8. IX 2010. Nace María. Sobre la “ordenación” ministerial de las mujeres (Roser Puig)
La Iglesia católica celebra hoy (8. IX) el Nacimiento de María, a los nueve meses exactos de su “inmaculada concepción” (8. XII). Nació ella, un día como ese (¡nadie sabe de hecho cuando, sólo Dios, si el dato le preocupa!)… y un día como ese quiero recordar una vez más la necesidad de que “nazca” la nueva mujer cristiana, capaz de asumir de iure et de facto todas las gracias y tareas de la vida humana y cristiana.
Recuerdo una tarde gozosa, toda una tarde, en que vino a Salamanca K. Rahner y pasamos varias horas con él, varios teólogos. Debía ser noviembre el año 1977, pues el Papa Pablo VI había aprobado una declaraciòn de la CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, (Inter insigniores) sobre la admisión de las mujeres al sacerdocio ministerial (15 octubre de 1976), donde se decía que la mujer no podía se ordenada para el sacerdocio, según varias razones que parecían bien articuladas. La reacción de Rahner fue absolutamente clara:
Yo soy católico romano… y si la iglesia me dice que no ordena mujeres lo admito, por fidelidad. Pero si me da cinco razones y todas ellas son falsas, ante la exégesis y ante la teología, debo protestar. Pienso que el magisterio que apela a esas razones falsas no cree en lo que dice, o no sabe, o miente… o todo junto. Además, la Iglesia es infalible en cuestiones de fe y de costumbres (morales); y el tema de la ordenación de las mujeres no es de fe, ni de costumbres morales, sino de administración… Por eso..
Así seguía Rahner, aquel día de otoño del año 1976. Así seguimos hoy. Por eso he querido poner en mi blog esta palabra de Roser Puig, colaboradora y amiga, respondiendo en parte a Ángel y a un ente virtual llamado Hisopo (ente “virtual” en este blog, pues algunos sabemos quién es y por qué actúa como actúa, pero si él prefiere quedar así razones tiene para ello, y así queda en el nimbo de los entes de razón, de los que trató en su libro genial Fray Antonio de Fuentelapeña (1628-1702), en un libro titulado: El Ente Dilucidado, cuya última edición fue, si no me equivoco, en Editora Nacional, Madrid 1978).
Dejo así ya las discusiones virtuales. Roser hace de mediadora entre Angel e Hisopo; evidentemente, ambos tienen derecho a réplica, pero sólo si nos dicen quiénes son, pasando del planod e los entes virtuales (dilucidados o no, que algunos están bien dilucidados) alplano de los reales-personales. Y con esto. Vayamos al grano, celebrando en este día de la Virgen la llamada de todas las mujeres a la vida cristiana y humana, en plenitud. Todo lo que sigue es tuyo, Roser. Gracias por colaborar.
Introducción:
Xabier, ante las disquisiciones entabladas entre Hisopo y Angel, en tu posst titulado “Recuperación cristiana. 4”, sobre cómo definir más acertadamente la supuesta “infalibilidad” de Juan Pablo II en el documento “Ordinatio Sacerdotalis” (1994) con el que pretendía zanjar “definitivamente” la discusión sobre la igualdad de la mujer en la Iglesia, y como sus disquisiciones me recordaron aquello de “cuelan el mosquito pero se tragan el camello”, porque no analizaban ni cuestionaban en absoluto el contenido de dicho documento, he escrito esto que resulta demasiado largo para ponerlo como comentario. Si te parece que no estropea tu programación y puede aportar algo, te agradecería que lo pusieras como artículo en tu post.
Las cínicas “razones” de los jerarcas católicos para negar el sacerdocio a la mujer
Se nos acusa a las mujeres feministas y creyentes católicas de pretender escalar el poder dentro de la Iglesia: “La mujer, para ser ella misma, se constituye en antagonista del hombre. A los abusos de poder responde con una estrategia de búsqueda del poder.”(“La colaboración del hombre y la mujer en la iglesia y el mundo”. El entonces Cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en Mayo del 2004, redactó y firmó este documento, en vista de que la mayoría de feministas católicas hacíamos caso omiso de las amenazas de excomunión, más o menos veladas, que nos había lanzado Juan Pablo II para que nos calláramos de una vez.
