Una fe de zombies: jóvenes llamados a despertar del letargo y unir fe y vida

«Y no han sido tan idiotas como tú y como yo» (la paradoja de fiarse de Dios)

Sal de tu fe muerta
Sal de tu fe muerta

Compuse esta canción en el año 1997, muy poco antes de marcharme como misionero a Venezuela. Ha llovido mucho desde entonces, pero hoy he querido rescatar su mensaje por encima de la forma. Estoy convencido de que, casi treinta años después, su fondo sigue teniendo una vigencia aplastante.

El seguimiento de Jesús no es una pieza de museo, una norma rígida o una pesada obligación; es algo esencialmente dinámico, fresco y lleno de vida. Es un movimiento constante que descoloca, renueva y llena de sentido el día a día. Sin embargo, no son muchos los jóvenes que deciden emprender este camino a contracorriente. Y entre los pocos que lo intentan, existe un gran peligro: confundir el permanecer hasta el final (Mc 13, 13) con un simple "aguantar" a duras penas, sufriendo la fe como un peso inerte o una rutina desgastante. La Escritura describe bien esta parálisis a través de jornadas grises donde todo cuesta, la existencia pesa y el corazón acaba acorazándose ante los desengaños. Resulta tentador rendirse al desencanto, no apostar por nada y terminar viviendo de inercia o de «postureo» espiritual.

La canción «Una fe de zombies» irrumpe como un sacudón directo a la conciencia juvenil:

«Estás muerto, tú chaval, andas viejo de verdad, ¡mírate! Hace tiempo que tu fe se mantiene y nada más, dejó de perseverar. Como un zombie vas sin más».

Es la denuncia sin rodeos de una espiritualidad autómata que confunde el resistir con estar vivo, que ha dejado de arriesgar y se ha instalado en la comodidad. Pero el buen pastor no nos da por perdidos; llama constantemente a nuestra puerta para salir a nuestro encuentro en medio de la flaqueza, proponiéndonos retomar la marcha a través de tres pilares bíblicos fundamentales:

La confianza arriesgada de Abraham y el sentido de priorizar

Animado a romper con sus seguridades iniciales, el patriarca respondió al Creador con una entrega íntegra. La letra nos desafía a dar ese mismo paso: «Que yo sea capaz de saber sacrificar a mi amado Isaac y sentir la libertad». Ojo: esto no va de un Dios tóxico que te pida "eliminar" a las personas que quieres ni de volverte un "extraterrestre" al margen del mundo. El sacrificio de Isaac se entiende desde el aprendizaje de organizar la vida en torno a Jesús: cuando resituamos las cosas, les damos su espacio y su tiempo, y ponemos a Cristo en el centro, los afectos y los proyectos no se destruyen, sino que cobran su verdadero sentido y cauce. A la juventud de hoy le cuesta encajar los límites y reordenar las prioridades, pero no se trata de renunciar a vivir, sino de dar a cada cosa su justo lugar para ser realmente libres.

Disponibilidad y vitalidad del Espíritu en lo cotidiano

El anhelo de hacerse «un siervo inútil, no te mueva el viento, un alegre canto, un simple instrumento», ajeno a las modas o al qué dirán. Quien sigue a Cristo precisa beber de la oración y la vida sacramental para mantener la docilidad de corazón. Pero esta dimensión contemplativa no es un refugio ni una evasión de la realidad: es la fuente que empapa y transforma el trabajo, el estudio, la calle, las relaciones y la rutina diaria, evitando cualquier divorcio entre la fe y la vida cotidiana.

La búsqueda auténtica frente al emotivismo (el reproche a Felipe)

Ante la petición de Felipe («muéstranos al Padre Dios, por favor»), Jesús responde con una confrontación directa a quienes llevan tiempo cerca de lo sagrado y no se enteran: «hace años que me veis, tanto tiempo en lo de Dios, ¿cómo no me conocéis? Nadie va al Padre sin mí». Es un aviso frente a una fe reducida a meros emotivismos, a esa fe estilo "estrella fugaz" o al "pijoterío de capilla" alimentado solo por picos del sentir o eventos estéticos, pero que no echa raíces ni compromete la vida. Se nos urge a mirar hacia dentro sin quedarse en la superficie y a «palpar al Cristo misterio» en lo cotidiano, dándole sentido y valor a la existencia entera.

El estribillo: el corazón del mensaje y la paradoja de creernos "listos"

Toda la estructura de la canción desemboca y cobra su sentido definitivo en el estribillo, planteado como una pregunta que nos retrata y nos descoloca por completo:

«¿Quieres tú saber por qué solo unos pocos han llegado a parecerse a Jesucristo, sí? [...] Han trascendido sus vidas, han encontrado la esencia y no han tenido que aparentar. Han disfrutado de todo sin ser esclavos de nada, han asumido en sus vidas la Palabra. Y no han sido tan idiotas como tú y como yo».

Este estribillo es el corazón mismo de la obra y encierra una verdad liberadora para los jóvenes de hoy: Dios no te pide nada malo, ni viene a recortar tu vida ni a quitarte la alegría. Al contrario, fiarse de Él y ponerlo en el centro es lo único que nos hace infinitamente más libres y verdaderamente felices.

