Omella: "¿Qué más quería? Acabar mi ministerio en Barcelona con el Papa y en Tortosa con la Cinta"
El arzobispo de Barcelona vuelve a la tierra de su infancia y pide a los tortosinos que mantengan viva la devoción a la Cinta
Hay poco trecho de montaña entre Cretas y Tortosa. Juan José Omella lo ha recordado este domingo por la mañana, antes de adentrarse en una homilía que ha acabado convirtiendo la Catedral de Santa María en un espacio de memoria personal, de oración y también de despedida. "Veo las puertas abiertas, y las montañas que separan mi pueblo del vuestro, me siento como en mi tierra, Cretas", ha dicho el cardenal, arzobispo de Barcelona, ante una Tortosa que celebra la Cinta.
La distancia geográfica, para Omella, es corta. También lo es la afectiva. De pequeño, ha explicado, venía a menudo a Tortosa "a escuchar misa" y vivía "muy cerca del puente que une el río Ebro". Un recuerdo de infancia que este domingo ha reaparecido en plena Fiesta Mayor, en una jornada que ha tenido al purpurado como una de las figuras religiosas e institucionales destacadas.
La presencia de Omella tiene, además, un significado especial. El cardenal, que afronta la recta final de su ministerio en Barcelona a la espera del relevo episcopal, ha sido este 6 de septiembre una de las figuras centrales de la jornada de la Cinta. El programa oficial preveía al mediodía la Misa Estacional en honor de la patrona de Tortosa, presidida por el obispo Sergi Gordo, y por la tarde la solemne procesión por las calles de la ciudad.
Pero antes de que llegara la procesión estaba el calor. Un calor de esos que en Tortosa no necesitan presentación. En una de las últimas olas de calor del verano de 2026, las Tierras del Ebro han vuelto a jugar un partido aparte. Y este domingo el termómetro ha apretado con especial intensidad, hasta el punto de que el calor se ha convertido en un actor más de la celebración.
Omella lo ha incorporado a su discurso con el humor que le caracteriza. "Me dijo el obispo antes de venir que aquí haría calor, y tenía razón, el obispo Sergi Gordo", ha comentado, para después relatar una pequeña historia de veranos en Cretas y de ventiladores regalados recientemente a la iglesia de su pueblo natal para paliar las altas temperaturas: "¿En Tortosa no habrá algunos ventiladores para regalar? No seáis tacaños, si no tendré que pagarlos yo".
La broma ha tenido continuidad al final de la celebración. Mientras el cardenal todavía estaba en el presbiterio, su secretario, Marc Labori, le acercaba un pequeño ventilador. Labori, discreto pero omnipresente durante la jornada, ha tenido así también su momento de protagonismo en una fiesta en la que ha acompañado a Omella junto con Esteve Camps, presidente-delegado de la Junta Constructora de la Sagrada Familia. El programa de la procesión los identificaba precisamente como sus portadores de las borlas.
Una homilía para mirar hacia arriba
Durante unos 20 minutos, Omella ha construido una homilía en torno a la necesidad de escuchar, confiar y mantener los vínculos. "Nos cuesta escuchar, estar atentos al otro y al Otro, en mayúsculas", ha reflexionado. Y ha lanzado una pregunta que enlaza la vida espiritual con una sociedad cada vez más pendiente de sí misma: "¿Escuchamos o estamos pendientes de lo que dicen de nosotros?".
El cardenal también ha admitido que escuchar a Dios puede dar miedo. Es aquí donde ha introducido la figura del santo mexicano Juan Diego y la aparición de la Virgen, con el mensaje de no tener miedo. En su lectura, la Cinta también contiene este mismo mensaje: "Hoy la Cinta nos dice que alcemos la mirada —ha remarcado—, confiemos en ella, no tengamos miedo".
Es una exhortación que Omella ha situado en un contexto más amplio. "La sociedad camina desorientada y necesitada de sentido", ha afirmado. Ante esta desorientación, su propuesta ha sido concreta: pedir a la Virgen de la Cinta que mantenga a los fieles unidos a su hijo y que los haga "constructores de vínculos de fraternidad y de paz".
