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Dolores Sánchez: "Que el Cristianismo no sea un peso muerto en Occidente"

La española, asesora del dicasterio para el Desarrollo Humano Integral, trazó las bases de una nueva civilización sobre los ejes de la unidad, el compromiso y la empatía. "Europa parece que va caminando por inercia", con "empresas más eficientes pero personas más cansadas". "Vivimos como locos"

Dolores Sánchez, durante su intervención

Tras los saludos iniciales, entramos en harina en el IV Encuentro Iglesia-Empresarios de Santiago, con la mirada de María Dolores Sánchez, española asesora del dicasterio para el Desarrollo Humano Integral, quien afrontó la necesidad de "trabajar juntos en pos del bien común", haciendo que el cristianismo "no sea un peso muerto" para la economía o la sociedad. "Esto es muy díficl comprenderlo hoy", adujo, comparando la situación actual con la que vivía Rosalía de Castro en la Galicia de hace un siglo.

"Vivimos rodeados de realidades, principios y valores que nacieron de esa matriz cultural judeocristiana. Sin embargo, Occidente, que dispone de más derechos, conocimientos y tecnología que nunca, acoge a jóvenes que manifestan con violencia y agresividad", y lo peor es "la dificultad para generar vínculos sólidos, o empatizar con los otros".

"La Iglesia, y todo su magisterio, siguen reivindicando con convicción que el ser humano está llamado a desarrollar todas sus capacidades, en relación con Dios y con los demás", en "esa necesidad de conectar que es única en el ser humano".

Intervención de la asesora del Vaticano

"La pregunta ya no es únicamente lo que podemos hacer cada uno de nosotros, cada vez más solos, sino para qué lo hacemos. Esa es la gran pregunta de Occidente", trazó, lamentando que en ocasiones "Europa parece que va caminando por inercia", con "empresas más eficientes pero personas más cansadas". "Vivimos como locos", recalcó, pidiendo "crear ámbitos sanos y estables".

"¿Qué queremos hacer, qué queremos llegar a ser?", preguntó. "Esa es una pregunta que la Iglesia todavía puede seguir haciendo", insistió Sánchez, cuya visión global, desde el Vaticano, permite hablar "no desde el poder ni desde la nostalgia, sino desde la propuesta del Evangelio: que la persona humana es un ser llamado a la realación, a la comunión, a la fraternidad", pues "ninguna sociedad puede mantenerse sólo con normas y leyes". "Ninguna institución sobrevive solo con activos económicos", advirtió, llamando a "estar ahí", algo que pueden hacer Iglesia y empresas, "ayudando a los sectores más marginados", como hacen empresas como TuTecho.

"No debemos tener miedo a hablar de Amor. Una sociedad se mide por su capacidad de hacer vida la 'Magnifica Humanitas'", finalizó. "El ser humano siempre es más que su utilidad y su función económica, es una humanidad que todavía es capaz de construir, de crear y de compartir", subrayó. "Necesitamos instituciones, pero también personas que sean capaces de sostenerla". La gran novedad cristiana, así, "es una nueva comprensión del poder". Y un nuevo liderazgo, el liderazgo de Cristo: "Quien quiera ser el primero, que se ponga a servir a todos", construyendo "un proyecto común pese a las diferencia y la homogeneización global".

La pregunta decisiva "ya no es cuánto producimos, sino qué tipo de personas estamos creando mientras producimos. Occidente nació al afirmar que toda persona tenía una dignidad inviolable. Necesitamos alianzas, redescubrir la verdad y combatir la indiferencia creciente por el dolor ajeno. Necesitamos unidad, servicio y cuidado, pero por parte de todos. Así Occidente volverá a regenerarse".

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