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La CEE denuncia una crisis socioambiental estructural, pero pierde la oportunidad de reclamar el desbloqueo del pacto de Estado frente a la emergencia climática

Los obispos españoles presentan un documento contundente sobre la crisis socioambiental, provocada por "un modelo de desarrollo obsesionado con el crecimiento vacío e ilimitado" y reclaman una transición ecológica y energética "verdaderamente justa e inclusiva"

Incendio forestal

(Abraham Canales/Noticias Obreras).- Los obispos de la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social de la Conferencia Episcopal Española (CEE) han denunciado que la crisis socioambiental está provocada por “un modelo de desarrollo obsesionado con el crecimiento ilimitado” y han reclamado una transición ecológica y energética “verdaderamente justa e inclusiva” que no agrave las desigualdades territoriales ni deje a nadie atrás.

El mensaje, publicado el 12 de agosto con motivo de la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, sitúa a España ante un “verdadero kairós socioambiental”, entendido como un tiempo de gracia, pero también de “urgencia ineludible”. La jornada se celebrará el 1 de septiembre y abrirá el Tiempo de la Creación, que concluirá el 4 de octubre.

Bajo el lema “Forjar la paz y cultivar la vida en nuestra casa común”, los obispos toman como referencia la imagen del profeta Isaías: “De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas”. A partir de ella, relacionan el cuidado de la creación con la resolución de los conflictos armados, la paz fraterna y la transformación de un modelo económico que prioriza el crecimiento y el dominio sobre la sostenibilidad y la vida.

Una España herida por la crisis climática

El mensaje afirma que “la teología y la acción pastoral de la Iglesia no pueden desarrollarse en una burbuja”, alejadas del conocimiento científico y del sufrimiento de la población. Desde esa perspectiva, advierte de que el planeta ha traspasado peligrosamente los límites necesarios para mantener la vida y describe algunas de sus manifestaciones más graves en España.

Planeta herido

Los obispos señalan “una intensificación alarmante de las olas de calor, de sequías prolongadas y cronificadas, de incendiosforestales, de lluvias torrenciales inéditas” y una tendencia a la desertificación que amenaza a más de la mitad del territorio.

También llaman la atención sobre la degradación de los ecosistemas, el agotamiento de las cuencas hidrográficas y la eutrofización de masas de agua emblemáticas por la sobreexplotación de las áreas agrícolas circundantes.

El documento aparece en un verano especialmente duro por las temperaturas extremas y los incendios forestales, después de que el país haya sufrido el mayor fuego de su historia reciente. La situación ha vuelto a evidenciar la creciente exposición del territorio, las poblaciones rurales y las personas trabajadoras a unos fenómenos climáticos que han dejado de ser excepcionales.

El "crecimiento vacío" que no genera bienestar para todos

La declaración episcopal no limita la emergencia ecológica al deterioro de la naturaleza. Los obispos insisten en que no existen “dos crisis separadas, una ambiental y otra social”, sino “una única y compleja crisis socioambiental” –recuerdan citando al papa Francisco en Laudato si’— cuyas consecuencias recaen primero y con mayor crueldad sobre las personas vulnerables.

Entre sus manifestaciones mencionan la exclusión residencial y la pobreza energética que impide a muchas familias proteger a sus hijos e hijas del frío o del calor extremo.

El progreso económico de algunos no se traduce en bienestar para todos

El mensaje denuncia igualmente la paradoja de un “crecimiento vacío”, en el que “el progreso económico de algunos no se traduce en bienestar para todos”. En esa misma línea, sostiene que la España vaciada “no es un accidente”, sino “el resultado de décadas de decisiones que han concentrado la inversión” y han dejado amplias zonas rurales sometidas a la despoblación y al desarraigo.

Frente a este modelo, la Iglesia española reclama una transición ecológica y energética justa que no aumente las diferencias entre territorios. También defiende el agua como bien común y comoderecho humano “básico, fundamental y universal”, no como “una simple mercancía sometida a las leyes del mercado”.

Una paz "desarmada y desarmante"

El mensaje vincula la devastación ambiental con la violencia y la guerra. Apoyándose en la encíclica Magnifica humanitas, denuncia la expansión de una “cultura del poder” alimentada por las polarizaciones y las violencias, así como la normalización de la guerra como instrumento de la política internacional.

Los obispos respaldan el llamamiento de León XIV a construir una paz “desarmada y desarmante”, que no descanse en el miedo ni en el equilibrio armado, sino en el diálogo, la justicia y la diplomacia.

En este contexto, consideran “imperativo superar definitivamente la teoría de la ‘guerra justa’”, sin perjuicio del derecho a la legítima defensa. Todo conflicto armado, señalan, representa una derrota de la capacidad de negociar y de la conciencia común de la humanidad.

