Hazte socio/a
Última hora:
El Papa también irá a Francia

La trampa de la "gran afirmación"

Más y mejor - 7

¿"L'Humanité"?

la gran humanidad

En la búsqueda de una forma de vida mejor, que es lo que realmente nos mantiene vivos en última instancia, el pensamiento contemporáneo se ha encontrado a menudo atrapado en un callejón sin salida. El maestro Eladio Chávarri nos advierte de otra senda perdida en el ámbito de la razón crítica, vereda que no conduce a ninguna parte, pero que es muy seductora por su promesa de plenitud. Nos referimos a la “senda perdida" de la gran afirmación.

Hoy, cuando el modelo del hombre productor-consumidor, al que ajustamos nuestra conducta, parece haber colonizado cada rincón de nuestra existencia con su razón soberana desarrollista, diagnosticar ese desvío es una crítica no solo académica, sino también necesaria desde el punto de vista vital para rescatar lo que realmente nos mantiene vivos y nos hace verdaderamente humanos.

El anhelo del "Grand-Être”

Chávarri nos recuerda que el ser humano siempre ha sentido una cierta "desazón metafísica". Miramos a nuestro alrededor y vemos un mundo de "retazos", de seres a medias que se debaten entre la imperfección y el anhelo de plenitud. Ante esta dispersión, la razón crítica ha buscado un fácil refugio en el “gran ser” como entidad que supuestamente reúne todas las piezas sueltas, les otorga intensidad y les da sentido. Pero se trata solo de un espejismo.

Desde la "unidad de la esencia divina" de Santo Tomás hasta la Lógica de Hegel, el pensamiento europeo esculpió la idea de un “todo absoluto”. Incluso San Juan de la Cruz, con su mística herida, balbuceaba ante la presencia divina que lo abarcaba todo. El Gran Ser ha servido muchas veces -nos dice Chávarri a este propósito- para tallar dioses, sobre todo en Europa, a partir de la cultura griega. El cincel de la razón crítica ha esculpido al respecto obras admirables. Otras veces se le despliega en un gran movimiento envolvente que sale de Sí mismo y retorna a Sí mismo. Un ejemplo formidable de la primera concepción es lo que Tomás de Aquino llama la "unidad de la esencia divina", como puede apreciarse en la Summa theologiae, I, 2‑26. La Lógica de Hegel es otro estupendo paradigma de la concepción segunda.  El problema se agranda cuando, en el siglo XIX, esa grandiosa perspectiva se desgajó de lo divino para insertarse en lo humano-político.

Gemini_Generated_Image_kxag06kxag06kxag

De la metafísica al control social

Cuando el "Grand-Être" dejó de ser Dios para convertirse en la "l’Humanité" de la ilustración, la “gran afirmación” tomó un tinte peligroso. Autores como Comte o Marx buscaron una síntesis final donde la dispersión de las culturas y las carencias individuales quedaran superadas por un estado definitivo de perfección.

El error fundamental, según Chávarri, fue creer que la Historia se puede programar como un ingenio técnico. Se pensó que, cambiando los procesos productivos, llegaríamos inevitablemente a una "nueva humanidad". Pero la Historia no es una máquina, y el ser humano no es una pieza intercambiable.

El fiasco del Hombre Productor-Consumidor

En nuestro tiempo, podría decirse que la "gran afirmación" ha cristalizado en una forma de vida muy rica en algunos de sus ámbitos, pero que termina asfixiándonos. Nos referimos al imperio actual de los bienes o valores biosíquicos y económicos, que nos convierte en sujetos cuya única función es producir para consumir y consumir para seguir produciendo.

