Magnificas personas: Mujeres de bodas, madres de crucificados (con León XIV)
Un amigo antiguo me ha pedido que comente la encíclica de León XIV, Magnifica humanidad. Le he dicho: No me atrevo. Quizá no la entiendo, me cae grande, reconociendo que es magnífica.
He añadido que esa palabra (magnífica) me suena al Magnificat de la madre de Jesús que habla de hambrientos y pobres.
En esa línea le he mandado la siguiente postal que, en lugar de humanidad magnífica habla de personas magnificas, amigas de buen vino para enamorados y de consuelo para crucificados (con Jn 2 y Jn 19, 25-27). Buen día a todos, empezando por E.T. de P,. inspirador y destinatario de esta postal.
Una referencia a María
La primera persona de la Trinidad se llama Padre, por ser fuente de amor de la que donde brota el Hijo, en el Espíritu. Desde ese contexto (dejando a un lado la temática de Jesús, persona divina) me atrevo a presentar a María como persona de primera (persona ejemplar, signo eclesial) de la humanidad cristiana
Por Jesús, Hijo encarnado, podemos llamar primera persona de la historia humana ea María, su madre, puesto que ella, siendo humanidad creada, creatura libre, ha cumplido la tarea que Dios le ha encomendado junto a (al servicio de) Cristo, como muestran Lc 1, 26-38; Mt 1, 18- 25 y Jn , 1-11 y 19, 25-27. No es persona como varón patriarca, en el sentido clásico del término (nuevo Adan), ni como mujer matriarca (nueva Eva), sino como “creyente”, en el sentido paulino del término (cf. bienaventurada tú, porque has creído, Lc 1, 45).
Ciertamente, el ser humano fue creado como varón-mujer y en esa línea sigue existiendo (cf. Gén 1,27; Mt 19,4). Pero, siendo muy importante, esa dualidad no define el carácter personal del ser humano, de manera que María no se defina como persona por ser mujer, ni por ser madre de Jesús, en sentido biológico, sino por ser creyente, principio y representante de los creyentes, de los que reciben el Espíritu de Dios (Hech 1, 13-14)
En ese sentido, en un nivel de “generación” María ha tenido que vivir como mujer-madre, pero en sentido radical ella a vivido, amado y dialogado como mujer-persona, en el sentido radical de creyente, formando parte de la comunidad de los amigos del discípulo amado de Jesús (Jn 19, 25-27),
Principio fundamental
Con todas las precauciones que un tema así requiere, me atrevo a presentar este aforismo: María es modelo y principio de realización en cuanto persona, en comunión con otras personas. Ciertamente, ella es mujer creyente, madre de Dios, socia de Cristo y tipo de la Iglesia. Pero es ante todo radicalmente creatura y como tal persona humana.
Por eso quiero definirla simplemente como persona humana y creyente. Jesucristo es hombre (ser humano) en el sentido radical de la palabra.. No es que hubiera humanidad ya terminada y luego, en un momento posterior, viniera el Cristo a insertarse en lo humano. Ciertamente, había ya hombres: creados por Dios en libertad, capaces de buscar y realizarse en un camino abierto hacia el misterio de la propia trascendencia en la que el mismo Dios se va manifestando dentro de la historia. Pero no existía humanidad perfecta, no se había desvelado el hombre verdadero que será Jesús, el Cristo.
Como podrá observarse, he querido una perspectiva esencialista donde el hombre viene a interpretarse desde fuera de la historia, en plano intemporal, como si fuera suficiente tener cuerpo y alma para definirse como ser humano verdadero. Cuerpo y alma, animalidad y pensamiento resultan esenciales, pero son insuficientes para darnos el hombre perfecto, que realiza hasta el final su propio ser o vocación como viviente que proviene de Dios en línea de generación humana, se realiza en libertad ante los otros y culmina su existencia abriéndose en amor y vida hacia Dios Padre
a) Jesús es ser humano verdadero porque se introduce en nuestra historia en la línea de encarnación genealógica que ha destacado el evangelio (cf. Mt 1,1-16; Lc 3,23-38). b) Pero Jesús no es sólo un hombre, es el hombre verdadero, de tal forma que todos los restantes sólo realizamos plenamente nuestra esencia humana por obra de su gracia, pues él nos introduce en su mismo camino filial de realización y encuentro con el Padre. 53
Entre los hombres que reciben su plena humanidad desde Jesús y la realizan en apertura al Padre la iglesia antigua ha destacado la figura de María. Partiendo de la Biblia, ella aparece en la conciencia de la Iglesia como la primera de todas las personas redimidas, es decir, de aquellas que viven plenamente lo humano y de esa forma culminan su camino en el misterio de Dios y de su reino. Pero entre María y Cristo descubrimos una clara diferencia que debemos presentar ya desde ahora y que luego explicitamos:
- Jesucristo es ser humano verdadero en cuanto asume nuestra historia, viniendo a realizarse dentro de ella de manera total, comprometida. No es un Dios que ha planeado desde arriba, ni un fantasma que recibe nuestras apariencias: es humano porque nace de los hombres y con ellos realiza la existencia. Y, sin embargo, Jesucristo no es persona humana en el sentido radical que esa palabra ha recibido en la dogmática cristiana: no realiza entre los hombres un camino nuevo, diferente, sino el mismo camino personal, filial, del Hijo eterno de Dios en el misterio trinitario.
