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El arzobispo de Oviedo se defiende

Ser Luz y ser Sal no es un logro personal, es un acontecimiento existencial

Ser sal de la tierra, ser luz del mundo es una práctica. No nos quedamos solos con lo que recibimos allí. Salimos y estamos en la urbe para compartir esto que las bienaventuranzas tejen en nosotros, hacen crecer en nosotros. Un verdadero itinerante sabe de su práctica y sabe de su presencia en la urbe.

Luz del Mundo y Sal de la Tierra

Ser luz, ser sal. No podemos ser luz, no podemos ser sal por nuestra propia cuenta. Yo no puedo hacer de mí, luz para los demás. Mi existencia no le puede dar sabor a la existencia de los demás por mi propia cuenta. “Ustedes son Luz del mundo y Sal de la tierra”, no es una invitación del Maestro a que yo me las ingenie para ver de qué manera me convierto en luz del mundo y en sal de la tierra.

No, no se trata de eso. No se trata de que usted utilice sus capacidades personales, creyendo que esas son las que lo van a convertir en luz del mundo y sal de la tierra. Estas palabras del Maestro vienen después de las bienaventuranzas que ya hemos leído, que se leyeron el domingo anterior. Ese texto de las bienaventuranzas: “Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los misericordiosos, porque recibirán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados los hijos de Dios…”, y todas las demás bienaventuranzas, continúan con este texto: “Ustedes son la luz del mundo y la sal de la tierra”.

Eso quiere decir que me hago luz del mundo y me vuelvo sal de la tierra en la medida en que vivo las bienaventuranzas. No es por mi cuenta. Si yo vivo las bienaventuranzas, vivo la pobreza de espíritu. El abandono, el permitir que el Reino de Dios, el Reino de los cielos, emerja en mí, que emerja en mí la misericordia divina, que emerja en mí la presencia divina.

En la medida en que vivo las bienaventuranzas, mi existencia se transforma en luz. Mi existencia se transforma en sal que da sabor a los demás. Ese es el camino.

Luz

No es, repito, un asunto de capacidades personales. Es un asunto de dejarse transformar por la presencia divina. Nuestro camino en la vía contemplativa apunta a eso. Por eso parecemos todo el tiempo receptores de las bondades divinas con nuestra práctica: la postura de sentados, a la espera, la postura de nuestras manos, el silencio, propio de la escucha, el abandono de nuestros propios discursos, etc. Todo esto permite que podamos recibir de la presencia divina o permitir que la presencia divina emerja en nosotros.

A un practicante salmos se le nota si ha practicado, entre otras, por el modo como se mueve en medio del mundo: busca ser luz en su hogar, en su trabajo, en la calle, donde esté. Es decir, permite que esa luz se proyecte afuera. No es un apartarse y quedarse con esta luz que da la práctica. Es una luz que se lleva para iluminar en medio de las tantas situaciones oscuras de la existencia o para dar ese sabor verdadero de vida a la existencia, a las relaciones, al trabajo, a lo que aportamos cotidianamente.

Pero también lo hacemos como Escuela. La Escuela SALMOS no solo es un espacio donde venimos a hacer nuestras prácticas, un espacio lleno de paz y de luz, un espacio lleno de la presencia divina. Siempre los que vienen aquí dicen, “Me he encontrado nuevamente con el silencio y la paz divinos”. No es solo para quedarse aquí. La Escuela SALMOS está llamada a ser luz del mundo y sal de la tierra, también por su presencia en el mundo. Y por eso nos vamos a la ciudad. Por eso estamos ahora en unos puntos de la ciudad donde los itinerantes van a practicar.

Practicantes en la ciudad

Las Ermitas Urbanas son la manera concreta como hacemos presencia de luz del mundo y sal de la tierra. No conviene que un practicante SALMOS, que un itinerante, crea que es suficiente con su práctica en su casa. Es necesario que haga presencia en las ermitas y en otros espacios en donde compartimos de la luz y compartimos del sabor de la experiencia espiritual a la que hemos sido llamados este domingo.

Por eso hacemos nuestro retiro en la Ermita Urbana de San José para poner de manifiesto que estamos ahí, que somos presencia, que somos luz, no por nuestra cuenta, sino porque hemos sido llamados a esto. Hemos sido llamados a hacer presencia luminosa en la ciudad. Allí se va construyendo el carácter del Monje Urbano. Es monje en medio de la urbe. Es un Monje que reconoce el silencio divino, no solo en estos espacios maravillosos silentes en la montaña, sino también en la ciudad, en medio de la agitación urbana. Es aquel que sabe que su presencia, solo su presencia, puede ayudar a otros a iluminar su camino.

Por eso agradecemos ahora desde este domingo las dinámicas de práctica de reunión en la Ermita Urbana de San José con este retiro y con todo lo que se implementa, las sentadas, la escuela de oración Taos: Talleres el Arte de Orar, SALMOS, TAOS y vamos compartiendo, difundiendo, pero también el trabajo que se hace en las instituciones educativas con NUESTRAS ‘Vitácoras’, que es todo un plan de formación en la vida contemplativa y espiritual de los niños, los adolescentes, los jóvenes, los profesores en las instituciones educativas. Es vivir, llevar una vida plena, es contemplar, es llegar al silencio, es hacer un proceso en el cual cada niño pueda escribir la historia de su espiritualidad; y más prácticas de .S.A.L.M.O.S.: las Salas de la Esperanza: como lugares en medio de la ciudad, en medio del dolor, allí compartir la meditación.

TAOS Talleres el Arte de Orar Salmos

Entonces, miren que ser sal de la tierra, ser luz del mundo es una práctica. Es un acontecimiento existencial, es un momento de verdad en el que el creyente se descubre llamado a decidir y a ser plenamente, más allá de sus rutinas o determinismos. No nos quedamos solos con lo que recibimos allí. Si alguien cree que solo se trata de sentarse y quedarse con esa luz que nos da la práctica, no ha entendido todavía. Salimos y estamos en la urbe para compartir esto que las bienaventuranzas tejen en nosotros, hacen crecer en nosotros. Un verdadero itinerante sabe de su práctica y sabe de su presencia en la urbe.

Sigamos, además de practicar, sigamos compartiendo en el chat las manos en postura de oración como signo de que estoy haciendo mi práctica. Pero no solo cuando se ha sentado a meditar, o porque acabó de hacer los Ejercicios del Cuerpo Orante o porque acabó de hacer una Lectio Divina. También pónga en el chat sus manos en postura de oración porque de pronto hizo una práctica, compartió algo de su práctica con otros y entonces vamos compartiendo unos y otros que estamos viviendo ser luz del mundo y sal de la tierra.

Ahora procedemos a nuestra práctica de silencio y contemplación. Y una vez terminada, seguimos en medio del mundo, en medio de la urbe, cumpliendo esta misión que nos encomienda el Maestro.

Más informes: losmonjesurbanos@gmail.com

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