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Las dos Iglesias y el pueblo.

A lo largo de los siglos las posturas opuestas a la religión imperante han sido muchas y de muy distinto carácter, dependiendo las más de las veces del poder que la Iglesia hubiera detentado y de su simbiosis con el poder establecido.

El enfrentamiento ha variado desde la simple discusión o disputa intelectual, como pudieran ser las posturas de teólogos actuales; se han sucedido controversias doctrinales que degeneraron en herejías; también se han producido rupturas sociales entreveradas con guerras, altercados y desmanes públicos; incluso hemos visto cómo la religión cristiana ha desaparecido de extensos territorios, como sucedió en África del norte con la irrupción del Islam o ha sido simplemente eliminada con los regímenes comunistas hoy todavía en el poder.

Todo esto son hechos que no se pueden negar. ¿Y en nuestro entorno, permisivo e incluso propicio al influjo de la religión? Nadie es perseguido por ser católico, más aún, es respetado y, sin embargo, la religión recula. Deduzco que este viento secularizador no es otra cosa que el producto final de ideas que poco a poco han ido aflorando quizá por la misma permisividad y libertad que rige para el hecho religioso. Dejamos aparte los motivos derivados de la educación generalizada y el progreso económico y social.

Me viene a la memoria la pregunta que le hice a mi ilustre profesor de Biblia, Jesús Luis Cunchillos (1936-2006), sacerdote que “desertó” por divergencias serias con los rectores de su congregación y luego recaló como especialista en lenguas semíticas en el CSIC. ¡Cuánto sentí su muerte! “¿Pero tú todavía sigues creyendo en…?”  Me contestó: “Por supuesto; en lo que no creo es en la deriva de la Iglesia española actual”.

Es lo que con frecuencia se oye entre muchos que han desertado de los ritos. Es ese vago “yo creo” pero desligados del entramado burocrático religioso. En cierto modo hay un contrasentido en lo que se dice. ¿Crees en el mensaje evangélico, en Dios, pero no en quienes te lo hacen accesible? ¿Cómo accedes entonces al legado doctrinal y a los medios que la Iglesia ofrece para acercarte a Dios?

En la vida de Jesús descrita por los evangelios y luego en la historia de la Iglesia podemos distinguir dos grandes fisonomías u orientaciones: una, la concerniente a la moral, que es su legado espiritual, otra, relacionada con la dogmática, las enseñanzas catequéticas y teológicas. Si Europa es lo que es se lo debe principalmente al legado cristiano que es su herencia moral y ética, es decir, el legado espiritual del que ha bebido la cultura europea. Las otras manifestaciones, las dogmáticas han pervivido en realizaciones materiales, arquitectura, pintura y demás legados artísticos.

Otra consideración es la relacionada con lo que se puede entender por “Iglesia”. Por una parte, Iglesia como conjunto de fieles creyentes; por otra, Iglesia como sociedad jerarquizada que administra la religión. Esta dicotomía cada vez se muestra más separada. El conjunto de los fieles, en su inmensa mayoría, se siente ajeno y alejado de la Iglesia jerárquica, la Iglesia burocrática. Se percibe alejamiento, desconocimiento, discrepancia y desacuerdo en muchos aspectos, algo que lleva a la separación y a la ruptura.

Todo ello porque de manera persistente y en grado creciente la Iglesia jerárquica se ha ido distanciando del pueblo cristiano. Y no en los últimos años sino, precisamente, desde que consiguió el rango de religión oficial del estado. Recuérdese a Constantino y Teodosio. Y en España, los reyes visigodos, el primero Recaredo al abandonar el arrianismo; los reyes asturianos, especialmente Alfonso III; reyes señeros como Fernando III el Santo y sobre todo, Isabel I y Fernando de Aragón.

Siguió un largo periodo de estabilidad y crecimiento hasta la barahúnda ideológica del siglo XIX. Desde entonces hasta ahora, hemos asistido al lento pero imparable declive de la religiosidad, que hoy no es más que cáscara ritual de lo que fue en otros tiempos.

Hubiera querido detenerme en pensadores, escritores, filósofos o científicos de estos dos últimos siglos que de manera significativa han contribuido a desarrollar ese nuevo espíritu crítico que ha conducido a lo que la Iglesia española es hoy, un poderoso entramado burocrático que fundamentalmente se dedica a administrar el enorme legado material acumulado a lo largo de los siglos. Lo dejamos para mañana.

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