María es también, por Jesús y con Jesús, ser humano verdadero, por gracia de Dios, y así la saluda el ángel de la anunciación, llamándole κεχαριτωμένη, kekharitômenê, agraciada. De esa forma recorre su propio camino frente a Dios. Por eso es persona humana, primera de los creyentes, en perspectiva cristiana
Desde este fondo trinitario han de entenderse las personas de la creación, como seres que, surgiendo de la naturaleza (del proceso de la vida) en camino de amor, en proceso de realización en libertad, culminan su camino en el amor del Espíritu santo.
Dios no ha querido (no ha podido?) crear personas como él, como las suyas (Padre, Hijo y Espíritu) desde fuera, sin comprometerse él mimso en la la historia de los hombres. El ha introducido su misterio personal en nuestra historia. Por eso, lo propio de los hombres consiste también en ser personas, por gracia de Dios que les eleva.
-Dios Padre es persona porque siendo dueño de sí mismo se regala, suscitando al Hijo, que procede de su misma entraña. Es persona al darse y de ese modo es lo que está dando y da lo que está siendo.
-Dios Hijo es persona recibiendo todo lo que tiene desde el Padre: lo recibe como propio y de esa forma tiene (o realiza) aquello que le dan y acoge aquello que realiza.
-El Espíritu santo es persona compartiendo el ser del Padre y del Hijo, como amor común en que los dos se encuentran mutuamente vinculados. 54
Estoy suponiendo de esta forma que, tomado por sí mismo, en su propia realidad vital-pensante, como esencia de este mundo, fuera de Dios, el hombre todavía no es persona en un sentido estrictamente dicho, en camino de amor eterno. El hombre en si es naturaleza, como ser que se va haciendo en un proceso que le ajusta a los restantes seres de este cosmos. Cristianamente hablando, el hombre sólo puede ser persona en relación con el misterio trinitario, es decir, en lo divino, allí donde en un gesto de plena libertad y gracia plena viene a introducirse en el espacio de encuentro intradivino.
Ciertamente, la palabra persona se utiliza también en otras claves, con sentidos diferentes, dentro de la misma teología. No rechazo esos aspectos, pero pienso que deben enraizarse en el sentido principal, de tipo trinitario. Sólo en el camino (en el interior) de Dios el hombre (varón y mujer) se puede definir como persona, en amor, el diálogo con otros.
Podemos formularlo en otra clave: sólo si Dios se manifiesta de manera personal los hombres pueden realizarse y vivir como personas, inmersas en el camino personal de la Trinidad Estrictamente hablando, la persona pertenece al plano del despliegue trinitario de Dios y no a la esencia general o natural del hombre. Por eso, definimos al hombre como el ser que, por gracia de Dios, puede realizarse en plenitud como persona. Y definimos a Dios como aquel que siendo personal en sí puede suscitar en su entorno seres personales, capaces de realizarse en libertad, culminando su existencia.
Todo esto nos obliga a plantear mejor el tema de la revelación de Dios como principio del proceso de personalización en lo creado. Resumiendo un argumento que quizá debiera precisarse podemos afirmar: Para que surjan seres personales no basta con que Dios suscite un mundo hacia lo externo; debe introducirse en ese mundo, haciéndose divino en forma humana.
