Hazte socio/a
Última hora:
Así es la 'doctrina Marimí' para las (y los) HAM

Treinta años de obispo: Omella, de la ordenación en Zaragoza al corazón de la Iglesia universal

Este martes se cumplen tres décadas de la ordenación episcopal de Juan José Omella

El cardenal Omella, en una imagen de archivo. | José Luis Gómez Galarzo

Hay documentos que, con el paso de los años, adquieren un valor que va más allá del que podían tener el día en que fueron impresos. El libro de la ordenación episcopal de Juan José Omella es uno de esos pequeños testimonios de papel que permiten regresar a aquel 22 de septiembre de 1996. Aquel día, en Zaragoza, un sacerdote de 50 años, nacido en Queretes y con experiencia pastoral y misionera, comenzaba una nueva etapa de su vida eclesial. Había sido nombrado dos meses antes por el papa Juan Pablo II obispo titular de Sasabe y auxiliar de Zaragoza.

Treinta años después, aquel obispo auxiliar es cardenal y arzobispo metropolitano de Barcelona, tiene 80 años y ha pasado por cuatro diócesis, ha presidido la Conferencia Episcopal Española, ha formado parte de organismos de la Santa Sede y ha sido miembro del Consejo de Cardenales del papa Francisco. Su recorrido episcopal ha transcurrido, así, por algunos de los principales episodios vividos por la Iglesia catalana y española durante las últimas décadas.

Libro repartido durante la ordenación de Omella, en 1996. | Archivo

Un 22 de septiembre que comenzó en Zaragoza

Cuando Omella recibió la ordenación episcopal tenía 50 años. El papa Juan Pablo II lo había nombrado el 15 de julio de 1996 obispo titular de Sasabe y auxiliar de Zaragoza. La consagración corrió a cargo del arzobispo de Zaragoza, Elías Yanes Álvarez, el 22 de septiembre de aquel mismo año.

Omella llegaba al episcopado después de una trayectoria sacerdotal iniciada el 20 de diciembre de 1970. Formado en el Seminario de Zaragoza y en los centros de los Padres Blancos de Lovaina y Jerusalén, había ejercido como coadjutor y párroco y había sido vicario episcopal de Zaragoza entre 1990 y 1996. También había vivido durante un año la experiencia misionera en Zaire.

El mismo 22 de septiembre en que Omella era ordenado obispo, además de 1.000 kilómetros de distancia, Juan Pablo II ponía punto final a su viaje apostólico a Francia. El Papa había llegado al país el 19 de septiembre y aquel domingo celebraba en Reims el 1.500 aniversario del bautismo del rey Clodoveo. Después de la misa, el Ángelus y un encuentro con los obispos franceses, el pontífice emprendía el regreso a Roma.

La coincidencia adquiere una nueva dimensión treinta años después. Esta misma semana, otro papa, León XIV, realizará un viaje apostólico a Francia. Entre el 25 y el 28 de septiembre visitará París, Lourdes y Metz. El 26 de septiembre llegará a Lourdes, donde rezará ante la Gruta de las Apariciones, y al día siguiente presidirá la misa en el santuario de Notre-Dame de Lourdes.

Barbastro, Huesca, Jaca y Logroño

Después de seis años como auxiliar de Zaragoza, Omella inició un itinerario por varias diócesis aragonesas. En 1999 Juan Pablo II lo nombró obispo de Barbastro-Monzón. Posteriormente ejerció como administrador apostólico de Huesca y de Jaca, antes de que el mismo pontífice lo nombrara, en 2004, obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño. Tomó posesión de esta diócesis el 29 de mayo de 2004.

Es probablemente la etapa menos conocida de su trayectoria para el gran público catalán, pero también es un período largo de su ministerio. En La Rioja profundizó, entre otros ámbitos, en su vinculación con Manos Unidas, de la que había sido nombrado consiliario nacional en 1999 y donde continuó hasta 2015. En 2013 fue investido prior honorario de la Virgen de Valvanera por su labor relacionada con la peregrinación de la imagen por los municipios riojanos durante el Año de la Fe.

Su proyección dentro de la Iglesia española también se fue consolidando. Desde 1996 había formado parte de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, que presidió en dos etapas, entre 2002 y 2008 y entre 2014 y 2017.

El salto a Barcelona

El 6 de noviembre de 2014, todavía como obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño, la Santa Sede lo nombró miembro de la Congregación para los Obispos. Un año después llegaría el nombramiento que cambiaría definitivamente su proyección pública: el 6 de noviembre de 2015, el papa Francisco lo designó arzobispo metropolitano de Barcelona. Omella tomó posesión de la sede barcelonesa el 26 de diciembre de 2015.

Su llegada coincidía con una etapa que pronto quedaría marcada por la fuerte tensión política y social de Cataluña. En 2017, en las semanas previas al 1 de octubre, el arzobispo insistió públicamente en la necesidad de evitar la confrontación. En la misa de la Mercè de aquel año, celebrada el 24 de septiembre, pidió "seny" a los ciudadanos y a los dirigentes políticos y reclamó evitar "la confrontación, la violencia y el desprecio a los demás".

