DIOS (11) La razón es, Dios no se sabe.
Verdad es que los argumentos racionales de poco sirven a la hora de convencer a un creyente de la irracionalidad de sus presunciones. El creyente se mueve por otros motivos y dentro de otros parámetros.
Si bien esto es cierto respecto a sus principios y razones, también es cierto que el pensar en Dios y razonar y llegar a conclusiones, sirve de mucho para reafirmar el convencimiento de aquellos que, a veces por idénticos motivos, rechazan los supuestos creyentes.
Si dicen que Dios es esto y lo otro –siglos ha habido en que los teólogos han estado acumulando doctrina sobre Dios de la que los creyentes actuales se han nutrido--, lógico será que haya quienes pongan en parangón las características de su Dios creído con las contradicciones en que incurren. “Si Dios es “eso”, dirá una persona que razona, yo no puedo creer en ese Dios”.
No digan que la Teología no ha elucubrado sobre Dios porque tal afirmación ofende hasta el buen gusto. Remito, por ejemplo, al Catecismo de la Iglesia Católica, pág. 684 (índice temático): Dios de la alianza, revelado, conocimiento de Dios, creador, Padre, acción de Dios, voluntad de Dios, atributos de Dios, el culto a Dios, Dios juez... con cientos de números a ello dedicados. "Las múltiples perfecciones de las criaturas (su bondad, su verdad, su belleza) reflejanm la perfección infinita de Dios"
Insistimos en el mismo asunto de hace días, la relación imposible entre Dios y el Tiempo. Y si el tiempo es algo que caracteriza de manera esencial lo que sucede en el Universo, la conclusión lógica es que ese Dios de la Biblia y de los teólogos no puede existir.
Curiosamente, y ante las contradicciones flagrantes en que incurre ese concepto de Dios, creyentes hay que dicen lo mismo: “Yo no creo en el Dios de los teólogos ni en el dios de los filósofos. Yo creo en un Dios que es amor, un Dios que me acoge, un Dios…”
No es cuestión de someter a juicio este aserto, porque es todavía más contradictorio que el Dios “tradicional”, el que ha regido las creencias de muchos siglos. Aparte del componente subjetivo que tal aserto lleva consigo, es como si se instalara en la mente de los creyentes una esquizofrenia consentida donde Dios es la personificación del yo deseado.
De Dios se puede decir lo que se quiera. De hecho así ha sido a lo largo de los siglos. Y se ha llamado “dios” a cualquier ídolo juvenil, cantante, futbolista o personaje de ficción. Son formas de hablar. En mi pueblo se decía en tiempos muy pasados: “--¿Quién es Dios? –Avelino y otros dos”. Eran los ricos del pueblo. Se puede decir lo que se quiera porque todo resulta gratis... por gratuito.
Dado el problema de una creación temporal dentro de un contexto eterno, una de las características que adornaban a Dios era su “atemporalidad”. Así se solucionaba el problema del Tiempo. Dios era un “ser atemporal hacedor del Universo”. Es de suponer que “atemporal”, aparte de ser una propiedad de Dios, por eterno, también implicaba que no necesita del tiempo para crear.
¿Puede ser esto compatible con crear y con crear el tiempo? Decididamente no. Tanto “hacer” como “crear” implican acciones necesarias. Pero las acciones, por su esencia, son hechos que ocurren en el tiempo. Carece de sentido hablar de acción sin que ésta transcurra en un tiempo determinado. Es como decir que Dios, por ser omnipotente, puede hacer que dos más dos sean veinticuatro.
Toda acción presupone una secuencia temporal, un pasado, un presente y un futuro. Aún en aquello que parece carecer de futuro –la muerte--, se cumple la secuencia temporal: el ser que muere tuvo pasado y la acción transcurre en el presente.
La deducción lógica es que Dios no puede crear nada… primero ¡de la nada! y, por supuesto, nada que implique acción en el tiempo. Quizá Dios haya creado otros mundos donde nada sucede y por lo tanto no necesitan tiempo. Eso sí, el nuestro… ¡no puede ser obra de Dios!
No puede existir un ser que sea atemporal y a la vez sea creador del Universo.
Cierto que tales razonamientos no van a convencer a aquél que se postra ante la Virgen de los Dolores y gime y llora y suplica. Pero quizá a alguno le haga recapacitar en lo que es el sustento original, básico, escondido, arcano, inmutable… de todo lo que cree: Dios. Por más que choque frontalmente con lo que sí es real, la capacidad de pensar, razonar y deducir de los humanos.