El documento de Ratzinger , en mi opinión, estaba lleno de estereotipos sobre el feminismo: Que si somos enemigas de los hombres, que si destruimos la familia, etc. Los obispos, a quienes iba dirigido el documento, en general y a causa del motivo que ha dado origen a las disquisiciones entre Hisopo y Angel, en la duda se han guardado bien desde entones en volver a repetir que son partidarios de ordenar mujeres a pesar de los apuros que están pasando muchas diócesis por falta de ministros.
Sin embargo, con esta clase de documentos, la Jerarquía no hace más que reconocer que se considera al clero una casta aparte, superior y poderosa, a la que suponen que todas las mujeres feministas deseamos pertenecer. Es decir, que desde la Jerarquía, se concibe el sacerdocio como algo completamente opuesto de lo que recomendaba Jesús a los suyos: (Mc 10, 41-45):
“Sabéis que los que parecen mandar a las naciones las gobiernan tiránicamente y que sus magnates las oprimen. No ha de ser así entre vosotros. El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser el primero entre vosotros, que sea esclavo de todos. Pues tampoco el Hijo del Hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos”.
Puede que haya alguna fémina que realmente aspire a ser como ellos son en estos momentos pero, en general, las mujeres feministas creyentes católicas lo que defendemos es la igualdad en dignidad, libertad y derechos de todos los seres humanos, dentro y fuera de la Iglesia.
A mí, personalmente, el sacerdocio no me interesa pues no tengo vocación de ello y, al ser madre de cinco hijos (concebidos sin la intervención del E.S. Lo digo porque yo no odio a los hombres) y feliz abuela de cuatro nietos preciosos (tampoco estoy en contra de la familia, aunque si en contra del modelo de familia patriarcal, mantenido y fomentado por todas las religiones. Entre ellas, la católica). Como decía, considero haber tenido una vida suficientemente satisfactoria y plena.
Debo decir que, a pesar de mis reivindicaciones feministas, no me gustaría que ahora este Papa (u otro) comenzara a ordenar mujeres, sin habernos pedido perdón por las calumnias que los llamados Santos Padres de la Iglesia nos han dedicado a través de los siglos, y sin cambiar ni un ápice de la organización clerical piramidal. Es decir, que les permitiera a las mujeres que le son afines (las hay muy cultas y preparadas) entrar a formar parte del poder clerical. Opino que los ministerios deben ser lo que su nombre indica: SERVICIO y NO PODER NI DOMINACION.
Pero no dejo de considerar una injusticia la discriminación de la mujer en la Iglesia, aunque no tenga la más mínima aspiración en formar parte del clero. La desigualdad en oportunidades y la discriminación por razón de sexo que se está dando en la ICAR, precisamente en unos tiempos en que los DDHH deberían ser respetados por todos los países desarrollados y democráticos, es un escándalo y una verdadera injusticia, y además atenta contra el evangelio de Fraternidad de Jesús de Nazaret. Pero claro, la ICAR no se puede considerar precisamente una institución que viva en este siglo, ni que sea democrática. El Vaticano, como país o estado, todavía no ha ratificado la Declaración Universal de los DDHH. (Lo paradójico es la Doctrina Social de la Iglesia Católica, recomendando a todos los demás estados y países de la tierra que respeten los DDH y sean democráticos).
Y volviendo al documento de Juan Pablo II, “Ordinatio Sacerdotales”.
Estas son las “razones” en las que se han apoyado tanto Pablo VI, como Juan Pablo II y ahora Benedicto XVI, para negar el sacerdocio a las mujeres: “Advertencia de Pablo VI a la Iglesia Anglicana, con el fin de eliminar un nuevo obstáculo en el camino hacia la unión de los cristianos”:
-La Iglesia sostiene que no es admisible ordenar mujeres para el sacerdocio, por razones verdaderamente fundamentales.
-El ejemplo, consignado en las sagradas escrituras, de Cristo que escogió a sus apóstoles solo entre varones.
-La práctica constante de la Iglesia que ha imitado a Cristo escogiendo solo varones.
-Su viviente Magisterio que coherentemente, ha establecido que la exclusión de las mujeres del sacerdocio está en armonía con el plan de Dios para su Iglesia
-La Iglesia no se considera autorizada a admitir a las mujeres a la ordenación sacerdotal.
