Camino Ignaciano para Educadores: Un modo de caminar… para amar y servir más
Descubrir que la meta es el camino, y el camino... un encuentro auténtico con uno mismo, con los demás y con Dios
Introducción
Todavía con la emoción a flor de piel tras haber vivido recientemente esta hermosa experiencia, tenía claro que no podía dejar de transmitir la riqueza de lo compartido. Para plasmarlo en este artículo, ¿quién mejor que Juanjo Aguado SJ, quien nos ha acompañado en este precioso camino y ha aceptado el reto de escribir estas líneas? Sus palabras constituyen una profunda reflexión y un valioso testimonio de ese proceso contracultural de salir a la intemperie para renovar nuestra vocación y dejarnos rehacer en comunidad. En nombre de mis compañeros, agradezco la gran iniciativa del sector educativo de la Compañía de Jesús y, en concreto, la de las Fundaciones SAFA-Loyola por impulsar esta experiencia.
Presentación o sinopsis: ¿de dónde venimos y por dónde vamos?
A cierta altura de la vida personal y profesional, es posible que hayamos tenido la impresión de perder (algo o mucho) la motivación, el rumbo o el ritmo… Las exigencias y dificultades, los cansancio y limitaciones, nos pueden estancar en una situación de apatía, o de inercia, o de activismo vacío.
En este contexto, el Camino Ignaciano para educadores se propone como una oportunidad para reconectar con nuestra vocación humana y cristiana, y renovar nuestro sentido de misión (para este grupo en concreto, nuestra misión educativa y evangelizadora).
Se trata de un camino físico, desde Loyola a Javier (semejante a los caminos de Santiago y tantas otras peregrinaciones), y un camino espiritual (con la referencia de dos personas concretas, dos santos muy significativos: Ignacio de Loyola y Francisco Xavier) que nos permite profundizar en las diversas dimensiones de nuestra vida.
“Dis-ponerse en camino”: ¿A dónde voy y por qué?
Para cualquier educador, el final de un curso escolar es un tiempo especialmente exigente de tareas y urgencias, al que se llega con cansancio acumulado y las “baterías justas”.
Terminar el curso con una “línea de salida”, en lugar de una meta, tiene un punto de locura. Cuando parece que toca cerrar: desconectar y descansar; hay quienes se arriesgan a abrirse: conectarse y reactivarse...
Atravesar la península de sur a norte en autobús para “ponerse en camino” y peregrinar por tierras desconocidas, tiene un punto de aventura. Cuando muchos buscan llegar a su refugio cómodo y seguro, hay quienes salen a la intemperie, expuestos a lo que venga de lluvia y sol, de frío o calor, de barro o polvo…
Este Camino Ignaciano para educadores tiene mucho de “contracultural” y algo “contranatural”. A cada participante se le propone salir y exponerse a lo que no controla, andar y moverse a golpe de esfuerzo y ánimo, avanzar y descubrir nuevos paisajes y enfoques vitales… Y en este Camino nos adentramos 37 personas (33 educadores y 4 acompañantes), durante la última semana de junio y primera de julio, para ir formando un grupo, una familia, una comunidad, compartiendo la vida, no sólo desde el deseo de “llegar al final”, sino el de “dejarnos re-hacer” en el Camino.
“Vivir para contarlo”: ¿cómo contar la “historia”?
“¡Esto hay que contarlo!”, me dice en el camino de regreso Jesús Lozano, autor de este blog. “Sí…, pero ¿cómo?”, le respondo al aceptar este reto, consciente de que hemos vivido algo muy especial y difícil de expresar. Quizás pueda ayudar ir presentando las diversas dimensiones de este Camino, para reconocer como todas ellas se van entretejiendo hasta formar una experiencia de alta intensidad humana, de fuerte densidad existencial, y de sorprendente hondura espiritual, llevados de la mano del Espíritu.
En su primera dimensión, este Camino supone un desplazamiento importante: El cuentakilómetros del autobús marcó más de 2.000 km entre la ida y la vuelta de Sevilla a Loyola de Loyola a Javier y vuelta, más los que cada uno hiciera desde su casa hasta el punto de encuentro con el autobús. Los dispositivos deportivos, de reloj o de muñeca, marcaron casi 100 km a pie, y 2.000 m de desnivel acumulado. Y este desplazamiento lleva su tiempo: Unas 30h de autobús y más de 20h andando… Pero todo lo que sea contar metros o minutos nos deja lejos de la verdad de la experiencia.
