Luanco (Asturias) y la piedad popular: En el 250 aniversario del Santísimo Cristo del Socorro
El celebrante principal de la Santa Misa fue el cardenal, natural de Luanco e hijo de pescadores, eminentísimo y reverendísimo don Ángel Fernández Artime, salesiano
"El hombre es malo por error", A. Maurois.
I.- Preliminares: Cerdeña y Córcega:
Hay veces que los acontecimientos se suceden sin otra explicación que el veleidoso y temible azar, cual lotería, prueba más que indiciaria de la fragilidad humana. Por ejemplo: en el artículo penúltimo titulado Al cardenal Becciu trato de explicar, publicado el 21 de enero pasado en Religión Digital, “salió” la isla italiana de Cerdeña, lugar de nacimiento del político Cossiga y del cardenal Becciu (sardos ambos). En este artículo, de 5 de febrero, “sale” la isla francesa de Córcega, patria de Napoleón (corso), estando una y otra isla como mirándose con desconfianza, pudiendo navegar entre ellas, cual aprendiz de Ulises en barca de vela, en dirección a Barcelona y desde puerto italiano. El mar es el mismo, el Mediterráneo.
II.- Preliminares: Viaje del Papa a Córcega:
Fue el 15 de diciembre de 2024 cuando el papa Francisco, renunciando a las pompas de la reinauguración de la catedral Notre-Dame de Paris, no quiso ausentarse en la clausura del Congreso sobre la religiosidad popular en el Mediterráneo, celebrado en Ajaccio, capital de Córcega, y último viaje al extranjero del papa argentino. Ese viaje motivó un artículo mío, publicado el 16 de diciembre, al día siguiente del viaje (15 de diciembre), que titulé: Papa Francescu in Corsica: Piedad popular y laicidad. Y es que tuve la intuición de que el viaje era muy importante:
1º. Porque el obispo de Ajaccio era -sigue siendo- monseñor Bustillo, cardenal, franciscano conventual, nacido en Navarra (España) y ya papable en el Cónclave del pasado mes de mayo, siendo muy joven. La Diócesis de Ajaccio es sufragánea de la de Marsella, metropolitana, y a cargo del cardenal arzobispo Aveline, presidente en la actualidad de la Conferencia Episcopal francesa, y también papable en su día, habiendo sido fundamental su labor para el éxito del viaje del Papa a Marsella en septiembre de 2023.
2º. Porque, además del inevitable cardenal secretario de Estado, estuvieron presentes, acompañando al papa, dos cardenales: Mamberti, con muchos vínculos con la Isla francesa, aunque nacido en Marruecos; elegante y tieso como siempre, y esta vez con elegancia subida por lucir un sombrero negro. Y Prevost, prefecto del Dicasterio de los obispos y cardenal dentro del selectivo orden de los obispos, parecía de una normalidad total, “cachazudo”, sin pretensiones estéticas; anteriormente, al “saltar” a Roma desde “tierra de misión” (Perú), ya me había fijado en el norteamericano, siendo buena ocasión para verle moverse.
Vi a Prevost, en el Aeropuerto de Ajaccio al lado del arzobispo de Reims (Francia) y presidente entonces de la Conferencia Episcopal francesa, monseñor Erìc de Moulins–Beaufort, el aristócrata. Por eso, cuando todos empezaron a hablar de Parolín como papable -los secretarios de Estado en tiempos modernos, salvo Pío XII, tuvieron muchas dificultades para llegar al Papado- apunté, con modestia, a Robert Prevost ¡Qué importante, en tiempos de Trump, es haber nacido en Norteamérica!
3º. Porque estaba convencido de que iba ser un viaje de mucha emoción e importancia para el papa Francisco y su psique, tal como el mismo comentaría posteriormente, impresionado por el entusiasmo multitudinario de jóvenes y adolescentes de Córcega.
4º. Porque el Papa pronunció un importante discurso en la sesión de clausura del Congreso sobre la Piedad popular (religiosidad) en el Mediterráneo. Discurso cuya lectura íntegra recomiendo a través de la magnífica página web de la Santa Sede.
III.- Luanco, Villa asturiana y marinera en el Cantábrico, no en el Mediterráneo. Piedad Popular.
Fue un éxito lo de la piedad popular en el Mediterráneo, “mar que es del politeísmo, la democracia, y el derecho, articulador del Estado, que se forjó en Roma” (Baltasar Porcel). Y mar de muchas tragedias por causa de ser lugar de muertes de emigrantes.