La gran paradoja —y la trampa en la que caemos constantemente— es que nos creemos muy listos autososteniéndonos, fiándonos solo de nosotros mismos, de nuestras fuerzas, del control o de la aprobación de las redes. Pero los verdaderos "idiotas" somos nosotros cuando nos dejamos engañar por esa falsa autosuficiencia. Quienes arriesgan y se fían de Dios no renuncian a nada bueno: al revés, disfrutan de todo con una intensidad absoluta sin ser esclavos de nada, porque han aprendido a vivir sin aparentar y a encarnar la Palabra en el día a día para no divorciar jamás la fe de la vida real. Guiar nuestros pasos desde el evangelio no achica la existencia, la expande por completo; es una opción de vida que vale enormemente la pena.

Para no seguir siendo "tan idiotas" como para malgastar la juventud siendo copias, esclavos o autómatas, la invitación es a renovarse por dentro, soltar lastre de viejos rencores o ansias del mañana, y reconocer la pisada de Cristo en lo sencillo, dejándonos abrazar por el Amor que siempre restaura.

Sal de la tumba
Sal de la tumba

Para profundizar en esta llamada a la conversión interior, quiero dar paso a mi amigo y hermano de comunidad Julio Diéguez Soto.

Julio es Catedrático de Economía en la Universidad de Málaga, pero él combina su vocación académica con un profundo compromiso a pie de calle: sigue trabajando incansablemente en los barrios periféricos y conflictivos con los jóvenes, y no se le caen los anillos por dedicar su tiempo a esta labor con infinita paciencia y cariño evangélico cada vez que puede a través del movimiento MAC...

OS COMPARTO SU REFLEXIÓN SOBRE LA CANCIÓN:

A veces tenemos la sensación de que somos un conjunto de huesos secos viejos (Ez 37). Todo nos cuesta, nuestra vida es lineal y aburrida, todo es rutina. No hay inquietud, ni ilusión alguna. La vida nos pesa y no encontramos sentido a nuestros días; se nos olvidó el por qué y el para qué de nuestra existencia. Nuestro corazón, fruto de las heridas acumuladas y los malos ratos, se ha vuelto duro. Nos hemos instalado en la queja, no nos creemos nada, no damos un duro ni por nosotros ni por nadie. Estamos muertos en vida.

Pero Dios no nos abandona a nuestra suerte. Todos los días llama a nuestra puerta (Ap 3). Viene en busca de su oveja descarriada, como Buen Pastor no deja a nadie atrás. Él nos sondea y nos conoce. Él, que se despoja completamente en la cruz, conoce bien el interior de nuestra alma, nuestros anhelos e inquietudes, debilidades y oscuridades. No nos juzga, sólo nos AMA. Y nos dice: Sal de tu tierra, trasciende tu vida, ve al desierto que te voy a hablar de amor (Os 2,14), te hablaré al corazón, seduciré y reconquistaré. El Señor nos dice: Necesitas alimentarte, porque el camino es superior a tus fuerzas. Levántate y come (1 Re 19, 4-8). Asumir esta Palabra lleva a un estado de agradecimiento continuo que ilumina toda nuestra vida. Supone nacer de nuevo cada día en el Espíritu (Jn 3,5), huyendo de nostalgias pasadas y de preocupaciones por el futuro, para sólo focalizarse en amar el camino cotidiano, con la alegría del Padre bueno que recupera al hijo que creía perdido.

Cuando uno trasciende este Amor, encuentra la verdadera esencia. Estar unido a Jesús como sarmiento a la vid hace que realmente lo conozcamos, experimentemos y amemos. Amar implicará sacrificios, porque amar y entregarse son dos verbos que se conjugan juntos. Pero, cuando se ama de verdad, y Cristo es realmente nuestra meta y horizonte, todo es basura (Flp 3, 8-16). Esta historia de amistad con Cristo-misterio nos capacita para amar hasta el extremo, no desde el voluntarismo sino desde una respuesta agradecida sin condiciones.

Hace uno tiempo, en la Sierra de Cuenca, nos explicaban cómo el mimbre, para que conserve su flexibilidad y pueda ser moldeable, necesita ser humedecido mientras el cestero fabrica sombreros, abanicos o cestas. Si queremos estar vivos hasta el final de nuestras vidas necesitamos del agua del Espíritu, de la oración, de la eucaristía o de la vida contemplativa, que nos moldea, nos hace estar abiertos a la transformación y cambio, y nos hace confiar en que Dios siempre quiere lo mejor para nosotros.

˃ A continuación, comparto el enlace al vídeo que PEPE SOTO, nuestro hermano del MAC y recién jubilado como profesor de religión, nos ha hecho con tanto cariño e intención. Cabe señalar que todo lo que aquí compartimos se ha realizado de manera muy sencilla y sin grandes pretensiones: tanto el montaje como la música nacen de una grabación totalmente casera. Queremos agradecer especialmente a nuestro hermano FRANCIS RENGEL el abrirnos las puertas de su casa para grabar el audio. Le reconocemos de corazón su disponibilidad y tiempo, pero, sobre todo, el rato tan estupendo que pasamos compartiendo música y fe. Cantan «HIJOS DE DIOS» (M.A.C).

VÍDEO-CANCIÓN: https://drive.google.com/file/d/1-vtZM6qHX2jXhfs2ZlQY-hgY7N_eNITU/view?usp=drivesdk

[Mejor escuchar con auriculares ♫]

_Si quieres acceder a la letra, clica aquí: https://drive.google.com/file/d/1R100zeiZQZWziqiHkqJDApUXOKI5t_ET/view?usp=sharing

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