En su segunda dimensión, este Camino ignaciano supone un recorrido concreto: Desde Loyola (Guipúzcoa) a Javier (Navarra), la cartografía recoge seis etapas de norte a sur y de oeste a este, de longitud variable y con características urbanas o rurales, según los días. La topografía muestra perfiles llanos y también grandes desniveles con sus cuestas arribas y pendientes abajo. La orografía revela que atravesamos collados y desfiladeros, entre hayedos y robledales o entre pinos y matorrales; caminamos sobre terrenos pedregosos o prados, por pistas de tierra o senderos revirados. Y la meteorología nos recuerda que pasamos por días de lluvia fina o gruesa, rachas de viento y de brisa, mañanas de niebla, mediodías de sol ardiente, y atardeceres que destacan las formas y colores de las nubes… Este contar vistas y paisajes, puntos de salida, parada o llegada y vías de paso, nos acerca al regalo de la Creación, pero nos deja aún ajenos a la experiencia.
En su tercera dimensión, el Camino ignaciano ofrece un proceso personal: Se trata de que cada persona pueda descubrir y/o entrenar un modo de caminar por la vida, bajo la clave de ser peregrino/a. En este proceso, cada una de las seis jornadas de camino (más las dos de la ida y la vuelta), se convierte en una oportunidad de contemplar la propia vida y el mundo con otra mirada, más profunda y gratuita. A lo largo de este proceso, cada peregrino/a va experimentando una cierta “conversión”, un cambio de sensibilidad, una mejora en su capacidad de comunicación, algún nuevo significado para los acontecimientos de su historia personal, un sentido más claro de su vocación, y/o una motivación más fuerte de su misión. Este contar momentos especiales, sentimientos y descubrimientos, reflexiones, oraciones y conversaciones, ya sí puede dar cuenta de lo que realmente ha sido este Camino personal y comunitario. Pero este contar requiere que cada cual tome la palabra y lo exprese, que escriba o cuente su propia historia de conversión con sus encrucijadas y panorámicas internas.
Por último, en su cuarta dimensión, este Camino permite un encuentro auténtico: De modo inefable pero indudable, a través del desplazamiento, del recorrido y del proceso, no solo nos encontramos con nosotros mismos en la versión más genuina y valiosa, con los demás compañeros de camino en su originalidad y diversidad, sino también con Dios mismo que “va/viene en nuestro mismo caminar”. En esta dimensión, todo el camino se convierte en posibilidad de encuentro y en buena noticia, no solo para cada cual, sino también para quienes nos acojan a la vuelta y nos reconozcan en una nueva versión de nosotros mismos.
Estas dimensiones no se desarrollan siempre necesariamente por este orden. Es posible reconocer las dimensiones en sentido inverso y comenzar el camino desde ese encuentro con el Espíritu que nos abre al que tenemos al lado y nos moviliza internamente, para desde Él recorrer ese proceso personal que nos permite vivir el recorrido como regalo y el desplazamiento como necesidad.
Conclusión: ¿cómo vivir la historia en clave peregrino/a?
A veces vivimos nuestra vida cotidiana solamente contando lo que hacemos. Otras veces somos capaces de contar también lo que nos pasa, cómo nos afectan las diversas circunstancias. En verdad, pocas veces nos reconocemos en proceso, haciéndonos o deshaciéndonos según vayamos respondiendo a cada persona y en cada momento. Y, quizás tenemos dificultad para descubrir la presencia y la acción del Espíritu a través de todo eso que sucede por fuera y por dentro… Integrando las diversas dimensiones del Camino y de la Vida, es posible vivir la propia historia de un modo más pleno
La experiencia vivida nos permite asumir las claves del “peregrino”: la apertura, la ayuda y el agradecimiento. Podemos reconocer que esos dos caminos que llamamos exterior e interior no se solapan ni se enfrentan, sino que se integran, potenciándose recíprocamente. Pudimos aprender que la soledad, que se busca en los tiempos de silencio y oración, y la comunidad, que se construye en la convivencia y la conversación, no se oponen, sino que se posibilitan mutuamente. Y así, podremos agradecer que la autenticidad humana y la respuesta cristiana no son esferas separadas ni se contradicen, sino que se desarrollan encarnadamente, ambas dentro la una de la otra, hasta la Meta final.
Como recogen los ecos y comentarios de los participantes a continuación, al final de este Camino, nos llevamos un “conocimiento interno” de la vida iluminada por el Evangelio hecho propia experiencia. Y la profundidad e intensidad de esta experiencia nos permitirá ser fuente de sabiduría para nuestros alumnos, ser referentes de sentido para quienes comienzan a buscarlo, y ser testigos de una felicidad más profunda entre el aluvión de ofertas y demandas. Desde la espiritualidad ignaciana nos encontramos con una motivación extra al sentirnos “llamados” y recobramos el sentido de nuestra misión al sentirnos “enviados”.
