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Las grabaciones de Bernardo Álvarez

Cuaresma, Semana Santa, ritos agrícolas que la Iglesia asimiló…

Ya hemos aludido con frecuencia en este blog al origen agrario de las religiones, en concreto de la religión cristiana. Uno de los momentos más importantes del proceso agrícola se relaciona con la renovación primaveral de la vida, que depende sustancialmente del curso del sol, que se va imponiendo a las tinieblas a partir del solsticio de invierno haciendo renacer a la Naturaleza.

Las celebraciones cristianas de Cuaresma y Semana Santa en España conservan, de un modo hoy un tanto velado, elementos de antiguos ritos agrarios. Hablamos de España, pero celebraciones, ritos y fiestas eran comunes en toda Europa. Recuérdense las festividades de Ostara en el norte, especialmente en el ámbito germánico.

Como no podía ser menos, antes del cristianismo y prácticamente en toda Europa, se celebraban rituales vinculados al fin del invierno, el retorno de la luz, la fertilidad de la tierra y el renacimiento de la naturaleza.

En el norte germánico, esto cristalizó en la diosa Eostre u Ostara (en Inglaterra, Easter). Era una diosa germánica de la primavera, la luz y el renacimiento, mencionada por primera vez por Beda el Venerable en el siglo VIII. En el Mediterráneo, los cultos a Deméter, Perséfone, Atis, Adonis, Osiris, etc. El cristianismo, al expandirse, superpuso sus fechas y símbolos sobre estas celebraciones, asimilándolas y reinterpretándolas.

En España, Cuaresma y Semana Santa son herederas de ritos agrarios. Aunque hoy se viven como celebraciones estrictamente religiosas, conservan capas simbólicas muy antiguas. El ayuno y abstinencia cuaresmales tiene paralelos con los periodos de contención alimentaria previos a la siembra o al final del invierno, cuando las reservas escaseaban.

Como rituales de purificación antes del renacimiento primaveral tenemos el “fuego purificador”: en muchas zonas de España, la Semana Santa se enlaza con hogueras, velas, cirios y ritos de luz, el más explícito el de Sábado Santo. El fuego es un símbolo agrario de renovación, idéntico al de las fiestas indoeuropeas de primavera.

Asimismo, tenemos un elemento simbólico en el huevo de Pascua, que aunque en España no es un símbolo tan fuerte como en el norte, aparece en las “monas de Pascua” o los roscos y bollos con huevos incrustados (“preñaos”) o loshuevos decorados en algunas zonas. El huevo es un símbolo universal de fertilidad y renacimiento, idéntico al de Ostara.

La victoria de la luz, cuyo símbolo es el amanecer, se expresa con procesiones “del encuentro”, que es expresión de un drama de unión, equivalente al reencuentro de fuerzas opuestas (luz/oscuridad, invierno/primavera). Igualmente, con la vigilia pascual, expresada en el canto del “exultet iam angelica turba caelorum”.

Otros elementos añadidos a este “renacimiento primaveral” son los ramos, palmas y demás elementos vegetales. El Domingo de Ramos conserva ese gesto ancestral de bendecir la vegetación para proteger campos y hogares. No son sólo o sobre todo expresión del júbilo con que se recibía al hijo de David, al “salvador”. Y se escogían ramos de olivo, de laurel, de palma o de romero, no ramas de cualquier árbol. De hecho, en muchas zonas se guardan esos ramos para proteger cosechas o quemarlos en rituales. En algunos lugares, se suele hacer la bendición de los campos, los arroyos o las fuentes con procesiones rurales.

Encontramos también máscaras, disciplinantes y figuras liminales asociados a la muerte y retorno de la Naturaleza a la vida, sobre todo en círculos rurales. Ejemplos de ello, los empalaos de Valverde de la Vera, los “picaos” de San Vicente de la Sonsierra, las procesiones de flagelantes… Estas prácticas fueron cristianizadas por la Iglesia, pero recuerdan ritos de muerte simbólica y renacimiento, muy presentes en culto agrarios.

La Semana Santa tiene una estructura dramática —muerte, sepultura, resurrección— que deriva esencialmente del mito agrario, del ciclo vegetativo: enterramiento y muerte de la semilla → brote → renacimiento. Siendo el origen el mismo, la fiesta de Ostara en el norte de Europa tiene paralelos claros con la Semana Santa. Se celebraba en torno al equinoccio de primavera y la estructura simbólica es pan-indoeuropea. El cristianismo reinterpretó todos estos símbolos dentro de su propio marco teológico.

Por resumir las coincidencias, la Cuaresma y la Semana Santa españolas conservan elementos que recuerdan a los antiguos ritos agrarios y que, por tanto, se relacionan simbólicamente con las fiestas de Ostara: purificación y ayuno, fuego y luz, bendición de los elementos vegetales, muerte y renacer simbólicos, huevos y alimentos rituales, procesiones que dramatizan el ciclo vital.

Quizá donde más equivalencias con los ritos antiguos se encuentran sea en Andalucía: las procesiones del Viernes Santo, por ejemplo, representan la muerte del ciclo invernal. En muchos pueblos, tras el entierro simbólico se guardan los tambores, se apagan las luces y se vive un silencio ritual. Es un “descenso” alegórico al invierno.

En cambio, el Domingo de Resurrección implica el estallido de luz, música y flores, un auténtico rito de primavera con explosión de campanas, lluvia de pétalos, imágenes vestidas de blanco, niños con roscos y huevos. Es el equivalente mediterráneo al retorno de la luz en Ostara.

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