El documento recoge además unas palabras pronunciadas por el Papa durante su viaje a España: “No podemos creer en Jesús y promover la guerra; no podemos creer en Jesús y abandonar a quien sufre o a quien huye de la miseria”.

Coste humano y ambiental de la guerra

El coste ambiental y humano de la inteligencia artificial

La llamada a transformar las espadas en arados se extiende también a la tecnología. Los obispos alertan de una nueva carrera armamentística en el terreno digital y económico y recogen la petición de León XIV de “desarmar la inteligencia artificial”, liberándola de las lógicas del monopolio y del dominio cognitivo.

El mensaje cuestiona la “ilusión de un mundo digital inmaterial” y recuerda que detrás de las nuevas tecnologías existe una industria que necesita “zonas de sacrificios, enormes cantidades de agua y energía”.

También denuncia un “neoextractivismo despiadado” de tierras raras que deja “cuerpos marcados y explotados”, especialmente los de niños y adolescentes.

Frente al denominado síndrome de la “Torre de Babel”, asociado a la dominación tecnocrática y a la uniformidad, los obispos proponen el “camino de Nehemías”, tal y como señala la encíclica de León XIV: reconstruir pacientemente la convivencia desde la comunión y la justicia. La “civilización del amor”, añaden, no es una utopía ingenua, sino el compromiso de traducir la caridad en estructuras justas.

"Desarmar las palabras"

La paz que reclama el documento debe comenzar también en el lenguaje. En un clima político y social marcado por la crispación, los obispos llaman a “desarmar las palabras” y recuerdan que la pluralidad no debe degenerar en la descalificación permanente del adversario.

“La firmeza no exige desprecio y la discrepancia no conlleva humillación”, afirman antes de pedir que se renuncie a las expresiones hirientes, los juicios inmediatos y las calumnias en las familias, el trabajo y las redes sociales.

El mensaje concluye invitando a vivir la conversión ecológica como una experiencia profunda y comunitaria. Cada gesto de sobriedad, cada esfuerzo por la justicia energética, cada acto de acogida a las personas migrantes y cada palabra de paz deben convertirse, sostiene, en “instrumentos con los que forjamos arados para cultivar una humanidad nueva”.

La oportunidad perdida de reclamar el pacto de Estado frente a la emergencia climática

El mensaje de los obispos presenta un diagnóstico contundente de la crisis socioambiental, pero no lo traduce en medidas políticas concretas ni en compromisos institucionales de la propia Iglesia. Tampoco menciona el Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática, pese a publicarse el 12 de agosto, en medio de un verano marcado por temperaturas extremas e incendios forestales de una magnitud sin precedentes.

La ausencia resulta especialmente significativa porque el documento pretende ofrecer una reflexión “encarnada” en la realidad española, menciona expresamente las olas de calor, las sequías, los incendios y la desertificación, y defiende que la caridad debe traducirse en “estructuras de justicia”.

El pacto plantea precisamente medidas estructurales relacionadas con ese diagnóstico: fortalecer la prevención y la gestión forestal, reforzar los servicios públicos de emergencia, mejorar las condiciones laborales del personal forestal y de extinción, proteger a las personas trabajadoras frente al calor extremo, impulsar el empleo verde, revitalizar el medio rural y garantizar una coordinación estable entre las administraciones.

La iniciativa, articulada en quince ejes y ochenta medidas, continúa bloqueada por la falta de consenso político, aunque ha recibido el apoyo de organizaciones sindicales, empresariales y ecologistas y de representantes de la propia Iglesia española, como explicamos aquí.

El director del Departamento de Ecología Integral de la CEE, Eduardo Agosta, había considerado “pertinente” la propuesta y defendido la necesidad de abordar “con seriedad” la mitigación y la adaptación climáticas. También reclamó una respuesta coordinada en el ámbito estatal y advirtió de que las comunidades autónomas no son suficientes por separado para afrontar un problema que afecta al conjunto del país.

Los obispos podrían haber aprovechado su mensaje para ratificar esa posición y reclamar a las fuerzas políticas el desbloqueo del pacto o, al menos, un gran acuerdo nacional y transversal frente a la emergencia climática.

Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática | Borja Puig de la Bellacasa

Sin embargo, la conclusión se concentra principalmente en “cada gesto de sobriedad”, “cada esfuerzo por la justicia energética”, la acogida a las personas migrantes y el uso de palabras de paz. Son compromisos necesarios, pero fundamentalmente personales y comunitarios ante una crisis que los propios obispos describen como estructural.

La declaración identifica las raíces económicas, políticas y tecnológicas de la emergencia socioambiental, pero evita señalar las decisiones colectivas e institucionales capaces de comenzar a transformarlas.

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