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La Guerra ya está metida en nuestras casas

Maquiavelo fue un diplomático, filósofo, político y escritor italiano del Renacimiento, nacido en 1469. Escribió varios libros, entre ellos el más famoso, El Príncipe, que aún sigue de actualidad.

En el libro, entre los rasgos prácticos de un “buen” político, señala:

Ser un astuto Manipulador, que hace uso de los medios necesarios para alcanzar los fines.

Tener Tenacidad y Astucia para esquivar obstáculos.

Ser Amoral, es decir, debe estar por encima del bien y el mal.

Tener Ingenio y carecer de escrúpulos.

Ser Experto en saber engañar.

Siempre tiene razones legítimas para romper sus promesas. 

Por el contrario, el gran humanista Erasmo de Róterdam, nacido en 1466, aboga por un gobierno asentado en la justicia, la bondad, la sabiduría, el respeto a la paz y la búsqueda del bien común, que distinguía entre la locura y la arrogancia.

Para Erasmo la astucia es hija de la arrogancia y, en política, la arrogancia solo es desmesura, soberbia y necedad. Los gobernantes que practican la arrogancia son estúpidos y crueles, y cuanto menos talento tienen, más orgullo, vanidad y arrogancia exhiben. Pero la necedad nunca camina sola: siempre encuentra a otros necios dispuestos a aplaudirle, como los fabricantes y negociantes de armas, las grandes petroleras, los políticos que buscan poder y dinero, y una Unión Europea lánguida, flácida, indecisa, salvo alguna muy honrosa excepción, que dice claramente NO A LA GUERRA, y muchos ciudadanos de a pie que no quieren guerra, y sí quieren vivir de trabajar honradamente con paz y tranquilidad.

Como vemos, estas definiciones de Maquiavelo y de Erasmo le vienen a Trump como anillo al dedo, como a todos aquellos que lo apoyan, aplauden y secundan, que nos llevan a todos, cada día más, a un gran pozo sin fondo, de guerra cruel, terrible y mortífera para cada vez más miles de personas, directas o indirectas, que son víctimas inocentes de una muerte prematura, injusta, llena de sufrimiento y tristeza, y para el cuidado de un planeta que se llena de ruinas, de escombros, de contaminación, de basura por tierra, mar y aire. Donald Trump y todos los manipuladores Maquiavelos que lo secundan parece que sobran de este mundo.

Erasmo decía: “Solo los necios y desalmados recuren a la guerra”

Y la Iglesia ¿qué?

En otro tiempo, la Iglesia Católica ha utilizado su autoridad para legitimar monarquías absolutas, dictaduras, desigualdades de clases, condenando las legítimas aspiraciones de pueblos y personas oprimidos.

Y ahora ante lo que está pasando en este mundo, no debe contentarse con lamentos y peticiones de paz, sino pasar a la crítica y la denuncia pública de personas e instituciones que distan mucho de la más elemental coherencia con el Evangelio y Mensaje de Jesús de Nazaret, incluso negándose a recibir en el Vaticano a personas cuya vida y comportamiento es una clara contradicción con ser cristiano: no es lo mismo, por ejemplo, recibir a un Pepe Múgica que a un Putin que declara la guerra a Ucrania que es vital para la seguridad alimentaria de África, suministrándole trigo, maíz o aceite de girasol, amenazando de hambruna a millones de personas, sobre todo del África Subsahariana, donde están los más empobrecidos del mundo, por el bloqueo de exportaciones desde el Mar Negro, provocando la escasez de alimentos básicos, y además llegando a duplicar su precio, causando a su vez la carencia y alto costo de fertilizantes, con la consiguiente inestabilidad política y militar, sobre todo en la región del Sahel. Todo como consecuencia de la guerra de Ucrania, que ahora en 2026 con las guerras de Trump y Netanyahu por Oriente Medio, con el petróleo por el medio, aun va a empeorar mucho más la situación, pues ya tenemos las consecuencias en nuestras propias casas y en nuestras vidas, pues se está encareciendo todo para todos: los combustibles, los alimentos, los transportes, los servicios y todo lo que vendrá detrás de sufrimiento, de carencias, de inestabilidad y más guerra, si no se corta de inmediato este fatal proceso.

Por eso, desde nuestra condición de personas humanas y tanto más cristianas no podemos de ninguna manera estar de acuerdo con las opciones políticas que apoyan la guerra, que las tenemos bien activas en Europa y en España. De ninguna manera podemos alinearnos con Donald Trump y Netanyahu y quienes están detrás de ellos, ni con quienes negocian con la guerra, como los fabricantes y traficantes de armas, que convierten el derramamiento de sangre humana en el negocio más abyecto de este mundo.

La primera semana de guerra en Irán decretada por Trump y Netanyahu ya costó 11.000 millones de dólares. El gasto ruso en la guerra de Ucrania ya supera los 200.000 millones y la ayuda internacional a Kiev 270.000 millones. ¿Puede haber algo más absurdo?: gastar tantos millones para matarse, destruir, contaminar…

Iglesia tiene que estar siempre con las víctimas, nunca con victimarios; siempre con los pobres, nunca con los ricos; siempre con los oprimidos, nunca con los opresores; siempre con los débiles, nunca con los fuertes; siempre con los pequeños, nunca con los grandes; siempre con los que sufren, nunca con los que hacen sufrir; siempre con los humildes, nunca con los soberbios; siempre con los de abajo, nunca con los de arriba; siempre con los que menos tienen, nunca con los que más tienen. Siempre con un mundo de justicia, de igualdad, de fraternidad, de amor, de solidaridad, de paz, de bondad, de cuidado de todos y de todo, para la felicidad de todos y de todo.

Gijón, 15 de marzo de 2026

Faustino Vilabrille Linares

faustino.vilabrille@gmal.com

 

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