de manera muy profunda la fe de todos los israelitas.
Dios, un pueblo, un profeta: estos son los elementos principales de esta revelación del Verbo divino. Lógicamente, de ahora en adelante, Moisés vendrá a presentarse ante los judíos como profeta por excelencia, hombre/carne en el que Dios se ha revelado como acción y presencia liberadora. Desde ese fondo se entiende la fe de los judíos, musulmanes y cristianos.
Como orientación y encuadre para lo que sigue he querido exponer en este contexto una visión general del Dios/Yahvé, Verbo de acción y presencia, desde la perspectiva del judaísmo post-bíblico y del islam, para exponer después la visión bíblica del cristianismo como experiencia de la misericordia de Dios, desarrollada en Ex 34, para culminar, según el evangelio, en la muerte y resurrección de Jesucristo.
1. Los judíos han destacado este Nombre/Verbo, condensando en Yahvé su experiencia, su acción y su camino. Por un lado, han seguido vinculando a Yahvé con el pueblo de Israel, como dice el Shema: Escucha, Israel, Yahvé, tu Dios es un Dios único.... (Dt 6, 4-9), un texto que se encuentra en la raíz y corazón de la fe cristiana, en forma de doble mandamiento, uniendo “amar a Dios” con “amarás a tu prójimo como a ti mismo (Mc 12, 28-34. Los judíos rabínicos han sacralizado ese nombre “Yahvé”, de tal forma que procuran no escribirlo ni pronunciarlo, porque es ser acción universal y no puede concretarse en ningún sustantivo.
De esa manera, al separar el Nombre de Dios y dejarlo fuera del uso normal de la vida, los judíos posteriores han tenido que buscarle "sustitutos". Por eso han dicho y siguen diciendo, en lugar de Yahvé, otras palabras más o menos equivalentes (pero nunca iguales) como Adonai, Kyrios, Dominus o Señor (the Lord), que expresan de algún modo su grandeza de Dios, pero sin expresarla en verdad y agotarla. Estas palabras ya no actúan como "sustantivos" (no definen lo que es Dios), sino como adjetivos que evocan de algún modo su trascendencia (Jaun-Goikoa, Zeus/Zeos, Allah, El-elohim, God, Gott, Gran Espíritu, Brahman, Tien…).
Esas palabras no son nombres de Dios, sino adjetivos denominativos, que si los convertimos en sustantivos nos llevan idolatría. Los judíos saben que no podemos convertir a Yahvé en nuevo sustantivo de Dios (un Dios más entre otros, un nuevo nombre), olvidando que dios es Verbo sin sustantivo, palabra de todas las palabras. Por eso, Yahvé ha dejado de pronunciarse o nombrarse e incluso de escribirse, poniéndose en su lugar expresiones como X**X.
2. Los musulmanes, en general, han pasado de largo ante la hondura del ese Verbo "Yo soy", de tipo creador y dialogal, de implantación, envío y presencia/religación, destacando la absoluta su absoluta auto-realidad, que se ha expresado para siempre a través de Mahoma, de manera sencilla y segura, para todos los humanos, sin distinción de razas o culturas[2].
Los cristianos interpretan el “yo soy” de Dios en forma de Trinidad yencarnación, por soa razones: (a) Dios es comunión interpersonal de vida en sí, comunicación del Padre y del Hijo en el Espíritu Santo. (b) Dios es comunión de encarnación en la humanidad entera, y en todo el mundo haciéndose presente, en todos los que le aceptan y viven en su vida.
Ésta es la novedad del cristianismo, frente al judaísmo y el islam que han terminado rechazando la trinidad y la encarnación cristiana, afirmando que ella significa una recaída en un tipo de politeísmo pagano. Ellos piensan que Dios se ha revelado en la historia de los hombres, pero sin encarnarse en ellos, sin expresar expresar en la humanidad su misterio más profundo.