Interesante también sería un congreso sobre la piedad popular en el Cantábrico, desde la Costa gallega a la vasca hispano-francesa, con docenas de iglesias de tipología marinera, por estar en villas marineras, tal como Luanco. Recuerdo en la iglesia de San Juan de Luz (Costa vasca francesa) haber visto un barco como de maqueta, colgado del techo junto al altar, y con asientos para pescadores en la parte alta. Es verdad que los cántabros no tuvieron la finura de los romanos, habiendo sido desgraciada la resistencia a la romanización, especialmente en el País Vasco.
No importa que catedrales, con góticas agujas apuntando al cielo haya escasas, bastando, acaso, la de Oviedo, que es Basílica Metropolitana de San Salvador, disponiendo de uno de los mayores relicarios de Europa, llegándose a decir, acaso con falsedad por grandonismo astur, que conserva hasta una pluma de la paloma del Espíritu Santo en el Relicario.
Un ejemplo sobresaliente de esa piedad popular cantábrica, muy relacionada con el mundo marinero y de pescadores, está en Luanco, habiéndose celebrado hoy mismo, el 250 aniversario del Santísimo Cristo del Socorro (Luanco 1776-2026). En un ejemplar informativo de la Parroquia Santa María de Luanco se cuenta el dramático y milagroso episodio ocurrido el 5 de febrero de 1776, con ocasión de la salida a la pesca del besugo de los barcos del puerto luanquín, y, tal como consta en un documento parroquial conservado en la iglesia de Santa María, “viendo que el mar no amansaba se determinó pedirle al Cielo y sacar en procesión la soberana imagen del Santísimo Cristo del Socorro, entonando el Miserere y otros Psalmos”, obteniéndose el favor divino, resultando los marineros sanos y salvos.
Y se detalla, en el ejemplar informativo, el programa de las fiestas con motivo del 250 aniversario del Milagro del Santísimo Cristo del Socorro, que comenzaron el 14 de enero y terminaron el 14 de febrero.
Y a Luanco (o Lluanco) llegué a las 10 horas, leyendo en un cartel “Bienvenido a Gozón”, que así se llama el municipio, caminé por el atrio y el llamado “cabildo”, que mira al mar, el Cantábrico. Entré ya en la Iglesia y admiré el retablo grande y los seis más pequeños, en uno de los cuales, con manto rojo, estaba la Virgen de Covadonga.
IV.- Principales celebraciones del jueves, día 5 de febrero.
Comenzaron estas con la representación de los sucesos del 5 de febrero de 1776, a cuyo efecto se inició una procesión con el Santísimo Cristo del Socorro, que portaba una mujer, recorriendo el atrio de la iglesia parroquial y luego el que llaman “cabildo” con decenas de columnas mirando al mar, para luego regresar al interior de la Iglesia, dando comienzo a las 12 horas y cinco minutos la Santa Misa, que era el acto central del día de hoy.
Previamente, a las 11 horas llegaría al templo, desde Madrid y en automóvil, el eminentísimo y reverendísimo señor cardenal don Angel Fernández Artime. A las 11,15 horas, llegaría al templo el señor presidente del Principado de Asturias, don Adrián Barbón, acompañado de una vicepresidenta de la Junta del Principado de Asturias. Y a las 11,30 horas llegaría el arzobispo de Oviedo, excelentísimo y reverendísimo, don Jesús Sanz Montes.
La iglesia estaba abarrotada de fieles, y por allí se comentaba que Adrián Barbón para los muy católicos, casi ultras, era el representante de la “sana laicidad”, y que, para otros, los de su gobierno social-comunista, era de una catolicidad como de otro régimen.
La Santa Misa solemne, concelebrada por el cardenal, el arzobispo y los párrocos, el de Candás y el de Luanco, se celebró en la iglesia parroquial de Luanco, en honor del Santísimo Cristo del Socorro; una iglesia declarada Monumento Histórico artístico, de sobriedad exterior y de barroquismo interior, con siete ricos retablos. El conjunto fue sufragado en su día por el poderoso Gremio de Mareantes y por las aportaciones de marineros gracias a las ganancias de la pesca. Destaco una imponente lámpara, de 36 puntos de luz, donada a finales del siglo XIX por un indiano emigrante a Cuba, ahora restaurada por un equipo de generosas mujeres, encabezadas por la restauradora gijonesa, Amelia D´Aubarede.
El lugar de la iglesia no puede ser más espectacular, entre el puerto y la playa de Luanco, mirando al mar, el Cantábrico.