Cardenal con Francisco

El papa Francisco continuó confiando en Omella. En mayo de 2017 anunció su creación como cardenal y el 28 de junio de aquel año fue creado cardenal en el Vaticano. La nueva responsabilidad reforzaba el vínculo entre Barcelona y Roma. El propio arzobispado presentó aquel nombramiento como un servicio y no como una carrera, en palabras del propio Omella. "No es una carrera, sino un servicio", afirmó entonces.

El cardenal Omella y el papa Francisco. | Vatican Media

Su actividad en las estructuras de la Iglesia universal continuó creciendo. En marzo de 2023 Francisco lo incorporó al Consejo de Cardenales, el conocido C9, creado para asesorar al Papa en el gobierno de la Iglesia universal y en la reforma de la Curia romana. Omella formaba parte de un grupo de nueve cardenales procedentes de diferentes realidades eclesiales.

Las reuniones del C9 abordaron durante el pontificado de Francisco cuestiones como la reforma de la Curia y la sinodalidad, así como otros asuntos de la vida de la Iglesia universal. Omella participó, al menos, en las reuniones celebradas durante los años 2023 y 2024.

La pandemia y la presidencia de la CEE

En 2020 llegó una de las responsabilidades más importantes de su recorrido en España. El 3 de marzo fue elegido presidente de la Conferencia Episcopal Española para el cuatrienio 2020-2024. Una semana después, la vida del país cambiaría radicalmente con el estallido de la pandemia de la Covid-19.

La coincidencia convirtió a Omella en presidente del episcopado español durante uno de los períodos más excepcionales de la historia reciente. Las celebraciones públicas quedaron suspendidas y las diócesis tuvieron que adaptarse a una situación inédita. En Barcelona, el propio Omella se dirigió a los fieles en los primeros días de la emergencia sanitaria y calificó la situación como un momento de incertidumbre, preocupación, angustia y miedo.

La pandemia afectó especialmente a la vida sacramental, las parroquias y los funerales, en un momento en que muchas familias no pudieron despedir a sus difuntos con normalidad. La Iglesia barcelonesa tuvo que encontrar nuevas formas de acompañamiento mientras las celebraciones presenciales permanecían restringidas.

Omella terminó su mandato como presidente de la CEE en marzo de 2024. Le sustituyó el arzobispo de Valladolid, Luis Argüello.

"Estoy esperando que el Papa diga quién es mi sucesor. Espero que sea lo antes posible". Así pues, todo apunta a que esta podría ser una de las últimas Mercès de Omella como arzobispo de Barcelona, aunque el nombramiento del sucesor todavía no se ha hecho público

Del C9 al cónclave

El último gran capítulo romano de su trayectoria hasta ahora llegó en 2025, después de la muerte de Francisco. Omella viajó a Roma como cardenal elector para participar en el cónclave que debía elegir al sucesor de Pedro.

El 6 de mayo, desde Roma, se dirigió a los fieles de Barcelona horas antes del inicio del cónclave. Explicaba que muchos de los cardenales electores participaban por primera vez, antes de describir aquellas jornadas como una experiencia de escucha entre cardenales de diferentes culturas y lenguas.

Al día siguiente, 7 de mayo, los electores entraron en la Capilla Sixtina. El 8 de mayo, después de cuatro votaciones, la fumata blanca anunció la elección de Robert Francis Prevost, que adoptó el nombre de León XIV.

El arzobispo de Barcelona saludando a León XIV. | Vatican Media

La Mercè y un posible final de etapa

El aniversario de los treinta años llega ahora a las puertas de la fiesta de la Virgen de la Mercè. El 24 de septiembre, Omella volverá a presidir la celebración de la patrona de Barcelona, una fiesta que también ha marcado su ministerio barcelonés.

En su primera homilía de la Mercè como arzobispo, en 2016, puso el acento en la necesidad de que Barcelona fuera una ciudad abierta y acogedora. Con los años, la fiesta se ha convertido en uno de los momentos más destacados de su calendario pastoral. El propio arzobispo recordaba el año pasado que, en su primera homilía de la Mercè, ya pedía a la patrona que protegiera a los barceloneses y a los catalanes.

La Mercè de 2026 llega, sin embargo, en un momento diferente. Con Omella ya a los 80 años y después de una década al frente de la archidiócesis, el relevo en Barcelona ya es una cuestión abierta dentro de la Santa Sede. El propio cardenal lo reconoció el pasado mes de julio en una entrevista con Catalunya Cristiana: "Estoy esperando que el Papa diga quién es mi sucesor. Espero que sea lo antes posible". Así pues, todo apunta a que esta podría ser una de las últimas Mercès de Omella como arzobispo de Barcelona, aunque el nombramiento del sucesor todavía no se ha hecho público.

También te puede interesar

Lo último