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Un diálogo profético entre hermanos sobre el futuro de la fe

Intercambio entre Enrique y Mercedes Montalt durante la presentación del libro Tiempo de fe, esperanza y caridad

Creer es aprender a dejarse querer por Dios | Enrique/Mercedes Montalt Alcayde (Jesús Lozano Pino)

Tuve el inmenso honor de participar como autor del prólogo en la presentación de Tiempo de fe, esperanza y caridad, un libro tan profundo como necesario publicado en la Editorial Tirant Lo Blanch. Sin embargo, si tuviera que destacar el momento verdaderamente cumbre de aquella preciosa noche, sin duda fue el intercambio que presenciamos al final: un diálogo entre los hermanos Enrique y Mercedes Montalt.

Quienes tuvimos la fortuna de escucharles en directo sentimos que lo que allí transcurría trascendía la mera presentación de una obra; fue una conversación honda, clarificadora y, si me apuran, de un hondo calado profético. Con una lucidez admirable, abordaron el declive y la transformación del cristianismo en nuestra sociedad secularizada, invitándonos a pasar de una fe por inercia a una vivencia personal, mística, comunitaria y comprometida.

Por la riqueza de sus reflexiones y la belleza del testimonio compartido entre hermanos, creo que estas palabras merecen permanecer y ser leídas con calma. Por ello, comparto a continuación, tal cual se pronunció, el diálogo íntegro de aquella inolvidable velada:

La crisis religiosa en nuestro tiempo

Mercedes: ¿Por qué la religión está sufriendo un gran declive?

Enrique: A esta pregunta hay una respuesta clave: "secularización".

Mercedes: ¿Y en qué consiste la secularización?

Enrique: Existe un declive de las creencias y prácticas religiosas institucionalizadas, pero no una desaparición total de la religión. Todas las encuestas europeas muestran que la religión existe y que las iglesias y confesiones religiosas están presentes y desarrollan espacios públicos no en el Estado sino en la Sociedad civil.

Mercedes: Por lo tanto, ¿la religión no ha desaparecido?

Enrique: Exacto, en la cultura de millones de personas la religión sigue siendo relevante en las sociedades secularizadas; ahora bien, ya no ocupa todo el espacio público.

Mercedes: ¿Está la Iglesia en extinción o con futuro?

Enrique: Percibo que el cristianismo atraviesa una crisis profunda en Europa, partiendo de datos objetivos -el descenso del número de bautizos, de matrimonios religiosos, de participación litúrgica y de vocaciones- pero aclaro que lo que realmente se derrumba no es el cristianismo como fe, sino la cristiandad como modelo histórico de sociedad. Además, distingo entre cristianismo y cristiandad, y sitúo el momento actual como un paso hacia una Iglesia minoritaria, menos ligada al poder, con una fe vivida por elección personal y llamada a una conversión pastoral y misionera en un contexto plural. Esta distinción es fundamental para entender correctamente el momento actual.

Mercedes: ¿Qué consecuencias tiene esto para el cristianismo?

Enrique: Que el cristianismo deja de ser social y pasa a ser personal. No son los pueblos los que se convierten, sino las personas. La fe se convierte en una elección consciente y no en una inercia cultural.

Mercedes: Ante esta situación, ¿qué propone hoy la Iglesia?

Enrique: El papa Francisco insistía en la necesidad de una conversión pastoral. Hay que abandonar una pastoral de mantenimiento, basada en conservar lo que hay, y pasar a una pastoral misionera.

Mercedes: ¿Esta conversión pastoral implica cambios estructurales?

Enrique: Sí. Implica repensar las estructuras eclesiales, superar el clericalismo, avanzar hacia formas más comunitarias y sinodales, y asumir que la responsabilidad de la Iglesia recae en todo el Pueblo de Dios.

Mercedes: ¿te atreves a pronosticar cómo será la Iglesia del futuro?

Enrique: Las distintas visiones coinciden en que será una Iglesia más pobre y humilde, sin poder político; más pequeña numéricamente; más exigente espiritualmente, porque la fe será vivida por convicción y no por tradición; y más plural en sus formas organizativas.