En otras palabras: para crear en la historia seres personales Dios tiene que encarnarse o, mejor dicho, tiene que encarnar, actualizar o realizar su camino personal en esa historia. Evidentemente, todo lo que ahora estamos afirmando pertenece al campo del misterio. No lo sabemos por teoría, no lo formulamos en un plano de verdades generales. Lo afirmamos solamente porque recibimos la revelación y hemos querido explicitar su contenido. Pero no nos detengamos más sobre este tema. Aceptemos ya en concreto el hecho de la encarnación, la trinidad económica, y veamos el sentido personal y personalizante de cada una de las personas trinitarias:
- El Padre no se encarna como tal en nuestra historia. Nadie puede revelarse en el mundo plenamente como Padre. Por eso dice Jesus: No llaméis a nadie Padre sobre el mundo, todos vosotros sois hijos, sois hermanos (Mt 23, 9). Pienso que ningún hombre puede expresar sobre el mundo el misterio originante del Padre, como ser que da la vida desde el fondo de sí mismo. Por eso, el Padre permanece siempre en una altura que resulta inalcanzable: debemos venerarle como fuente primigenia trascendente de la vida. Pues bien, sabiendo que nadie es Padre verdadero en el mundo (ni el Papa que es simplemente padrecito), el mismo Jesús nos dijo desde la Cruz, como el discípulo querido, nos dijo, refiriéndose a su madre: Esa es vuestra Madre (Jn 19, 25-27).
- El Hijo de Dios se ha encarnado de hecho en Jesucristo, de forma que todos nosotros somos hijos con él y podemos invocar a Dios llamándole Abba, Padre (Rom 8). De ese modo manifiesta Jesús en forma humana, dentro de la historia, el misterio de la filiación: recibe el ser y vida (ousia) de Dios Padre y lo sigue recibiendo en el camino de su misma vida, con todos nosotros. Acabo de decir que el hombre nunca puede reflejar del todo al Padre en el mundo, pero puede y debe reconocerse como Hijo, con Jesús, en Jesús. En esa línea, podemos afirmar que el hombre (varón o mujer) es aquel ser en quien el mismo Hijo de Dios puede encarnarse hasta el final, para recorrer con nosotros su camino filiación eterna. Jesús se encarna así como Hijo de Dios en nuestra historia: expresa humanamente, en fidelidad a Dios y amor fraterno-redentor, su plenitud eterna, su persona trinitaria. Los restantes seres humanoss, empezando por María, sólo nos podemos realizar como personas cuando nos unimos a Jesús, asumiendo su camino de encuentro con el Padre.
- El Espíritu santo no se puede encarnar en un ser humano individual,k pues más. que individuo, en el sentido que nosotros conocemos sobre el mundo, el es Espíritu-Amor que liga a las personas, vinculando de esa forma al Padre con el Hijo. Por eso no se encarna, no explicita su ser en un camino individual; pero se expresa y actúa como amor de todos y con todos en la historia de los hombres.
En Galicia decían a un hombre falso: Sé persona, faite persoa
Dios hizo a los hombres en camino para ser personas, es decir, para encontrar su plenitud y realizarse, como creaturas, en su mismo encuentro de amor trinitario. La grandeza de María consiste precisamente en esto: Por gracia de Dios ella ha sido en plenitud persona, desarrollado en Dios y con los otros (judíos, cristianos, seres humanos, en plenitud ) sus posibilidades humanas más profundas, en libertad, en humanidad, en Trinidad trinitario.
En esa línea, una antigua tradición cristiana, desarrolla por ortodoxos y católicos, se atreve a presentar a Maria como magnifica persona, por su relación con Cristo, Hijo de Dios, por el Espíritu Santo, en Dios Padre.
Por eso no se puede plantear el tema de de la teología preguntando: cur Filius Dei vir?, ¿por qué el “Hijo” de Dios se hizo varón? Jesús no es hijo-varón, sino hijo persona, título de identidad personal propio por igual para varones y mujeres
Por eso hay que tener mucho cuidado al aplicar a Jesús unoz símbolos masculinos del varón como cabeza o esposo como superior a la mujer, su madre, su esposa. Juzgo que ese simbolismo esponsal puede (y quizá debe) mantenerse, pero liberado de toda aplicación masculina. Entre Dios y los hombres se establece por Cristo un encuentro de bodas, un pacto de amor que es profundo y ya definitivo (cf. Jn 2,1-12). Por eso a Dios le llamamos esposo, pero de un modo igualmente verdadero podemos llamarle esposa, amigo-amiga, hermano-hermana. Lo que le define no es la «masculinidad» sino la cercanía de amor, que dialoga con nosotros. Cristo puede aparecer en símbolos de esposo, pero sólo a condición de que pierda sus rasgos de «varón-superior», en plano pre-mesiánico; siempre que esa palabra pueda traducirse diciendo que es amigo, también para varones, sin perder nada de su fuerza. En esta perspectiva reformulamos el sentido de María como virgen, madre y hermana.
