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La práctica totalidad de las diócesis han visto descender sus ingresos durante la pandemia
"Hemos estado a punto de echar el cierre, y todavía hoy no podemos decir que la cosa se haya recuperado". Las palabras de un ecónomo diocesano de la España vaciada muestran el sentir de la práctica totalidad d las diócesis españolas, que arrastran una complicadísima situación económica tras año y medio de pandemia que, durante meses, vació los templos y los cepillos. Aunque no hay datos oficiales, se estima que, sólo durante los dos primeros meses de confinamiento, la Iglesia española dejó de ingresar unos 40 millones de euros al mes.
Año y medio después, la recuperación está lejos de producirse. Los fieles no han regresado (al menos, en su mayoría)a los templos, y los donativos siguen resintiéndose. Fuentes episcopales calculan que los ingresos han podido reducirse entre un 20 y un 25% desde el comienzo de la pandemia, y eso que la Conferencia Episcopal cuenta con un mecanismo de coordinación y solidaridad, el Fondo Común Interdiocesano, que ha permitido que las diócesis más ricas (ls urbanas, menos afectadas por el escenso en la recaudación) hayan podido ayudar a las más pobres (rurales, con población más envejecida).
Otros mecanismos, como el portal donoamiiglesia.es o iniciativas como el proyecto Done del Banco Sabadell o proyectos similares de La Caixa o el Santander han ayudado a hacer algo más pequeño el agujero, aunque las colectas on line apenas se ha incrementado en un 10%, insuficiente para hacer frente a la crisis, que desde el verano se ha mitigado en parte con la apertura de los museos y visitas guiadas a catedrales y bienes de interés cultural. Pero el riesgo de bancarrota en muchas diócesis sigue siendo alto. De hecho, la diócesis de Málaga admitió haber solicitado un crédito ICO de un millón de euros para mantener su actividad, mientras que obispados más pequeños, como Zamora o Segovia, han admitido un déficit que supera el millón de euros. Ávila ingresó medio millón de euros menos.
¿Cuál es la solución? Trabajar efectivamente en la corresponsabilidad de los laicos. En estos momentos, imprescindible. Y curiosamente, con una oportunidad e éxito, que viene de Roma: el proceso sinodal, que convoca a todos los fieles, especialmente a los lacios, a la participación efectiva, no sólo económica (aunque también) par la toma de decisiones de futuro en sus parroquias, comunidades, congregaciones u organismos diocesanos.
Lo afirmaba esta semana el cardenal de Valladolid, Ricardo Blázquez, quien instaba a la "colaboración" en el orden económico, en un momento en que se han reducido al 20% las colectas como consecuencia de la pandemia. El arzobispo de Toledo, Francisco Cerro, hablaba en términos similares, mientras que el obispo de Ávila, José María Gil Tamayo, calificaba 2020 como un "año fatídico", con pérdidas de hasta el 30%. En su carta pastoral de esta semana, el presidente de la CEE, Juan José Omella, admitía el brutal descenso en la recaudación.
En otras diócesis, como Madrid, Oviedo o Burgos, la sangría no ha sido tanta, pero la colaboración entre Obispados hace que unos dependan de otros, con lo que si una parte de la Iglesia española sufre, todas se resienten. Tal vez por ello, hoy, Día de la Iglesia Diocesana, sea el momento de empezar a colaborar. También, para que las cosas cambien. Y se apueste definitivamente por la transparencia, y la corresponsabilidad, a todos los niveles.
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