Mercedes: Dada la importancia de esta cuestión, ¿cómo ves el futuro del cristianismo?

Enrique: El título del libro es: "Tiempo de Fe, Esperanza y Caridad". El momento actual nos invita a una experiencia de amanecer, de conmoción de todo el ser por una 'buena nueva' que nos arranca de la tristeza y la muerte. Si la palabra Evangelio tiene algún sentido, solo puede ser el de un acontecimiento nuevo, inesperado, radicalmente 'bueno' y no algo aburrido y repetitivo.

Mercedes: Entramos en la segunda cuestión que lleva por título: La Nueva Evangelización

Mercedes: Rahner afirmaba de que el cristiano o será místico o no será. A nosotros dos nos ha interesado mucho el camino de la contemplación.

Enrique: Sin capacidad de silencio, sin resonancia para los valores, con una vida anónima y "di-vertida" en los arrabales de sí mismo, es literalmente imposible que el hombre tome conciencia de su situación primordial y cuyo reconocimiento es la posibilidad de experimentarse como Homo capax Dei.

Mercedes: Me gustaría preguntarte ¿cuáles son las dificultades para acceder a esa experiencia sublime?

Enrique: Estaremos de acuerdo que una primera dificultad es la dispersión continua en la que vivimos; falta reposo, calma; Dios no es experiencia a una mirada dispersa; una segunda dificultad para vivir la experiencia de Dios es estar instalado en una mirada anónima, incapaz de silencio. Y, por último, la relación dominadora.

Mercedes: Por lo tanto la Nueva evangelización que demanda nuestro tiempo tiene como punto central el cultivo de la espiritualidad; me atrevo a preguntarte: ¿cuál crees que sería el modelo de cristianismo para nuestro tiempo?:

Enrique: En primer lugar un cristianismo experiencial. Una fe que sepa de lo que habla por experiencia propia. Se nos pide conocer personal y vivencialmente lo que afirmamos con las palabras y evocamos con gestos o con símbolos. Se trata de hacer la experiencia del Abbá de Jesús. En segundo lugar, la experiencia cristiana impulsa a salir a la plaza pública, haciendo presente una sociedad fraterna, igualitaria, justa y libre. En tercer lugar, el cristianismo no es una experiencia de vida solitaria, intimista e individual, sino que requiere de comunidades de creyentes con experiencia interior propia, compromiso solidario y comunicación viva, donde imperen la atención y la cercanía personal. En cuarto lugar, el cristianismo del futuro ha de pasar por una fe consciente y formada. Y en quinto lugar, la fe religiosa se celebra festivamente.

Mercedes: Está claro lo fundamental que es el testimonio cristiano, y para ser testigos se requiere que seamos creyentes. Ahora bien, ser creyente es una nueva forma de ejercicio de la existencia que descubre en Dios lo único necesario; de ahí que esta nueva forma de existencia que llamamos ser creyente comporte una nueva forma de vida inspirada por el amor, que realiza y verifica el amor de Dios en el amor a los hermanos, ya que "el que no ama no conoce a Dios porque Dios es amor".

Enrique: Estás en lo cierto, querida hermana.

Mercedes: Sé que hay un libro J.M. Mardones titulado "Matar a nuestros dioses" y que lo has estado comentando en nuestra parroquia de Jesús Maestro y es pedirte si nos puedes decir algo de él.

Enrique: Lo primero es que hay que sanar nuestras imágenes de Dios. Necesitamos curarlas, sanarlas. Tener malas imágenes de Dios es una enfermedad. Daña el espíritu. Tenemos que esforzarnos por una buena representación de Dios. Hablar del Dios cristiano, de sus imágenes o representaciones, quiere decir hablar del Dios de nuestro Señor Jesucristo.

Mercedes: Hablar del Dios cristiano, de sus imágenes o representaciones, quiere decir hablar del Dios de nuestro Señor Jesucristo. Dinos: ¿cuáles serían las más fundamentales?

