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El abuso espiritual y el 'giro católico' de la generación Z

Si papas, rabinos y ulemas...

El obispo y el imán, juntos en el funeral | Agencias

Tres religiones seguidoras de su respectivo “Libro”. Todas ellas con celebrados comentaristas, intérpretes, exegetas y expertos de sus respectivos libros de ruta. Las tres con su carga de historia a cuestas.

De cada uno de sus libros se pueden extraer textos maravillosos de paz, bondad, amor, etc. Pero... no es oro todo lo que reluce ni en los textos de sus “maravillosos” libros ni, sobre todo, en lo que sus consignas han traído consigo. Nadie puede desprenderse de su pasado, de su historia, ni las personas ni las sociedades. Ni tampoco se puede hacer abstracción de parte de su contenido, el que ha propiciado tantos y tan graves momentos funestos.

Dichos libros, Torá, Biblia y Corán, podrían contener solamente citas de paz y perdón, amor y avenencia entre las gentes y los pueblos. Y podrían renegar de aquellos otros párrafos que han inspirado guerras, pobreza, exclusión, venganzas, estragos, muerte y destrucción. Un ejemplo de tolerancia que, por lo que hoy sucede en el mundo, podría parecernos rara avis dentro del Corán:

Ciertamente los que creen y los que siguen la religión judía, y los cristianos, y los sabios, en una palabra, todo el que cree en Dios y en el día final y que haya obrado el bien: todos estos recibirán una recompensa de su Señor, el temor no les alcanzará y no estarán afligidos (Sura II, 59)

Frente a esta cita, centenares de otras como:

“En cuanto a los que son infieles y mueren infieles, todo el oro que puede contener la tierra no bastará para librarlos del castigo cruel. No tendrán defensor.” (Sura III, 85).

¡Qué cantidad de villas criminales hemos derribado y reemplazado por otras poblaciones! Cuando han sentido la violencia de nuestros golpes, se han puesto a huir de sus villas. (XXI, 11.12)

¿Y quiénes son esos infieles, si cristianos y judíos creen en el mismo Dios que ellos? Pues precisamente ésos, a los que Dios –no Mahoma— castiga por su infidelidad a Dios y por tergiversar sus propias Escrituras. Son judíos y cristianos. El, Mahoma, se erige en brazo ejecutor de Dios.

‘Somos los hijos de Dios y sus amigos queridos’, dicen los judíos y los cristianos. Respóndeles: ¿Por qué os castiga, pues, por vuestros pecados? Vosotros no sois más que una porción de los hombres que ha creado... (V, 21)

Oh vosotros los que habéis recibido las Escrituras! Nuestro enviado os ha indicado muchos pasajes que ocultabais y pasado por encima muchos otros. (V, 18)

Los que dicen que Dios es el Mesías, hijo de María, son infieles. Respóndeles: ¿Quién podría impedir a Dios, del modo que fuese, si quisiese aniquilar al Mesías, hijo de María, y a su madre ya todos los seres de la Tierra?... (V, 19)

Durante siglos se han aniquilado unos a otros defendiendo al Dios verdadero. Especialmente dos de ellas erigiéndose como la verdadera. ¿No habrá llegado el momento, cuando gran parte de la humanidad da de lado credos teñidos de sangre, en que ellos mismos, rabinos, curas, papas, califas, imanes y ayatolás se pongan de acuerdo en sólo una cosa, que amar al prójimo no significa “salvarle”?

¿No podrían variar el discurso y cambiar sus exégesis para ponerse en contra y anatematizar la práctica secular llevada a cabo por el trío creyente que tantos males ha traído al mundo? He aquí el sermón que podrían poner en común los rectores de las tres religiones más extendidas de la Tierra, repitiéndolo a diario y persiguiendo, al menos con la palabra, a quien contravenga tales prédicas:

No se pue asesinar, colonizar, masacrar, expulsar de sus tierras pueblos enteros en nombre de la religión.

Estarán condenados (al infierno, a la gehena o al Hades) todos los que atenten o quiten la vida a un semejante.

Tomaremos partido siempre por las víctimas, por los débiles, los indigentes, los desempleados, los excluidos...

Serán cubiertos de oprobio y serán excluidos de la Umma, del Cuerpo Místico y de la Sinagoga los fanáticos, los que se sirvan de las armas para imponer su credo, los asesinos de infieles.

En cualquier país y región serán bienvenidos y aceptados con iguales derechos cuantos practiquen religión o, incluso, aquellos que las rechacen.

Curiosamente no han sido las religiones las que en pasados siglos, próximos a nosotros, han esparcido por el mundo mensajes de tolerancia, sino las corrientes humanistas (véanse Declaración de Derechos Humanos o Manifiesto Humanista) al margen de creencias religiosas que, aunque éstas tengan millones de afiliados, siempre serán parciales e interesadas.

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