Pero si hay una idea que ha querido dejar especialmente dirigida a Tortosa es la de la transmisión de la devoción. "No olvidéis la historia de la Virgen de la Cinta, guardadla, protegedla, enseñádsela a los jóvenes", ha reclamado. Una frase que cobra especial relevancia en unas fiestas que combinan religión, identidad ciudadana y tradición popular.
La programación de la jornada lo refleja: antes del oficio, la plaza de la Cinta acogía el baile de los Gigantes, con pubillas, hereus y representantes de la fiesta; después de la misa, el Águila de Tortosa debía danzar en el altar mayor en honor de la patrona.
"Si me voy de Barcelona, acabo muy bien"
El momento más explícitamente vinculado a su futuro episcopal ha llegado cuando Omella ha hecho referencia, con ironía, a las informaciones que apuntan a su próximo relevo en Barcelona. "Ahora que dicen los periodistas que me tengo que ir de Barcelona, pues está muy bien, acabo muy bien mi ministerio, en Barcelona con la visita del Papa y en Tortosa con la Virgen de la Cinta, ¿qué más quería? Ya veremos si los periodistas tienen razón o no", ha dicho.
La frase ha tenido el aire de una salida distendida, pero llega en un momento en que su presencia en Tortosa no es una visita cualquiera. Omella cumple este año una etapa avanzada de su ministerio episcopal y su participación en las Fiestas de la Cinta puede acabar siendo uno de los últimos grandes actos públicos fuera de Barcelona antes del relevo.
En Tortosa, sin embargo, este posible adiós se ha vivido menos como una despedida que como un reencuentro. La ciudad le ha reservado el Estandarte Principal de la Real Archicofradía de Nuestra Señora de la Cinta para la procesión de la tarde. La decisión del primer mayordomo, Josep Cardona, ha situado al cardenal al frente de uno de los símbolos más visibles de la fiesta religiosa tortosina.
La Cinta, entre la ciudad y los pueblos
La procesión, prevista para las siete y media de la tarde, recorre el itinerario habitual e incorpora el Séquito Festivo de la Cinta, la Lira Ampostina y la Banda Municipal de Música de Tortosa, con la participación de las autoridades y de las representaciones de la fiesta.
Con Omella llevando el Estandarte Principal, Esteve Camps y Marc Labori lo acompañan como portadores de las borlas. La presencia de Camps refuerza, a su vez, el vínculo con la Sagrada Familia y con la Iglesia de Barcelona, en una jornada en la que el recuerdo de la reciente visita papal a Cataluña todavía forma parte del trasfondo eclesial.
Pero el protagonismo es, sobre todo, de la Cinta. La fiesta religiosa es también una manera de reunir a una ciudad alrededor de un símbolo compartido, y este año la procesión incorpora, de nuevo, la participación de los municipios y pueblos del entorno.
Es precisamente esta dimensión comunitaria la que reivindica para la Agencia FlamaVíctor Manuel Cardona, que este domingo vive por segundo año las Fiestas de la Cinta como prior de la Real Archicofradía. "Tener un cardenal te recuerda que es Iglesia universal, que vivimos con una madre que nos acompaña y no nos deja solos", ha argumentado al terminar la misa. "Nos toca mucho la fibra a los tortosinos".
Cardona también ha puesto palabras al vínculo particular de Omella con Tortosa. Y lo ha hecho con un dato cargado de simbolismo: "Si hubiera empezado un año antes habría sido diócesis de Tortosa su territorio diocesano".
La frase cierra el círculo que Omella había abierto al comienzo de la mañana. Cretas queda al lado de Tortosa, pero durante unos meses, por una cuestión de calendario, podría haber estado todavía más cerca en términos eclesiales. La historia episcopal tomó otro rumbo; la memoria personal, en cambio, ha conservado el puente, el Ebro y aquellas visitas de niño.