Enrique y Mercedes: Dios es amor. Dios siempre y en todo está con nosotros. Dios de la vida, de la paz, de la alegría y de la fiesta. Dios de la libertad. Dios dentro de mí y de todo. Dios solidario. Dios de la paz. Dios uno y trino.

Mercedes: La tarea de la Nueva Evangelización consistirá entre otras cosas en presentar una buena imagen de Dios tanto con nuestras palabras como con nuestros actos. Te voy a pedir que nos hables muy bien de Dios.

Mercedes: "Dios es amor".

Enrique: Nos busca nos ama; creer es aprender a dejarse querer por Dios.

Mercedes: "Dios siempre y en todo está con nosotros";

Enrique: Dios que crea un mundo donde va a aparecer un ser libre es un Dios que se retira para dejar espacio a sus criaturas libres; y este Dios que se oculta se pone en manos del hombre; este Dios es un Dios maravilloso.

Mercedes: "Dios de la vida, de la paz, de la alegría y de la fiesta";

Enrique: la salvación aparece como el resultado de una vida apasionada por el Reino de Dios. Lo que nos salva es una vida: una entrega amorosa que encarna y actualiza la compasión de Dios por los hombres. Y lo que hace Jesús es encarnar este amor compasivo y eficaz de Dios. Este Dios no manda ni permite el sufrimiento y el mal. Está a nuestro lado como el gran acompañante.

Mercedes: "Dios de la libertad":

Enrique: Dios quiere que seamos plenamente nosotros, total y auténticamente libres y dueños de nosotros mismos.

Mercedes: "Dios dentro de mí y de todo";

Enrique: "Dios no está lejos de ninguno de nosotros, pues en él vivimos nos movemos y existimos". La oración aparece como un estar; consiste en abrirse a esa presencia amorosa que está en nosotros. Más que hablar nosotros debiéramos callar, guardar silencio, estar atentos y a la escucha.

Mercedes: "Dios solidario":

Enrique: Un nombre que conviene al Dios de Jesucristo es "solidaridad". "Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único para que tenga vida eterna y no perezca ninguno de los que creen en él" (Jn 3, 16).

Mercedes: "Dios de la paz";

Enrique: El mayor escándalo religioso de nuestro tiempo es la violencia mortífera que se ejerce en nombre de Dios. Dios es usado para justificar la violencia y la muerte. Habrá que ir concluyendo que, si Dios tiene un nombre, este tiene que ser el de Paz, y no el de la violencia y la guerra.

Mercedes: "Dios Uno y Trino":

Enrique: al decir que Dios es uno y trino, cambiamos una imagen de un Dios individualista y solitario por la de un Dios de la vida, relacional.

Mercedes: creo que Dios no aparece a una mirada cualquiera, por ejemplo a una mirada dispersa, a la persona perdida en el divertimiento. Para que el encuentro con la Presencia originante sea posible, la persona debe pasar, pues, de la dispersión a la concentración, de la superficialidad a la profundidad, de la multiplicidad a la unificación.

Enrique: Y tampoco a una mirada anónima como la que caracteriza al hombre masificado y a una mirada superficial. Es también evidente que Dios no aparece a una persona dominada por el interés, la utilidad, la ganancia y por supuesto a una mirada dominadora,

Mercedes: De ahí que el redescubrimiento de la presencia de Dios exija de los hombres una cura lenta de sosiego, concentración, desasimiento, libertad interior, creatividad.

Enrique: Sí, hermana; es ésta una experiencia muy hermosa y muy humana; pues creer es encontrarse efectivamente con Jesucristo.

Mercedes: Esa experiencia cristiana de Dios se encarnará en una determinada forma de vivir que reproduce la forma de vivir que Jesús ha instaurado; y como lo esencial de la forma de vida de Jesús se resume en su ser para los demás manifestado en el amor y en el servicio, la experiencia cristiana de Dios tendrá su manifestación más autentica en el servicio y el amor a los hermanos.

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