❤️Hermanito pobre, hermanito de Jesús, con el hermano San Francisco de Asís
¿De qué me habrá valido vivir una buena vida? Si he recibido la luz de tu mirada y no la he puesto a trabajar...
¡De qué me habrá valido esta vida que no es mía!
¡Ni estos dones, estas gracias, estas inquietudes!
Sin ti,
son como los árboles secos.
I. La unción del Espíritu
Señor,
Has derramado el ungüento de tu amor
en mi espíritu.
Para que consuele.
Para que dé esperanza
al que no la tiene.
Hermanito pobre,
hermanito de Jesús.
Junto al hermano San Francisco de Asís.
Y junto al Hermano Jesús.
Tú te ofreciste por todos nosotros.
Y cada día,
en tu terquedad divina, sigues con ello.
Quieres que participemos
de tu misericordia,
de tu amor.
Con el que no oyó hablar de ti.
Con el que aún no te conoce.
II. La locura del Reino
Señor, ¡dame tu valentía!
¡Dame la locura de tu Reino!
Para ser consecuente
con tu justicia.
Para ser consecuente
con tu paz.
Si no lo intento...
¿de qué me habrá valido vivir una buena vida?
Si he recibido la luz de tu mirada
y no la he puesto a trabajar...
¡un día me juzgarás en las tinieblas!
No quiero ser un loco más de este mundo.
No quiero ser un trapecista que se quedó cojo
por no alzar la mirada,
por no alzar la mirada que tú me pediste.
Por no ascender
a las alturas de tu amor.
Quiero estar "loco" con los locos.
Con los de tu Reino.
En este circo de la alegría.
Donde todos,
¡absolutamente todos!,
son imprescindibles.
En la gran carpa de tu creación,
de tu misericordia,
de tu amor.
III. El fruto de la vida
¡De qué me habrá valido esta vida que no es mía!
¡Ni estos dones, estas gracias, estas inquietudes!
Sin ti,
son como los árboles secos.
Como la higuera que maldeciste
porque no dio fruto.
Como el payaso que no ríe,
y hace llorar al niño.
Haz, Señor,
que no tenga miedo al mundo que no es tuyo.
Pero dame un santo temor:
el temor a no hacer de mi vida
lo que tú has soñado
en la gran carpa de tu creación.
¡Dar consuelo!
¡Dar esperanza!
¡Dar alegría!
¡Dar paciencia!
Dar la Buena Nueva de que contigo todo es posible.
Para que el hermanito pobre deje de serlo
y sea un "señor hermanito" de Jesús.
Para que lo haga saber a todos
en una cadena interminable
de alegría, justicia y paz.
Que el hermanito de Jesús recobre su dignidad
de hijo de Dios.
Que sea el payaso de tu alegría.
El juglar de tu creación.
El trapecista que hace los equilibrios imposibles.
Para que tu Reino sea posible,
divino y humano,
cada día,
a todas las horas de la creación.
Del Evangelio a la vida.
De la vida al Evangelio.