Los valores de las demás dimensiones vitales, tan necesarios para una vida bien enfocada, están siendo desplazados a la periferia, desnaturalizados o absorbidos. Y así, por ejemplo,

Gemini_Generated_Image_zmi7qzmi7qzmi7qz

La intolerancia de la "Comunidad Perfecta"

La advertencia más severa de Chávarri radica en el costo humano de las utopías cerradas que gesta este engaño. Cuando alguien está convencido de poseer la "bondad definitiva" de una Gran Humanidad o de un sistema económico perfecto, empieza a justificar lo injustificable. Entonces se justifican -dice Chávarri- todas las violencias, los atropellos, las aniquilaciones... Es la esclavitud de la Comunidad Perfecta frente a los particulares, la flagrante intolerancia frente a la diferencia. Si por un imposible se diera el caso de alcanzar en la historia dicha comunidad, desaparecería la misma historia al desfondar nuestra vida y condenarnos a un a muerte inevitable por inanición. Quedaríamos entonces como colgados de un árbol, como corredores de un maratón sin meta o jugadores de una liga sin término.

Hablamos, pues, de una "senda perdida" que termina en uniformidad empobrecedora o, si se prefiere, de una supuesta plenitud excluyente. El desastre de los totalitarismos del siglo XX nos ha conducido al vacío existencial del feroz consumismo actual que nos priva de una gran parte de los valores que nutren la vida humana, creando desequilibrios desestabilizadores.

1722413553_cover

Hacia una integración de valores

Insistiremos en la alternativa que nos ofrece Chávarri. No es cuestión de volver a un individualismo egoísta que ignore las carencias de nuestros semejantes y aniquile las "humanidades miserables", sino de emprender una forma de vida que, mejorando la presente, no nazca de una gran afirmación dogmática, religiosa o filosófica, sino que contrarreste la corrosión de los contravalores que padecemos y logre, además, la integración armoniosa de los valores de todas las dimensiones vitales. En este blog conocemos bien a estas alturas el camino a seguir: en lo negativo, la senda de auténtico crecimiento nos exige achicar y eliminar los contravalores que nos aplastan y matan, y, en el positivo, conquistar y desarrollar los valores que nutren la vida humana. En nuestra coyuntura actual debemos lograr, por ejemplo, que lo económico, además de cumplir su propia función, favorezca el desarrollo de la ética y de las demás vertientes vitales; que el trabajo, único modo honesto de ganarse el pan, deje espacio y contribuya a lo lúdico y al logro de todos los demás valores; que el mercado, lejos de engullir lo religioso y lo estético, facilite su desarrollo y el de todos los demás valores. Y también que lo biosíquico no entronice un "yo" raquítico en detrimento del espléndido "nosotros" que no solo nos hace ser lo que somos, sino que también nos seduce con el programa, siempre abierto y activo, de una mejor y más lograda forma de vida.

La senda de la “gran afirmación” ha demostrado ser un camino a ninguna parte. Para mejorar nuestra forma de vida es preciso mantenerse en el difícil camino de aceptar las diferencias y de fomentar los valores que nos alimentan, sin hacer ascos a nuestra admirable capacidad de producción y de bienestar psicosomático, cuya única pega o mala secuela es dejar fuera de juego o desnaturalizar muchas de las demás potencialidades humanas. Nuestra salvación no puede venir más que de rehabilitar dichas potencialidades, de encaminarnos a la conquista de los inmensos campos de valores que se nos ofrecen en los ámbitos del conocimiento, de la belleza, de la bondad, del divertimento y de las relaciones entre nosotros mismos y con Dios.

Gemini_Generated_Image_etkjbletkjbletkj

Como cristianos, es preciso insistir en el hecho de que Jesús ha venido como Mesías para salvarnos, pero no vertiendo su sangre como precio justo y proporcional por nuestros supuestos pecados, como si la salvación cotizara en bolsa, tal como muchos gustan afirmar recreándose en la sinrazón de muertes atroces, sino para que tengamos vida y la tengamos abundante. La vida es el único bien que condensa y catapulta todos los demás bienes. Y, hablando de mejoras, al ser incapaces de dar un paso en firme salvo que nos guiemos por un modelo, los cristianos bien que podemos presumir de atenernos al “modelo humano” de Jesús de Nazareth, modelo con el que no puede compararse ningún otro del pasado y seguramente tampoco del futuro. Él es realmente nuestro “salvador”. Todo lo demás que se diga o pueda decirse de él, poco importa.

También te puede interesar

Lo último