-La razón verdadera es que Cristo, al dar a la Iglesia su constitución fundamental, su teología antropológica, seguida siempre por la Tradición de la Iglesia misma, lo ha establecido así”.
Mi opinión al respecto
Nadie que tenga dos dedos de frente puede tomar en serio todo esto, a no ser que le interese por razones egoístas de poder clerical y machista.
- ¿PARA “IMITAR” A JESUS? Jesús no dio ningún ejemplo en esto, porque NO ORDENOA NADIE, NI MUJERES NI HOMBRES. En cambio tenía como discípulos a mujeres y hombres.
- ¿Por “PRACTICA CONSTANTE” de la Iglesia? Según podemos comprobar en las cartas de Pablo, las mujeres, desde el principio, animadas por como las había tratado Jesús y recodando sus palabras, se sintieron impulsadas a evangelizar, profetizar y, por supuesto, a ejercer el diaconado. Igual que los hombres: "Os recomiendo a Febe, nuestra hermana, que es además diaconisa de la iglesia de Céncreas": Rm 16, 1). Sin embargo, B 16 ignora a las mujeres diaconisas en su encíclica “Deus caritas est”, 2ª Parte: “la elección de los siete varones, que fue el principio del ministerio diaconal…” (cf. Hch 6, 5-6). Por lo visto le falló la memoria y solo recordó a los “7 varones”. Claro que acababa de reformar el Derecho Canónico de manera que las mujeres no pudieran colársele en el escalafón clerical por el diaconado. Y se sacó de la manga “el diaconado permanente” para que algunos hombres casados pudieran aliviar a los párrocos agobiados, sin peligro de que las mujeres entren en escena. Pero las estudiosas feministas saben, a ciencia cierta, que la “imposición de manos” a diaconisas llegó hasta el siglo VIII, a pesar de la oposición y difamación de los llamados Santos Padres de la Iglesia. (para más información, http://www.womenpriests.org/sp/traditio/deac_gen.asp) Supongo que B 16 ahora debe estar devanándose los sesos para evitar que, algún día, una mujer pueda ser ordenada “cardenala”, pues creo que el Derecho Canónico todavía contempla esa posibilidad.
La retórica anti-femenina comenzó particularmente con los Padres latinos. Tertuliano de Cártago (155-245 DC) fue uno de los peores. Los actuales Santos Padres comulgan de la misma misoginia que ellos (se rumorea que B16 es muy “agustiniano”) aunque , por suerte para nostras las que vivimos en países desarrollados donde la Religión se está separando paulatinamente de las leyes civiles las cuales tienden a defender los DDHH de todos y todas, ahora no se atreven a decir cosas tan fuertes y calumniosas como las que decían los Santos Padres del pasado ( si tenéis curiosidad, os recomiendo que busquéis en Google “Las mujeres según San Pablo y los Santos Padres”) Ahora usan el mensaje subliminal de la necesidad de supeditar a la mujer “para defender la familia” a la cual consideran atacada por las leyes de igualdad que se están promulgando en numerosos países desarrollados y en desarrollo.
En cuanto al “Magisterio viviente” (supongo que se refieren a los Jerarcas vivos), es muy dueño de decir de sí mismo lo que le convenga, pero es del todo cínico afirmar que “la exclusión de las mujeres del sacerdocio está en armonía con el plan de Dios para su Iglesia”. ¿El que se esté dando al mundo entero el lamentable espectáculo de discriminación de las mujeres, así como el empeño de mantener a la mujer supeditada al varón, tanto en la Iglesia como en la familia, entra en el “plan de Dios”? ¿Se lo ha dicho por teléfono el Espíritu Santo?
La guinda del pastel
Juan Pablo II, después de copiar a Pablo VI por entero, añadió en la O.S. esta “genial” prueba del porqué las mujeres no debíamos aspirar al sacerdocio:
“Por otra parte, el hecho de que María Santísima, Madre de Dios y Madre de la Iglesia, no recibiera la misión propia de los Apóstoles ni el sacerdocio ministerial, muestra claramente que la no admisión de las mujeres a la ordenación sacerdotal no puede significar una menor dignidad ni una discriminación hacia ellas, sino la observancia fiel de una disposición que hay que atribuir a la sabiduría del Señor del universo”.
