Sobre ateología (1)
Parece que se da por sentada la homonimia entre religión y Dios y que existe necesariamente una relación sustancial entre creencia (en Dios o en lo que sea) y religión (en cuanto organizadora de las creencias). En esta supuesta dicotomía, cualquiera sabe que no son lo mismo.
Uno puede creer en Dios pero no sentir necesidad de adscribirse a una religión determinada. O, por el contrario, uno puede adscribirse a una religión, a una Iglesia, por múltiples razones (socialización, proporciona pensamientos elevados, alimenta su cultura, procura centros apropiados para el recogimiento y para la compañía, es cauce para sus acciones de caridad, organiza el tiempo: la semana, el año…) y a la par vivir como si Dios no existiera, que es otra forma de ateísmo.
Y por la otra parte, con relación a la negación de la “necesidad religiosa”, uno puede negar la existencia de Dios pero admitir el benéfico influjo que la religión proporciona. Esta dicotomía se da, pero generalmente se olvida.
Para muchos, dios no existe. Son aquellos a quienes los creyentes denominan despectivamente ateos. Éstos afirman que, al menos el dios que las religiones ofrecen en adoración, no existe. Otros ateos hay que también y de algún modo niegan a Dios, y sin embargo piensan que “cierta” creencia en Dios es, para muchas personas, necesaria, sea para interpretar de algún modo lo que nos pasa, sea para explicar lo que sucede en la naturaleza. Otros hay que niegan a dios pero creen que la Iglesia cumple una función social e individual necesaria. Es una creencia en cierto modo “utilitaria”: creer en Dios es útil, sirve.
Negar la existencia de Dios no es sinónimo de mayor altura intelectual ni de mayor capacidad razonadora ni cosas por el estilo. Los creyentes inteligentes son más inteligentes que los ateos bobos. Porque hay ateos verdaderamente tontos: se mueven no por tópicos, más bien por topicazos. Nunca han sabido por qué hay que defenestrar a Dios y raer la religión como pretenden. Por ejemplo y porque así se lo han dicho otros, encuentran asociaciones de Dios con el poder, de Dios con los ricos… y como no pueden con éstos, les resulta más fácil suprimir a Dios.
Si por una parte creer en Dios tiene sus beneficios psicológicos y aceptar la presencia de organizaciones que regulan, sustentan y proporcionan la religión también produce beneficios sociales, ¿por qué existe tal cantidad de gente que ni lo uno ni lo otro aceptan?
Resumiendo mucho podemos decir que el ateísmo responde a dos instancias, dos razones o dos etapas de pensamiento, que podrían parecer lo mismo pero que contienen sutiles diferencias:
1.Creer en Dios está injustificado: no hay razón para inventar a Dios.
2.La negación de Dios está justificada: ésta es consecuencia de la razón anterior.
Hablaremos más tarde de estas dos razones.
Traer a colación este asunto puede parecer que es tema manido, trillado y omnipresente entre aquellos que se oponen a las creencias religiosas. Lo admitimos, pero aceptando que así les parece a ellos. Necesariamente debemos traer tales temas aquí y con frecuencia:
1.Porque la religión sigue estando presente en la vida de TODOS y se impone con sus prácticas y anuncios en todo el conglomerado social.
2.En nuestro caso, porque siempre habrá algún advenedizo que encuentre alguna novedad en lo que se le transmite.
3.Porque es una forma de hacer presentes y patentes las convicciones profundas que animan a aquellos que pretenden cambiar el mundo.
4.Porque es una manera de defenderse contra afirmaciones vacías de los creyentes vacíos.
5.Porque de algún modo pueden temblar las bases de aquellos que están convencidos de la verdad de sus creencias.
6.Porque si no lo hacemos la religión aparece ante la masa social, ésa que nunca cuestiona las cosas, como algo supuesto y hasta necesario en la sociedad.