Ecos del Camino: Las voces que resuenan en el corazón
Esperanza (Safa Reyes, Sevilla): una vivencia plena y conmovedora, compartida desde la Fe en un entorno natural grandioso. Caminar con sentido para llegar a la meta transformados y ser testigos.
Noelia (SAFA Las Lomas): Una experiencia ignaciana llena de heridas, mochilas, piedras y amigos que encuentran su sentido en un camino común.
Baltasar (SAFA Huelva): Un camino hacia la vida, la ilusión y la esperanza.
Ángel (SAFA Baena): algo mágico sucede cuando, con solo caminar juntos, tanta gente es capaz de abrir su corazón.
Ana (SAFA Chiclana): siempre hacia adelante, a pesar de las heridas.
Francisco (EEPP SAFA-Fundación Peñaflor), Écija-Sevilla: El recorrido del camino interior, mientras te envuelve la belleza y, a veces, la dureza del camino exterior, te permite aflorar heridas que sanar, deseos inalcanzados... En definitiva nuestra vida es un camino de final incierto (HORIZONTE) el cual hay que afrontar sin perder la ESPERANZA.
Sandra (San José Málaga): crecimiento personal y espiritual inigualable.
María Alcázar (SAFA Villoslada Cádiz):el camino ignaciano es mucho más que un camino de peregrinación, es sentir y disfrutar cada minuto la excelencia de las personas que van contigo, es agradecer, es sanar, es mirar hacia adelante confiando en Él, que siempre está contigo.
Sonia ( Villanueva del Arzobispo): Una experiencia de vida, donde los compañeros,el camino, la Naturaleza, Dios …están contigo y te invitan a qué puedas cambiar un poquito tú día a día.
Auxi ( Baena): PEREGRINAR DIA A DIA
Jose (SAFA Jerez): De Loyola a Javier, reencuentro con la misión: caminamos como peregrinos que curan sus heridas, reflexiones que guían, compartimos nuestros logros y descubrimos que el verdadero Camino empieza a cada paso, pero la transformación no finaliza.
M Victoria (San Estanislao, Málaga): Dejarme hacer por Él. Vivirme en misión
Charo (Safa-Reyes, Sevilla): Una experiencia única, un agradecimiento enorme, un reencuentro con Él.
Lucio ( Villafranca de los Barros- Loyola): Transformación, alegría, compartir.
Óscar (San Estanislao, Málaga): Una experiencia preciosa. Combinando esfuerzo físico, profundidad, trascendencia y un grupo humano espectacular
José Alberto Peña ( San Estanislao - Málaga): Muy agradecido por una experiencia enriquecedora y profunda con gente maravillosa sintiendo la presencia de Dios en tantos momentos compartidos y en una entorno que te sobrecoge.
Juan José (Safa Icet - Málaga): Un camino transformador, una experiencia vital y espiritual maravillosa, con un grupo entrañable y un entorno grandioso
Myriam (San Estanislao, Málaga): agradecida de sentirme en en un camino donde la brújula me marca un horizonte de esperanza y crecimiento junto a otros.
Juan (Safa. Valverde del Camino): Hemos caminado en lo físico y en lo espiritual; sanando heridas, encontrándonos con nosotros mismos, compartiendo con los compañeros y marcando un horizonte. Este camino ha sido una oportunidad para transformarnos y seguir creciendo en lo personal y lo espiritual.
Diego (Virgen de Guadalupe - Badajoz): Hubo un antes y un después. Inolvidable.
Fernando (SAFA Huelva): Camino lleno de experiencias por lo visto, vivido y sobre todo, sentido.
Rocío (SAFA Écija - Fundación Peñaflor): Agradecida por poder vivir una experiencia inolvidable que te hace reencontrarte y sanar, acompañada de un grupo humano extraordinario.
Ale Maldonado (San Estanislao de Kostka): Parar para reconectar y avanzar.
Miguel (San Estanislao, Málaga): Un caminar y vivir experiencias inolvidables con personas auténticas y de gran corazón, donde en cada etapa, cada paisaje y cada momento, se vive intensamente siguiendo los pasos de San Ignacio, desde Loyola hasta encontrarnos en el final con nuestra gran meta: Javier.
Jesús (S. José, Málaga): Me llevo el corazón lleno de nombres.