En primer lugar, María es mujer pero se define como Virgen. No es la esposa de un varón, no es el complemento femenino de un marido, al menos en el plano más profundo de su vida. Ella es Virgen porque la palabra de Dios y la presencia de su Espíritu la han capacitado para mantenerse en pie, como persona autónoma, distinta, creadora. En este nivel de virginidad, siendo mujer, María se define radicalmente como persona: acepta la palabra de Dios y le responde con la propia palabra de su vida (cf. Lc 1,26-38).
En segundo lugar, María es madre-persona, desde un Dios que es trascendente y de esa forma asume dentro de su vida los dos rasgos del padre y de la madre, del amigo y de la amiga, del hermano y la hermana…. En ese plano de profundidad radical, como primera persona de la historia que dialoga desde el mundo con Dios Padre, María no “necesita” del varón para engendrar, como persona. Lleva dentro de sí misma el gran misterio de la Vida, que es Palabra de Dios, y así la ha explicitado al convertirse en Madre del Mesías.
María es madre para hacerse hermana, como muestra de una forma privilegiada todo el NT. Ella comienza siendo madre: es signo de Israel, del pueblo que camina hacia el futuro nacimiento de la vida, y signo de toda la antigua humanidad que está esperando a su mesías. Por eso debe realizarse en forma de mujer y madre: sólo así ha podido compendiar el camino de todos los seres humano. Ella es la mujer-humanidad que se sitúa ante Dios como persona. Ciertamente es mujer-madre, pero su verdad más honda no se encuentra ya en ese nivel de feminidad antigua, definida como vientre-pechos, en la línea de las diosas de la fertilidad y de la vida. A través de su camino maternal, enraizado en la esperanza del AT, ella se viene a definir y realizar como persona.
María no queda cerrada en el AT como Juan Bautista quedó, con su palabra de juicio y penitencia (Mt 11,11 par). Ha cruzado la raya y, comenzando en el AT, recorre el gran itinerario de la fe que la conduce, por esús, al ámbito de Reino donde viene a desvelarse como hermana en ese pueblo de hermanos (varones y mujeres fraternales) que es la Iglesia. Ella ha superado el riesgo antiguo de la maternidad interpretada en un nivel viejo de historia de la tierra (cf. Mc 3,31-35; Lc 11,27-28) para introducirse, con el misterio de su maternidad cumplida, en espacio fraterno de la Iglesia (Hech 1,14).
De esa manera, me atrevo a presentar a Marìa como magnifica persona, no por ser mejor que otras, sino por ser hermana, amiga y madre con todas (cf. Mc 3, 31-35). Desde ese fondo se puede trazar el camino de personalización de María como Magnifica persona.
- María es persona como responsable de sí misma, es decir, responsable de su propia realización y su existencia. Así lo muestra de manera radical el texto de la anunciación de Lucas (1,26-38). Dios le pide permiso y dialoga con ella. María responde diciendo «genoito», en palabras que expresa su vida. Con eso se eleva ante Dios y le dice «se haga» (fiat, hágase). Ella es dueña de su propia palabra y elevándola (elevándose) ante Dios viene a realizarse de una forma ya definitiva, es decir, como persona.
- María es persona dialogante, en relación con Dios. Siendo dueña de sí misma, María puede darse en transparencia: acoge la palabra de Dios Padre y le responde, en encuentro de amor que nunca se termina, porque Dios mismo es eterno. Y así Maria es la persona radical de nuestra historia: en ella ha culminado y se ha cumplido el diálogo que había comenzado por Abraham y los profetas. Siendo un «hombre», una persona humana, puede dar a Dios su sí, de forma plena y de esa forma suscita la salvación mesiánica por siempre: engendra al Hijo Jesucristo. Sólo en esta linea de diálogo personal Maria viene a presentarse como expresión de la paternidad de Dios sobre la tierra y se convierte en Madre del mismo Hijo de Dios, el Cristo. De esta forma se reasumen, en nuestra perspectiva, las visiones ya indicadas del principio mariológico fundamental (maternidad divina, asociación redentora con Jesús).
- María es persona en relación de amorhacia todos los seres humanos, como personas. Ella no quiere estar fuera de la humanidad, sino en el lugar donde la magnifica humanidad se hace magnifica comunòn de personas en Cristo. hermana entre hermanos, amiga del vino de bodas de los esposos de Caná (Jn 2, 1-11), madre de los discípulos y seguidores queridos de Jesús Jn 19, 25-27).