El celebrante principal de la Santa Misa fue el cardenal, natural de Luanco e hijo de pescadores, eminentísimo y reverendísimo don Ángel Fernández Artime, salesiano, designado por el papa Francisco pro-prefecto del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de vida Apostólica. Y del que hoy La Nueva España (página 36) considera “hombre de confianza del nuevo Papa
En octubre de 2025, por designación del papa León XIV, fue nombrado Giudice Applicato della Corte di Cassazione dello Stato della Città del Vaticano -cargo que, por mi condición de jurista, me interesa especialmente-. Un hecho muy importante es que la Corte di Cassazione está, hoy, presidida por el cardenal Camarlengo, monseñor Farrell, que dirigió la Iglesia durante la Sede Vacante por la muerte del papa Francisco, contando con expertos juristas. En enero de este año, fue nombrado monseñor Fernández Artime miembro de la Comisión Cardenalicia del IOR.
También concelebró la Santa Misa el arzobispo de Oviedo, del que escribiré que, en una entrevista publicada por el diario La Nueva España, el domingo 13 de febrero de 2022, con el ceño fruncido, dijo: “Quien me conozca mínimamente sabe que, en la distancia corta y en la larga, conmigo se puede hablar”. Pudiera ser. Y hoy no le vi con el ceño fruncido, sino triste, lo cual es muy explicable.
Concelebró igualmente la Santa Misa el reverendo párroco, don José Antonio Alonso Artero, curador de almas por presbítero y curador de cuerpos por médico. Una persona excepcional desde el punto de vista humano y religioso, al que conozco desde hace años, gracias a su gijonesa familia de farmacéuticos.
V. Homilia del señor cardenal:
Me interesó la homilía del cardenal, estando muy atento a ella. Me pareció una predicación homilética perfecta en duración, tono, contenido y leída para ser de más inteligencia. Fue una pieza épica (las hazañas de los marineros en aquel 1776), lírica (por las palabras y la corrección sintáctica del orador sagrado) y, naturalmente, religiosa, reiterando el hecho milagroso acaecido en Luanco (o Lluanco) hace 250 años, que no es sólo tradición, sino también “textura de fe”; no sólo folclore y ritual, sino también presencia de Dios y signo de amor. Y recordó “les lanches” que estaban en el puerto, “les cajes” de “sardines” que allí había, y las ventas de pescado en la calle que llevaban en “un carrín”.
Cantó monseñor Fernández Artime al Luanco que conoció en su infancia, ya de otro tiempo, pero permaneciendo siempre, en constante generacional, la fe que parte de atrás, de generaciones anteriores. Recordó “a nuestros mayores que comprendieron que la salvación no nace del poder humano sino de la misericordia que viene de lo Alto; eran más humildes que nosotros”.
Después de recordar a la Santina de Covadonga y a la Virgen del Carmen, recitó una plegaria al Cristo del Socorro, concluyendo el oficio religioso con la bendición conjunta del cardenal y del arzobispo, sobre las 13,15 horas.
Se inició seguidamente una procesión religiosa sacando del templo las -sagradas imágenes, entre ellas, la del Cristo.
A manera de conclusión
No debo concluir este artículo sin citar el Discurso papal en la mañana del día 15 de diciembre de 2024. El papa, precisando que fue San Pablo VI el que cambió la palabra religiosidad por piedad, dijo:
“La piedad popular, que expresa la fe con gestos simples y lenguajes simbólicos arraigados en la cultura del pueblo, revela la presencia de Dios en la carne viva de la historia, fortalece la relación con la Iglesia y a menudo se transforma en ocasión de encuentro, de intercambio cultural y de fiesta. Es curioso, una piedad que no sea festiva no tiene “un buen olor”, no es una piedad que venga del pueblo, es una piedad muy “destilada”.
Sobre la importante cuestión política y teológica de la laicidad, el papa Francisco leyó en Ajaccio:
“Surge la necesidad de desarrollar un concepto de laicidad que no sea estático y rígido, sino evolutivo y dinámico, capaz de adaptarse a situaciones diversas o inesperadas, y de promover la colaboración constante entre las autoridades civiles y eclesiásticas para el bien de toda la colectividad, permaneciendo cada uno dentro de los límites de sus propias competencias y espacio”.
Y copiado lo anterior, concluyo:
Siempre pensé que lo popular no se tiene que oponer a lo excelente y/o sublime; ahora, siendo lo popular un adjetivo que califica la religiosidad o piedad, y visto lo, ocurrido en Luanco, mi pensamiento es ya certeza. Y que, como escribiera un esteta y filósofo, mediterráneo de Barcelona, “El canto de las verdades es el canto más melancólico que pueda concebirse” (R. Argullol).