Los jerarcas deben estar convencidos de que las mujeres, gracias a sus esfuerzos y a las costumbres y tradiciones de las diversas culturas, seguimos siendo unas ignorantes totales. Y no solo éso, siguen creyendo que, por naturaleza, somos más tontas que ellos. Por lo menos éso es lo que les enseñan en los seminarios donde todavía se estudia con toda reverencia las teologías de S. Agustín y Santo Tomás de Aquino que opinaban que las mujeres éramos tan imperfectas y pecadoras, que no podíamos ser imagen de Dios.
Desde la India, 14 madres generales de otras tantas congregaciones religiosas, representantes de unas 150.000 monjas, contestaron en su día a la Ordinatio Sacerdotalis de Juan Pablo II.
Es una larga carta que podéis encontrar en el nº de marzo de 1984 de la revista mensual ALANDAR, sección documentos 2, y cuya web es:alandar@alandar.org. Intentaré haceros una síntesis de esa carta (silenciada hasta el momento por el Vaticano):
En ella, respetuosa y humildemente, le reprochan a su “querido Padre” el valerse de la devoción a María para que las mujeres renunciemos voluntariamente al sacerdocio, por imitación a Ella. “¿Cómo pudo María aspirar al sacerdocio cuando esto no existía en su tiempo? ¿reclamó alguna vez para si Jesús el sacerdocio?” Y siempre muy amablemente y con toda humildad, le recuerdan al Papa los inicios del Cristianismo: “Cristo no ordenó sacerdotes y no existía ninguna jerarquía clerical en los tiempos del Nuevo Testamento . Mas tarde la Iglesia adoptó una estructura clerical y jerárquica que adopto elementos de la altamente patriarcal religión judía, de la que era originaria, y también de las estructuras socio-políticas del Imperio Romano en el que echó raíces”.
Asombrosamente, se atreven a denunciar (eso si, siempre humilde y amablemente) la situación de las monjas dentro de la ICAR: “somos relegadas a permanecer en estado infantil perenne y se nos hace depender del clero masculino para vivir nuestra vida religiosa cristiana. Los clérigos hacen uso de esta falta de igualdad para sacar el máximo beneficio, extrayendo mano de obra barata de nosotras”. Y se quejan de que, en la O.S. “parece sugerir que no tiene la intención de mantener un dialogo con nosotras. Parece extraño que en pleno siglo XX los hombres pretendan que el plan de Dios deba solo ser manifestado a través de ellos “. Insisten, una y otra vez, en mantener el diálogo: “Amenazando a las otras Iglesias de romper el diálogo y la unión por el hecho de ordenar mujeres, nos parece a nosotras que la Iglesia prefiere encerrarse en una torre de marfil”. Y se lamentan: “si a los asuntos que se refieren a las mujeres ni siquiera se les confiere la dignidad de ser objeto de un diálogo abierto, SEENTIMOS QUE NUESTRA EXISTENCIA COMO VERDADEROS MIEMBROS DE LA IHGLESIA NOS ES NEGADA” (las mayúsculas son mías).
Yo me pregunto ,¿ que pasaría si a las mujeres consagradss ( creo que están todavía en proporción de cuatro mujeres a un hombre) que ejercen servicios en todos los estamentos de la institución, de forma gratuita y voluntaria, se les abrieran los ojos, como lo hicieron esas monjas de la India (nada sospechosas de ser “feministas radicales”, por cierto), y a la vista de que solo se las considera como “mano de obra barata”, cuando ellas estaban convencidas de estar “sirviendo a la Iglesia” y a su misión de evangelización, se plantaran y se
declararan en huelga? Seguro que habría un colapso institucional universal. Pero eso no ocurrirá nunca porque se ha conseguido marcar a fuego en los espíritus temerosos que la virtud más meritoria delante de los ojos de Dios, es la obediencia a la Jerarquía. Y son las propias compañeras, monjas sumisas y obedientes al clero masculino, las que persiguen y hacen la vida imposible a las que se atreven a pensar por su cuenta.
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Roser Puig , agosto , 2010