En ese sentido, judíos y musulmanes parecen más humildes: piensan que Dios está arriba y que nunca podemos conocerle del todo. Por el contrario, los cristianos se atreven a definir a Dios como Padre de Jesús (Trinidad), arriesgándose a penetrar en su misterio, afirmando que en el origen y base de todo está el amor del Padre al Hijo en el Espíritu.
En la línea del judaísmo bíblico, los cristianos interpretamos a Yahvé como presencia salvadora que libera a los hebreos oprimidos, pero damos un paso más y añadimos que el mismo Yahvé, Verbo supremo creador/liberador liberador, se identifica con el Padre de Nuestro Señor Jesucristo. En un sentido, seguimos vinculados a la revelación del Sinaí: Siguiendo en la línea del Dios/Verbo creador de Gen 2-3, nos situamos con Moisés ante la Zarza Ardiente, escuchamos su palabra de liberación, nos comprometemos a seguir su camino. Pero al final sentimos que esa revelación del Verbo resulta al fin insuficiente, de manera que, dando un paso más, decimos, con Jn 1, 14, que el Verbo se ha encarnado en Jesucristo, de forma que hemos visto su gloria, como Hijo del Padre, lleno de gracia y de verdad.
No es que la experiencia israelita de Yahvé, vivida y formulada por Moisés,sea falsa, sino todo lo contrario, es tan verdadera que debe profundizarse, llegando hasta sus últimas consecuencias. Eso es lo que ha hecho Jesús, nuevo Moisés, intérprete y hermeneuta del Yahvé israelita. Allí donde Moisés ha escucha el Yo soy de Dios, que se dice a sí mismo salvando a los oprimidos, Jesús ha seguido escuchando la voz más profunda que no dice, de un modo general, Yo soy el que hago ser, para que vosotros seáis, sino más bien, de un modo directo ¡Tú eres mi Hijo querido, en ti encuentro mi complacencia!, un verbo activo que puede y debe ampliarse, conforme a la vida y mensaje de Jesús:. Vosotros sois mis hijos, pues yo mismo soy/estoy en vosotros (cf. Mc 1, 9-11)
Esto es lo que proclama la Iglesia, en nombre de Dios, a cada uno de los que acogen su mensaje, bautizándoles en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (Mt 28, 16-20), siendo y viviendo en ellos (yo estoy/soy en vosotros hasta el fin de los tiempos, es decir, hasta el tiempo más allá de todo tiempo que es Dios. En este paso y despliegue del ¡Yo soy! de Ex 3, 14 al ¡Tú eres, vosotros sois! de la experiencia bautismal de Jesús (Mc 1, 9-11 par; cf. Rom 1, 3-4; Hebr 1,5) culmina la historia israelita, nace el cristianismo.
Siendo el supremo ¡Yo soy!, Dios viene a definirse para los cristianos como el Padre de Nuestro Señor Jesucristo, y de esa forma amplía su Dios, asumiendo en su interior el Tú de Jesús (y de los humanos oprimidos) en el Nosotros del misterio trinitario (del Espíritu Santo), es decir, en el despliegue total de la Comunicación de amor.
[1] Filadelfios 8. Traducción de J.J. Ayán, Ignacio de Antioquía. Cartas (Ciudad Nueva Madrid 1991). Cf. D. Ruiz Bueno, Padres Apostólicos (Madrid 1950); J. Rius-Camps, The Four Authentic Letters of Ignatius, the Martyr (Roma 1979); W. R. Schoedel, Ignatius of Antioch, Fortress, Philadelphia 1985 . Para una vision general de Ignacio, cf. Pikaza, Patrística, Clie, Viladecavalls 2022
[2] He desarrollado el tema en El fenómeno religioso, Trotta, Madrid, 1999, con el esquema filosófico-teológico de X. Zubiri en Naturaleza, historia, Dios, Editora Nacional, Madrid 1944.